Sergio Moreira – Cultivos transgénicos y salud, la evidencia científica desplaza el mito

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Al plantear discusiones respecto a los cultivos transgénicos, la principal preocupación de la población es el impacto que estos tendrán en la salud de las personas. Como académico y científico, debo acudir a la amplia evidencia científica de publicaciones revisadas por pares y que reflejan el consenso científico. Debo mencionar a la Organización Mundial de la Salud  (OMS), que afirma que «no se han demostrado efectos en la salud humana como resultado del consumo de alimentos transgénicos por parte de la población en general en los países donde han sido aprobados» en su sitio oficial.

Una muestra de esta evidencia se puede verificar en la base de datos GENERA (Genetic Engineering Risk Atlas) en el sitio https://genera.biofortified.org. En GENERA se puede encontrar el estudio que Nicolia, Manzo, Veronesi y Rosellini publicaron en 2014 en Critical Reviews in Biotechnology y en el que concluyeron que, habiendo captado el consenso científico al que se ha llegado desde que las plantas transgénicas se cultivaron ampliamente en todo el mundo, “la investigación científica realizada hasta ahora no ha detectado ningún peligro significativo directamente relacionado con el uso de cultivos transgénicos».

También, Klümper y Qaim publicaron en PlosOne en 2014 un estudio que evidenció que “la adopción de tecnología transgénica ha reducido el uso de pesticidas químicos en un 37%”. En 2011, Park, McFarlane, Phipps y Ceddia publicaron Plant Biotechnology Journal, que concluyó enfáticamente que “no se han documentado efectos nocivos después de 12 años de cultivo extensivo en diversos ambientes y después del consumo de alimentos biotecnológicos por más de mil millones de seres humanos y por un mayor número de animales”.

Entidades públicas como la Unión Europea, en una publicación del año 2010, afirma que “la biotecnología, y en particular los OGM, no son en sí más riesgosos que, por ejemplo, tecnologías convencionales de fitomejoramiento”. Las Academias Nacionales de Ciencias, Ingeniería y Medicina de Estados Unidos en 2016 concluyeron que “la evidencia muestra que la siembra de cultivos transgénicos ha resultado en gran medida en efectos menos adversos o equivalentes en el medio ambiente agrícola en comparación con los sistemas convencionales no transgénicos que los cultivos transgénicos reemplazaron”.

Además, la gente necesita saber por qué debería confiar en las publicaciones científicas. La respuesta está también en la ciencia y en el método científico. La propia ciencia les da a los científicos herramientas para evaluar la validez de sus propias conclusiones: Un estudio de Sánchez y Parrott, publicado en Plant Biotechnology Journal en 2017, demuestra que los pocos artículos que alegan daños debido a los alimentos transgénicos son de calidad inferior, con fallas metodológicas graves, publicados en revistas de bajo nivel e involucran conflictos de intereses más frecuentes de lo que se ve en la literatura general sobre alimentos transgénicos.

Finalmente, GENERA y el estudio de Sánchez publicado en Nature Biotechnology en 2015 evidencian que la mayoría de las investigaciones que demuestran la seguridad e inocuidad de los cultivos transgénicos son financiados de manera independiente y no tienen ningún conflicto de intereses respecto a empresas que los desarrollan.

En resumen, existe un consenso científico internacional abrumador con respecto a la seguridad e inocuidad de los cultivos transgénicos.

Sergio Moreira, Ph.D. en Ciencias Bioproductivas con mención en Biocontrol y Bioregulación de la Universidad de Agricultura y Tecnología de Tokio (TUAT).

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