Max Baldivieso – Una policía corroída por la corrupción

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La peligrosa impunidad acompaña a los casos en que, siendo conocidos los autores, no se les persigue por razones ligadas a la corrupción. Esta descomposición se vale de las instituciones, mientras la prensa solo apela al amarillismo. Los tribunales, prostituidos por el dinero y el poder, actúan por coacción, miedo y cobardía. En este ambiente, es necesario purgar la corrupción, como acción primordial para el cambio social, para llegar a la igualdad entre pueblos libres y soberanos.

El verde de las oficinas que resguardan la seguridad de los bolivianos y bolivianas cada vez se diluye más. Su función de dar seguridad se trasmuta y genera miedo. Los ciudadanos ruegan para no caer en las manos de estas sanguijuelas de billeteras.

La imagen de la policía se desmorona, pero este fenómeno no es de esta gestión. Se debe recordar que estos escándalos siempre estuvieron presentes, por ejemplo, en negociaciones con los gobiernos de turno o, como sucedió en noviembre de 2019, cuando uniformados verde olivo fueron coactados para apoyar un golpe de Estado disfrazado de sucesión constitucional.

Su pago fue un maple de huevos y un kilo de azúcar y no se les dio lo prometido, el manejo de la identificación de la ciudadanía, el botín que buscaban con un motín.

Cada día el verde olivo recibe un balde de agua fría que diluye en las cabezas de los bolivianos y bolivianas los colores de la institución. ¿En qué momento la Policía Boliviana empezó a negociar con feminicidas y ladrones de vehículos? ¿En qué momento empezó con el robo de droga incautada y con la extorción a trabajadoras sexuales, a víctimas de violaciones y a familiares de mujeres muertas por un machista?

Con seguridad de acertar, se puede pensar en cómo son los diálogos de los verde olivo con feminicidas. Debe ser algo así:

-Feminicida. ¡Uy! Oficial, creo que se me fue la mano.

-Policía. Suele pasar, ahora, ¿cómo arreglamos?

-Feminicida. Tengo un terrenito que está vendiendo mi mamita y te va dar platita para que me dejes escapar unos días. Ya lo negociamos con el fiscal.

-Policía. (Encarnado en su papel) ¿Quién eres? Hoy no hay atención (guiñando el ojo al asesino).

-Feminicida. (Con cara de “ya entiendo”) Vuelvo mañana, jefe.

No se puede entender cómo se llegó a este punto, donde la delincuencia tiene presencia en la fuerza del orden. Un dato muy triste señala a 45 personas desaparecidas, de este total, el 60% son menores de edad y el 80% son mujeres.

Mientras tanto, la división de Trata de Personas come salteñas o pide a los familiares dinero para empezar a investigar. ¿Acaso ellos no perciben un sueldo y estipendios? En esta situación, el Ministro de Gobierno está cada vez más seguro de que es necesaria una reingeniería en la cueva de “alibabás”.

El general Johnny Aguilera, comandante general de la Policía, trata de defender a sus subordinados, pero ellos se esfuerzan en ser cada día más corruptos, inoperantes y flojos. María Galindo, parte de Mujeres Creando, desenmascara el mal accionar con las víctimas, revela el maltrato a los denunciantes y la extorción, denuncia la falta de empatía y la poca conciencia para con las víctimas.

En estos días se llegó a la conclusión de que para el verde olivo todo tiene precio. La trata de personas, el narcotráfico y los feminicidios, entre otros, pasan por la billetera.

Bolivia está en el penúltimo lugar de 15 países de Latinoamérica en su “Capacidad de Combatir a la Corrupción” (CCC) en 2020-2021. Combatir a la corrupción es una tarea pesada dentro de la Policía, porque esta institución siempre operó de esa manera.

Ahora, gracias a las políticas anticorrupción aplicadas por el Gobierno, se puede detectar este tipo de hechos, pero la mejor manera de controlar a instituciones como la Policía es la acción de toda la población.

No se debe dejar extorsionar y se debe denunciar sin miedo, porque la unión entre ciudadanos que quieren seguridad es una fuerza para proteger a los seres queridos y alejarlos del flageló de la criminalidad y de la corrupción de las entidades que –como paradoja– se encargan de combatir este tipo de hechos.

Max Baldivieso es periodista

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