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Señor fiscal, ¿por qué encarceló a un inocente?

En los últimos días, estuve pensando mucho en el médico Jhery Fernández, a quien usted, fiscal Edwin Blanco, imputó y acusó sin prueba alguna. También estuve pensando en su sentido de justicia, en la jueza individual que cada ser humano tiene y se llama consciencia. Me preguntaba si ella le sofoca con remordimientos y no le deja dormir o se subyugó como la de aquellos personajes malvados de una novela negra. 
Por si acaso, no conozco personalmente al médico Fernández, me enteré de él en noviembre de 2014, cuando se publicó el caso del niño Alexander; pero me ocupé y preocupé más a partir de la injusticia que usted cometió, crimen ratificado después por los jueces del Tribunal Décimo de Sentencia de La Paz, presidido por Patricia Pacajes, quienes condenaron a 20 años de cárcel a un inocente, que ya está en prisión desde hace más de tres años. 
Sí, sí, un fiscal comete un crimen cuando imputa y acusa a un inocente. Es un crimen porque apuñala su honor, ametralla su dignidad, roba su vida, sustrae su tiempo y asalta su dinero. Es un crimen porque, en otros casos, aprovechan el miedo que causan para esquilmar a sus víctimas. 
El día que el médico Fernández contó a Página Siete que usted entró a la cárcel de San Pedro a buscarlo, cambiando u ocultando su identidad (como queriendo esconder algo) para hacerle firmar un documento y prometiéndole a cambio ayuda para que salga “facilito”, lo imagine como a Raskólnikov de Dostoyevski (Crimen y Castigo) que volvió a la escena del crimen después de haber matado a la vieja usurera porque su consciencia no lo dejaba en paz.
Usted no volvió a la escena, sino a pedir a su víctima a ser cómplice de su misma muerte en vida. No sé cómo tuvo el valor de volverlo a mirar a los ojos o quizás sólo habló con él mirando a cualquier parte o buscando petróleo a dos kilómetros bajo tierra. ¿Cómo pudo ofrecerle salir de la cárcel si usted está seguro de que él es el culpable?
Una violación no puede ser probada por deducción ni a sola denuncia, sino sobre la base de pruebas científicas. En este caso, las evidencias favorecen a Fernández:

  1. La autopsia del 14 de noviembre de 2014, con muestra de la cavidad anal y perianal del bebé Alexander y el análisis del Instituto de Investigaciones Forenses  (IDIF), no encontró Antígeno Prostático Específico (PSA) ni espermatozoides.
  2. El IDIF recolectó una frazada y papel higiénico del lugar del hecho, en ninguno de estos objetos encontró sangre, PSA ni tampoco espermatozoides. 
  3. Tampoco se hallaron evidencias de PSA ni espermatozoides en los pañales del bebé recolectados del hospital Juan XXIII. 
  4. Finalmente, un estudio genético concluyó que no se detectó ADN de Fernández.  

Los jueces Patricia Pacajes, Roberto Mérida y Gladys Guerrero sentenciaron  sobre lo siguiente:

  1. Informe médico forense que estableció supuesto desgarro anal.
  2. Declaración de al menos 60 testigos, de los cuales cuatro, que estaban en el lugar, ratificaron la inocencia de Fernández.
  3. Hallazgo de PSA (antígeno prostático específico) en el bebé, sin embargo, la Fiscalía no demostró que pertenece al médico y el IDIF no encontró nada.
  4. Hallazgo de PSA en el pañal del bebé, pero el Ministerio Público no demostró que corresponde al imputado y el IDIF sostuvo que no había PSA en ese objeto. 
Supongamos que la supuesta violación fue cometida con condón, por lo que no dejó restos de PSA ni espermatozoides. Un extracto de llamadas demostró que Fernández estaba el 13 de noviembre a las 06:31 en la zona de Obrajes. Es decir, no estaba en el lugar de los hechos. Cuando el médico llegó al Hogar Virgen de Fátima, el niño ya había sido evacuado por la enfermera Lola Rodríguez a otro hospital dada la emergencia.
Entonces, fiscal Blanco, ¿cómo pudo cometer el delito Fernández? ¿Se hizo invisible? ¿Se convirtió en Espíritu Santo (Dios hay uno solo; perdón Señor, por involucrarte en estas cosas mundanas)?
A partir de esta injusticia y otros que conozco, pensé mucho sobre los elementos peligrosos investidos de fiscal y en los ungidos de jueces, en ambos bandos hay excepciones. A todos los imaginé vestidos de verdugos de la Europa medieval, ejecutando penas de muerte en vida, atormentado y torturando a inocentes.
Para el tribunal de la opinión pública, Jhery Fernández es inocente, corresponde su liberación inmediata. Una disculpa suya, fiscal Blanco, no bastará.

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