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Periodismo y 21F


Recibo con frecuencia esta pregunta: ¿es difícil hacer periodismo en el Estado Plurinacional? Sí.
Me explico. El periodismo es una actividad que trabaja con una materia prima: la libertad de expresión. Para que haya periodismo, debe haber libertad de expresión; y para que haya libertad de expresión, debe haber democracia.
He ahí el fundamento para considerar al periodismo como “el perro guardián de la democracia”, cuyo principal producto a cuidar es la información, elemento esencial para hacer transparente el manejo de la cosa pública o hacer rendir cuentas al poder político, empresarial o religioso. Para tal fin, el periodismo requiere libre acceso a la información.
El acceso cristaliza la libertad de prensa, que es el derecho del periodista a buscar, investigar, producir y publicar información sin más límites que los establecidos previamente por ley.
De este modo, libertad de expresión y democracia están íntimamente ligadas: la libertad de prensa produce información; el derecho a la información, transparencia; y la libertad de expresión, opinión pública. Y la democracia es el gobierno de la opinión pública, la cual se forma de fuentes independientes de la ideología del gobierno.
Entonces, “el periodista es, antes que otra cosa, un ordenador de informaciones y opiniones” (Juan Beneyo). Algo así como el Hermes de la mitología griega, el mensajero entre gobernados y gobernantes; el intérprete que ordena el mundo para facilitar su comprensión social. El medio de comunicación es la realidad artificial, pero no falsa, donde se presenta el mundo interpretado o clasificado.
El periodista, para preciarse de tal, dice Enrique de Aguinaga, debe tener la capacidad de decisión sobre tres cuestiones: 
1) Sobre los temas a abordar
2) Sobre las fuentes a utilizar
3) Sobre las formas expresivas concretas en que plasmará los mensajes informativos.
Si en las tres cuestiones decide el poder, no hay periodismo, sino propaganda o relaciones públicas. El gobierno del Movimiento Al Socialismo (MAS) aplicó mecanismos directos e indirectos para controlar esas tres cuestiones: temas (agenda), fuentes (quiénes hablan) y subgéneros (a tal punto que hizo creer que los periodistas no opinan).
Primer mecanismo: uso del dinero público en “publicidad estatal” para premiar a medios que hacen relaciones públicas, y castigar (asfixia económica) a los que hacen periodismo.
Segundo mecanismo: uso de la Autoridad de Telecomunicaciones y Transportes (ATT) para facilitar frecuencias a grupos afines al MAS y dificultar a personas independientes. En agosto de 2016, manipuló plazos de licencia de radiodifusión, pese a que el artículo 30.II de la ley del área establece renovación por otros 15 años.
Tercero mecanismo: uso del Ministerio de Trabajo para acosar y para evitar que la sociedad financie medios. En agosto de 2015, emitió un comunicado amedrentador para bloquear los aportes de la ciudadanía a ERBOL.
Cuarto mecanismo: uso de Impuestos Internos para controlar líneas informativas, según denuncia de organizaciones de periodistas y medios.
Quinto mecanismo: amedrentamientos directos que van desde: ¿de qué medio eres?, cuando un periodista hace preguntas incómodas; pasando por la imposición del dilema: si quieres publicidad, echa al periodista que hace periodismo; hasta: publicar libelos, panfletos, calumnias y separatas con dinero público para descalificar a medios y periodistas.
En estas circunstancias, difícil hacer periodismo. ¿Mejor hacer relaciones públicas para sobrevivir? Si es esa la estrategia, ¿quién informa? ¿Y la misión del periodismo de ser perro guardián de la democracia?
La opinión consultiva 5/85 de la Corte IDH señala: “de la libertad e independencia de los medios y periodistas depende la calidad de la libertad de expresión (y el periodismo), condición para que la comunidad, a la hora de ejercer sus opciones, esté suficientemente informada (…), una sociedad que no esté bien informada no es plenamente libre”.
He ahí la razón para que el periodista defienda el 21F. Sin democracia no hay libertad de expresión ni periodismo. Enorme responsabilidad en tiempos en que Alexis Tocqueville diría: “Habría amado la libertad, creo yo, en cualquier época, pero en los tiempos que vivimos me siento inclinado a adorarla”.
* Andrés Gómez Vela es docente de la UCB y la UMSA. 

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