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No crujan tanto los dientes
Opinión

No crujan tanto los dientes

Por: Max Baldivieso

Quisiera entender qué se siente al estar parado aplaudiendo a un desbocado líder “cívico”, sin comprender su discurso lleno de amenazas, no al gobierno, sino al pueblo que dice defender. Estas son sus palabras. “Se tiene que abastecer, porque después no caminará nada ni nadie en la calle”. Mientras tanto, el escozor de su nariz se hace más evidente entre grito y grito que atraviesa esa cabeza delirante de poder mezquino y racista. Vociferar, amenazar e insultar a las personas lo hace líder, mientras recuerda que debe seguir protegiendo el interés de quien le alivia la picazón.

En este panorama desconcertador, una Bolivia con dos realidades diferentes sigue adelante, totalmente dolida por los hechos vividos. Primero, los fanáticos entraron al Palacio con la Biblia y con fusiles salpicados de sangre, lo hicieron entre rezos de monstruos que, arrodillados, clamaban por la muerte de los que consideran diferentes. Pero, la verdad de que todos somos iguales duele a los indolentes “Pititas”. La diferencia es que “los pitas” están llenos de complejos y resentimientos de clase, mezclados con la hipocresía de sus oraciones cómplices de la muerte y del dolor. Fue un año lleno de asaltos al pueblo, al cual dejaron pobre y sin empleo, en medio de una pandemia que terminó por arrebatar lo poco que estos ladrones dejaron.

Después vino una administración de Estado elegida democráticamente, con un Presidente que tiene la receta económica para salir de esta crisis, que demostró en su primer año de gestión números positivos en la balanza comercial y un crecimiento del PIB que, en el último trimestre, llega al 9,4%. Aunque, nadie se imaginaba que este batallón de zombis con rosarios y que invocan muertes, este grupo de buitres que siguen al hombre con picazón en la nariz, volverían a atacar con la misma receta. Medios de comunicación difamadores y amarillistas, gente desclasada y llena de odio al prójimo, sin ningún sentido de la historia y, por lo tanto, sin memoria.

Y este aparato es pagado por un pequeño grupo de familias podridas en dinero malhabido, que no desean dar cuentas de cómo obtuvieron sus fortunas. Sin embargo, el país tiene idea de la forma en que la obtuvieron. Por esa razón no quieren que se ejecute la ahora abrogada Ley 1386, así dan razones suficientes de que su riqueza nunca fue legal. Para que entiendan los que se arrodillan buscando muerte, ellos lograron fortuna con el narcotráfico, la corrupción, la venta de armas, el contrabando, la trata de personas, la explotación infantil, la venta de órganos y el lavado de dinero indebido.

Saliendo de este panorama de odio y discriminación, a unos kilómetros se ve el progreso, por ejemplo, la construcción de la carretera Doble Vía El Sillar, con unos 13 puentes y cuatro túneles que atraviesan las montañas, obra que genera más de 1.200 empleos directos y cientos de indirectos, beneficiando al país con la mejora del traslado de los ciudadanos y de la mercadería de importación y exportación. Esa es la Bolivia que deseamos todos, para trabajar en paz y progresar. Ese es el camino a seguir con esperanza en un mañana con igualdad y sin discriminación.

Max Baldivieso es periodista

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