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Nuestra verdad

Bolivia desconoce lo que es la normalidad desde el pasado 20 de octubre de 2019. Los eventos que se vivieron en el país nos dejaron en suspenso y antes de poder terminar de procesar lo ocurrido tras la huida de Evo Morales a México y después a la Argentina y la sucesión constitucional de Añez, llegó el coronavirus y continuó nuestro tambaleo. No solo hemos tenido que lidiar con las discordias entre bolivianos, hemos sido, además, protagonistas de la desfachatez con la que varios medios de comunicación internacionales se han referido a nuestra propia realidad. La avalancha de informaciones sesgadas y tendenciosas que circularon por todo el mundo no cesa y lamentablemente constatamos una vez más que la verdad no es precisamente la medida con la que se tratan todas las informaciones.

He leído con interés y cuidado el artículo que el señor Jens Glüsing escribió bajo el título de “Inminente giro a la derecha en Bolivia – El virus como ayudante de campaña”. La nota, cuya traducción he publicado en mi blog (www.mivozmipalabra.blogspot.com) con meros fines informativos, se publicó en la versión digital del conocido diario alemán Der Spiegel el miércoles 17 de junio. Sus palabras indignan. Sus argumentaciones tendenciosas descomponen. Comienza señalando que Jeanine Añez “quiere que se lleven a cabo las elecciones presidenciales lo más tarde posible porque cree que tendrá mejores posibilidades de ganar si puede gobernar por unos meses más y para viajar por el país como una madre leal de la nación”. Quiero imaginar que para hacer tal afirmación hubo una entrevista de por medio, sin embargo, no hay referencia alguna en el texto que señale tal cosa. Que se hagan conjeturas a partir de la intención de Añez de postergar las elecciones debido a la crisis que se vive en Bolivia por el Covid-19 es otra cosa y muy alejada de lo que un verdadero seguimiento noticioso significa. Por otra parte, ¡ojalá no solo la presidenta sino también los ciudadanos en Bolivia pudiesen viajar a lo largo y ancho del país sin restricción alguna!, pero para información del señor Glüsing, esto es imposible en el momento actual debido al virus y no se podrá hacer muy probablemente hasta que termine el año 2020 y más allá. La realización de las elecciones en septiembre es poner en riesgo a la población de todo el país. Creo que es de suponerse que un corresponsal de prensa debería estar al tanto no solo de la gravedad del asunto sanitario, sino de las condiciones en las que se trata el mismo en Bolivia.

También es necesario aclarar el siguiente párrafo: „ La ira popular explotó, la policía se rebeló, las fuerzas armadas instaron a Morales a renunciar. Inicialmente huyó a México y después de unas semanas se mudó a Argentina. El presidente Alberto Fernández le otorgó asilo y allí Morales se encuentra más cerca de su casa“. El expresidente Evo Morales no dejó México por voluntad propia. Su presencia en ese país fue fuertemente cuestionada por el gobierno de los Estados Unidos, razón que lo obligó a refugiarse en Argentina desde donde continuó y continúa escribiendo mensajes belicosos y nada constructivos (a través de la red social Twitter) sobre el proceso de reconstrucción que vivió y vive Bolivia después de que su salida del gobierno ocasionara desmanes, saqueos y actos de vandalismo y terrorismo por parte de sus propios seguidores.

Que el señor Glüsing escriba que „parece cada vez más que Morales ha sido víctima de un golpe como los que han sucedido muchas veces en la historia boliviana”, es una afirmación sumamente tendenciosa y hiere la sensibilidad de los miles y miles de bolivianos que no solo vivimos de cerca los hechos suscitados tras la jornada electoral de octubre de 2019, sino que luchamos en las calles de todo el país con el objetivo de recuperar nuestra democracia. Sería recomendable que el corresponsal alemán revisara también el trabajo que realizó el Edgar Villegas acerca del fraude perpetrado por el partido de Evo Morales en las elecciones pasadas.

La larga fase de estabilidad que el señor Glüsing le atribuye a Arce Catacora, exministro de economía y ahora candidato a la presidencia del MAS, se ha develado ahora como uno de los mayores embustes del gobierno masista. La paupérrima situación del sistema de salud público que ahora se enfrenta a la pandemia mundial es la clara prueba de que el gobierno de Morales nunca se interesó ni por la salud ni por la educación de los bolivianos. ¿De qué estabilidad económica se puede hablar si no se cuentan con los recursos mínimos y necesarios para atender la salud de los ciudadanos?

Otra afirmación temeraria: “Al igual que el vecino Brasil, en Bolivia se alimenta del odio de derecha a todo lo que se supone de izquierda”. ¿Y qué dice el articulista en cuestión del odio que sienten los de la izquierda por todo lo que no sea de izquierda? Nada. Todavía se presume que los seguidores de Evo Morales destruyeron cinco antenas de telecomunicaciones en días pasados en el trópico de Cochabamba ocasionando un daño económico de 700 mil dólares. Y podría seguir aquí con una larga lista de hechos que día a día demuestran que Bolivia aún no está libre ni de las oscuras intenciones del MAS por retornar al poder a cualquier precio ni de la posverdad que se urde descaradamente en desmedro de nuestra “verdadera verdad”, valga la redundancia. Desde esta trinchera se busca no solo dar una opinión, sino también identificar a los demagogos de la veracidad.

Ana Rosa Lopez es  comunicadora social

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