Vasileiv Seoane – Disociación o ruptura entre la sociedad civil y la política

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Es bien conocido y experimentado por los bolivianos que cuando los que dirigen una institución, lo hacen mal y no representan los intereses de sus integrantes, esa institución no funciona. Desde la más chica hasta la más grande, desde una familia, célula de la sociedad, si los padres no se ponen de acuerdo en cómo va ser esa familia, se desintegra o deshace, un club de madres, una comparsa, una fraternidad, un club de fútbol o cualquier otra asociación privada o pública como diría Max Weber. Así con toda institución del Estado, sea municipal, regional o nacional.

Sostengo que la disociación o ruptura entre la sociedad civil y el campo político o el Estado, es un problema estructural e histórico en Bolivia. Es un hecho de fondo, constitutivo de la sociedad boliviana que atraviesa y se refleja en toda la estructura social, incluyendo el campo político que nunca pudo representar a la sociedad boliviana como lo que es, una Unidad Social. Es decir, Las ideas políticas que circulan en el mundillo político están ya presentes en la sociedad civil, no caen del cielo, toda vez que los actores políticos o para usar nuevamente las categorías de Weber, los ‘políticos profesionales’, son bolivianos, no son marcianos o venusinos, y simplemente reflejan las ideas que ya circulan en el estrato de la sociedad de la que son parte. Así, es cierto que desde tiempo atrás, secularmente en Santa Cruz hablamos de Autonomía, que desde el año 2000 esa idea digamos que confluyó con la crisis de Estado, y con la noción Plurinacional que fue producida en el altiplano, tomó fuerza en La paz, y también desde tiempo atrás, mucho antes que exista el Mas, pero hay que reconocer sin ningún problema que el Mas la usó para su beneficio.

Ahora bien, es igualmente harto conocido las ‘críticas’ que se hacen desde ambos bloques o regiones desde el punto de vista político – y de algunas corrientes académicas e intelectuales -, se decía y se dice por ejemplo que Santa Cruz no tiene una mirada de comprensión nacional, que el apoyo a la Autonomía no pasa del cuarto anillo de la ciudad, que en Santa Cruz nos miramos el ombligo, que estamos dirigidos por una ‘élite racista y separatista’, etc. Por la inversa, se dice que La paz es históricamente centralista (por lo menos desde 1899 hacia acá), que está dirigida por una ‘burocracia parasitaria e improductiva’, que se niega a descentralizar el poder porque de eso vive, es su razón de ser, etc.

Vista las cosas con la perspectiva y la objetividad que da el tiempo, estos debates se ‘encendieron’ o visibilizaron desde el 2000 en adelante, la idea plurinacional fue producida por el katarismo, está en varias de las Tesis Políticas de la Csutcb y partidos indianistas, es cierto que ningún partido de la izquierda obrerista tradicional o ‘marxista’ propuso un estado plurinacional, indígena-originario-campesino (dirigentes indígenas manifiestan que les consta en primera persona que esta última categoría fue propuesta por el antropólogo jesuita Xavier Albó Corrons), en suma, para no hacerla muy gajuda está clarísimo que la categoría plurinacional no fue, ni es una propuesta de la ‘élite’ paceña, si por élite entendemos los estratos altos de la sociedad y el MNR, la ADN, el MIR, incluso la UCS, etc. Más bien es una propuesta hecha contra ese establishment y logró tumbarlo, ‘destruir su base moral, social y cultural’, esta es como se sabe una función esencial de toda acción política que quiere sustituir a un régimen social por otro distinto.

El hecho concreto y pragmático, crudo y duro es que La paz, el campo político paceño tradicional no produjo una visión o representación del mundo que cohesione y unifique a la sociedad civil boliviana, peor aún, no produjo ni siquiera una representación del mundo que cohesione e integre a sus parroquianos, a los paceños, a los aymaras. El discurso público y abierto del indianismo para tomar el poder, ha sido y es que ellos son anteriores a Bolivia, a La paz, que no se sienten bolivianos ni paceños, y por eso la necesidad de constituir otro estado basado en la etnicidad, la historia y la legitimidad aymara, que los paceños son ‘advenedizos, invasores y racistas’ y han excluido a los aymaras, al extremo de no dejarlos entrar a la plaza Murillo y no dejarlos estudiar, tampoco ser ciudadanos, votaron recién después de la Revolución del 52, que se hizo a sangre y fuego, no con discursos. Esto explica la irrupción de Evo morales y Felipe Quispe el 2002 y 2005. Y contra este discurso o narrativa como dicen en la jerga política, la ‘élite’ paceña no ha hecho ni ha dicho nada. A esto es lo que llamamos disociación de la realidad social, por lo menos de una parte de la sociedad con el campo político. A la negación e incapacidad de asimilar, integrar y representar la demografía o realidad social en el campo político y el Estado, y esto produjo y reproduce histórica y socialmente una ruptura en el espacio cultural y económico, que atraviesa toda la vida social boliviana y paceña en particular.

A Santa Cruz le está pasando en términos demográficos y políticos algo muy parecido que a La paz, y se le puede criticar lo descrito aquí y mucho más, sin embargo hay que decir que Santa Cruz nunca ostentó el poder político estatal, hace 60 o 70 años era una pequeña aldea que vivió siglos aislada de Bolivia y del mundo, es una ciudad joven a la que se le pide madurez, si creció fue por una suma de variables, como las regalías del 11% que conquistó  a sangre y fuego en la Guerra del Chaco, la Revolución del 52 que fue su consecuencia, la lucha por las regalías del año 57, la iniciativa privada, el ‘Plan Bohan’ o la Marcha hacia el Oriente y una naturaleza prodigiosa, entre otras. Es paradójico y curioso que se le exija a Santa Cruz algo que nunca ha experimentado y más curioso aún es que se lo exijan quienes han detentado el poder 120 años de una u otra forma. Todo esto no inhibe de responsabilidad a sus ‘élites’ ni a sus ‘profesionales de la política’, al contrario creo que les exige mucha más responsabilidad con su propia sobrevivencia, la región y el país.

En síntesis, esta disociación entre sociedad civil y campo político es histórica no es coyuntural, el Estado no representa a su base demográfica o social – dicho sea de paso ninguna coyuntura cae del cielo, se produce por generación espontánea o revelación divina, toda coyuntura se produce y es entendida como un continuum en el tiempo y espacio social (F. Braudel) -, y serán los hechos, los actores políticos y los ciudadanos los que definirán como se resuelve esta rémora que produce y reproduce atraso social, económico e intelectual en Bolivia, que es digna de mejor suerte.

Vasileiv Seoane García es cientista social

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