Mientras los bloqueos cerraban las carreteras, un grupo de adolescentes abrió nuevos caminos. Con costales de verduras sobre la espalda, caminaron durante horas entre senderos y cerros para llevar los alimentos desde Río Abajo hasta los puntos donde aún podían llegar los vehículos en La Paz. Sin proponérselo, recuperaron la lógica de los antiguos chasquis andinos y se convirtieron en el puente que impidió que el vínculo entre el campo y la ciudad se rompiera por completo. Durante las semanas de conflicto, algunos discursos intentaron enfrentar a productores y consumidores. Unos repetían que «la ciudad come gracias al campo»; otros
