Marín Condori – Día Internacional de la Biotecnología, de cara al cambio climático y la seguridad alimentaria

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El 16 de junio celebramos el Día Internacional de la Biotecnología, ciencia que aglutina a un conjunto de disciplinas que son de gran relevancia para el desarrollo sostenible del planeta. Se celebra en esta fecha en honor al momento en que el investigador Ananda Mohan Chakrabarty desarrolló una bacteria proveniente del género Pseudomonas, cuya utilidad radica en descomponer el petróleo crudo para el tratamiento de los derrames, en beneficio directo a la protección y recuperación del medioambiente.

La aplicación de la biotecnología en diversas áreas generó innumerables beneficios al planeta. Uno de los logros recientes más importantes en el campo de la medicina se dio durante la pandemia COVID-19, cuando se descifró el genoma del virus SARS-CoV-2. Asimismo, la biotecnología desarrolló terapias génicas, estudió la hormona del crecimiento, creó la vacuna de la Hepatitis B y la insulina.

La creación de alimentos transgénicos aún genera especulación en la sociedad. Sin embargo, el medioambiente fue favorecido con el uso de plantas, microorganismos y enzimas para la recuperación de ambientes contaminados con tecnología transgénica; y en este último tiempo con la edición genética.

Combatir el cambio climático y satisfacer las necesidades nutricionales de una población creciente, sin agotar los recursos de nuestro planeta son dos de los mayores retos de nuestro tiempo. La biotecnología ofrece soluciones para ambos, pero aún estamos lejos de aprovechar todo su potencial para llevar a cabo las múltiples tecnologías derivadas de la ingeniería genética.

En Bolivia la superficie cultivada asciende a 4.376.113 hectáreas, con un 47% en oleaginosas e industriales, seguido de los cereales con 36%; el saldo se distribuye en tubérculos y raíces, forrajes, estimulantes, frutales y hortalizas. En esa superficie se producen 21.118.897 TM de alimentos y un 80% corresponde al departamento de Santa Cruz.

El cultivo de la soya (1.500.000 ha) se desarrolla en 99% con semilla transgénica proveniente de un solo evento (tolerancia al herbicida Glifosato). En cultivos como el maíz y el algodón casi un 70% corresponde a semilla transgénica que ingresa al país de manera ilegal, con eventos apilados. Y los problemas de ilegalidad se deben sobre todo a la falta de normativa y políticas públicas para la adopción legal y controlada, sumadas al desconocimiento de la tecnología.

Los sistemas alimentarios mundiales son responsables de más de un tercio de las emisiones globales de gases de efecto invernadero. Con una población mundial que cuenta ya con más de 8.000 millones de habitantes, urge buscar nuevas soluciones para alimentar al mundo de forma sostenible. Necesitamos urgentemente tecnologías y métodos sostenibles para mejorar nuestros actuales sistemas alimentarios y el uso de la tierra para la agricultura de manera respetuosa con el medioambiente.

La transición hacia un sistema agroalimentario sostenible y resiliente, capaz de adaptarse al cambio climático y mitigarlo, pareciera una misión imposible. Pero, en realidad la biotecnología conlleva oportunidades y esperanzas para seguir produciendo alimentos. El último informe de la Convención Internacional de Protección Fitosanitaria (IPPC) demuestra claramente que los sistemas agrícola y alimentario tienen un importante potencial de mitigación, y lo que es aún mejor, existen numerosas soluciones. Por ejemplo, un informe reciente muestra que las biosoluciones, incluida la utilización a gran escala de biofertilizantes, biopesticidas y aditivos probióticos para piensos, pueden ayudar a reducir el 8% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero de aquí a 2030.

¿Qué tan cerca estamos de aprovechar el potencial de la biotecnología?

Las inversiones en investigación e innovación permitirán descubrir nuevas soluciones sostenibles con gran potencial para acelerar la transición ecológica dentro del sistema agroalimentario. Desafortunadamente, a pesar de contar con estos descubrimientos científicos a menudo se pierden por obstáculos que impiden que las innovaciones salgan del laboratorio y lleguen al mercado a tiempo para marcar la diferencia.

Nuestro país cada día se retrasa en el uso de biotecnología en los cultivos de rotación que practican los productores cruceños, debido a la ausencia de políticas públicas, lo cual deriva en el uso ilegal de variedades e híbridos transgénicos en cultivos de soya, maíz, algodón y otros.

La situación es distinta en Estados Unidos, donde la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) aprobó hace poco el uso para consumo humano de carne producida a partir de células vivas de pollos, lo que allana el camino a una nueva dieta que prevé el cuidado del medio ambiente y la seguridad alimentaria futura. Ese país sigue el ejemplo de Singapur, que fue el primero del mundo en introducir la carne cultivada. Y a Europa aún le faltan algunos años para mirar hacia estas alternativas sostenibles a la carne en los supermercados.

Vemos hoy los efectos devastadores del cambio climático y resultará fatal ignorar las soluciones disponibles. Las decisiones que tomemos ahora, ya sea en el ámbito político, empresarial o en la sociedad en general, tendrán un impacto drástico en nuestro futuro y en el mundo en el que vivimos. No será fácil, pero debemos esforzarnos mucho más.

La campana agrícola de verano 2023/2024 en Santa Cruz fue una de las peores de los últimos 30 años. Tuvimos irregularidad de lluvias al inicio de la siembra, seguidas de un verano prolongado y mucha agua en la cosecha; es decir, sequías muy prolongadas y mucha intensidad de lluvias en poco tiempo. En la actual campaña de invierno el impacto del cambio climático es mucho mayor; hay elevada reducción en la superficie de cultivos de invierno debido a la falta de lluvias; y si lloviera, ya estamos fuera de la época de siembra, principalmente para el cultivo de trigo.

Las tecnologías con tolerancia a la sequía (HB4), resistencia a insectos (Bt), eventos apilados (Bt + RR) son una opción potencial para enfrentar estos fenómenos naturales pero, por cuestiones políticas y desconocimiento de la ciencia, estamos coartados de usarlos y seguir produciendo alimentos.

América Latina tiene los alimentos y la energía que el mundo necesita. Cuenta con la biodiversidad imprescindible para contener la crisis climática. Es un socio seguro y fiable sin interés ni capacidad para iniciar guerras internacionales. Esto, sumado al gran número de Acuerdos de Libre Comercio con Estados Unidos, Europa y Asia, la convierten en el socio ideal para la producción de alimentos para el mundo.

Marín Condori  es licenciado en Agronomía por la Universidade Federal del Acre, de Rio Branco, Brasil. Ingeniero Agrónomo por la UAGRM. Magíster en Investigación Científica y en Educación Superior, Magíster en Conservación y Manejo de Recursos Fitogenéticos y Biotecnología Vegetal Aplicada, Magíster en Fitotecnia por la Universidade Federal Vicosa, y doctor en Educación con Enfoque en la Complejidad y la Investigación Transdisciplinar.

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