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Evo y los biocombustibles 2008-2018: fin de un discurso



Por: Enrique Ormachea*
Hace 10 años, y ante el incremento de los precios de los
alimentos a nivel mundial y de algunos productos alimenticios en el caso de
Bolivia, el presidente Evo Morales señalaba que el país se preparaba “para
incentivar el cultivo del trigo”, rechazando la producción de biocombustibles.
Durante
su intervención en la Asamblea General de la ONU en 2008, Morales Ayma
señalaba: “El Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional deben generar
políticas para frenar la producción de biocombustibles y de este modo evitar
hambre y miseria para nuestros pueblos”, proponiendo “ el impulso a otras
alternativas para enfrentar la crisis energética como la geotérmica, la energía
solar, la eólica y la hidroeléctrica” (www.aporrea.org/internacionales).
Durante
su estadía en Nueva York, debido a su asistencia al Foro Permanente de la ONU
sobre Asuntos Indígenas en abril de 2008, fue entrevistado por Democracy Now en
español, ocasión en la que señaló:
“No
se puede entender en este nuevo milenio, hay presidentes o gobiernos o
instituciones que más les interesa es la chatarra que la vida. Más les
interesan autos de lujo que el ser humano. Es nuestro cuestionamiento: primero
la tierra para la vida, y no la tierra para la chatarra. Y si bien algunos
presidentes, algunos organismos internacionales quieren implementar esta clase
de medidas, yo creo mucho en los movimientos sociales. Así, por ejemplo, contra
el Área de Libre Comercio de las Américas ALCA, ha habido un movimiento
internacional, frenamos. Igualmente ya se gestan grandes movimientos contra el
biocombustible, contra el agrocombustible, y esperamos que los presidentes y
algunos organismos revisen, y no tener este problema –el problema de hambre,
hambre de familias y de hectáreas destinadas para carros y no para la vida”
(democracynow.org).
Asimismo,
en junio de 2008, el Ministerio de Desarrollo Rural, Agropecuario y Medio
Ambiente (MDRAyMA) publicaba una nota de prensa con la “posición del Gobierno
de Bolivia para la Cumbre sobre Seguridad Alimentaria” de la FAO, en la que se
hacía conocer que “ el Gobierno de Bolivia ha definido una política de Estado
de prohibir la producción de biocombustibles en el país, en tanto que las
superficies demandadas para la producción de biodiésel desplazan a los cultivos
destinados a la alimentación de la población nacional, creándose una
competencia entre la producción de alimentos y la producción de
biocombustibles” (MDRAyMA Posición del Gobierno de Bolivia para la Cumbre sobre
seguridad alimentaria 2008, La Paz).
A
10 años de estas declaraciones, y con el argumento empresarial y gubernamental
de que el etanol es un producto “más amigable con la naturaleza” y de que es
necesario reducir la importación de combustibles, la Cámara de Diputados acaba
de aprobar el proyecto de ley “que establece el marco normativo para la producción,
almacenaje, transporte, comercialización y mezcla de aditivos para gasolina y
diésel oil con base en etanol producido en Bolivia”, que le fuera remitido por
el gobierno de Evo Morales para su tratamiento (La Razón 05/09/2018).
Para
el Gobierno, la denominada ley del etanol “marcará el ingreso de Bolivia a la
era de los combustibles verdes”; es decir, a la era donde –como lo advertía el
propio gobierno años atrás– espectaremos la competencia por el uso de la escasa
tierra apta para la agricultura entre la producción de alimentos y la
producción de biocombustibles. Mientras tanto, seguramente seguiremos
importando trigo en grano y harina de trigo, papa, hortalizas y frutas, tan
importantes para la vida.
*Enrique Ormachea Saavedra es
investigador del Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario
(CEDLA).

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