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“Nuestro mayor temor es perder la tierra”: la marcha que llegó a La Paz

Escarlet Aramayo no recuerda exactamente en qué momento el dolor de los pies dejó de ser lo más importante. Tal vez fue cuando el hambre se hizo más constante, o cuando el frío comenzó a calar en las noches sin abrigo, o cuando, simplemente, entendió que no podía detenerse. Tiene 51 años, seis hijos y viene de Vaca Díez, en Riberalta. Allá, en la Amazonía boliviana, su vida transcurre entre cultivos de arroz, yuca, plátano, caña. “Nosotros vivimos de la tierra”, dice, con la voz casi apagada debido a la inflamación de su garganta. Por eso, cuando salió a marchar,