A un año de los luctuosos sucesos de Achacachi

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Hace exactamente un año, los pobladores de Achacachi, que ya estaban en emergencia, organizaron una vigilia y un paro de 48 horas por falta de informe del Alcalde Edgar Ramos.  
Los vecinos de Achacachi informaron que exigieron, en reiteradas oportunidades, al alcalde Ramos que rinda su informe detallado y pormenorizado de la gestión 2016 y nunca hubo respuesta, sólo evasivas pávidas, y es ante la flojedad e incuria del alcalde que decidieron adoptar medidas extremas. 
La negativa del alcalde a presentar el informe solicitado enervó los ánimos de las gentes y derivó en un violento enfrentamiento entre los vecinos de Achacachi y los Ponchos Rojos de Warisata. La noche del 14 de febrero los vecinos procedieron a y con la quema de la vivienda (cercana a la plaza principal) y el vehículo del alcalde. 
El origen del problema está pues en que el alcalde de la localidad, Edgar Ramos, no presentó, ni quiso presentar su informe y rendición de cuentas de la gestión 2016 a la junta de vecinos. Ergo, el alcalde es el culpable de provocar los enfrentamientos fratricidas entre los vecinos y los comunarios. 
El conflicto entre los vecinos de Achacachi y los Ponchos Rojos se agudizó el día miércoles 15 de febrero, cuando los Ponchos Rojos de Warisata, Tacamara y otras comunidades apedrearon y saquearon las casas de los vecinos de Achacachi. La acción vandálica provocó llanto, dolor, sufrimiento, angustia, desolación y millonarias pérdidas económicas. 
Los campesinos llegaron a Achacachi alrededor de las 11:30, cargados de piedras, palos, látigos y chicotes en sus espaldas. Los movilizados, casi cerca del millar de personas, entre ellas muchos borrachos, decían (a gritos) que buscaban “justicia” y por ello asaltaron, saquearon y robaron los negocios y las casas del área urbana del municipio en aparente represalia por la quema del vehículo y casa del alcalde MASista Edgar Ramos. 
Lamentablemente, nadie, ni el contingente policial, que llegó a Achacachi después, mucho después de aquel incidente, ni la presencia del defensor del Pueblo (que más bien estaba azuzando –alevosamente- a los comunarios), pudo impedir las violencias, las agresiones, los ataques y los infames asaltos a las viviendas. 
En relación con la cobarde actitud del defensor del MAS, ¡ups! del Pueblo, al permitir y más aún incitar e instigar la arremetida delincuencial de los Ponchos Rojos, recordemos que este protervo reconoció -ante los medios de comunicación- que “se nos indicó que (los comunarios de Warisata) decidieron entrar en una marcha ‘pacífica’ a la población. Nosotros –dijo el fresco- accedimos de buena fe” (Página Siete, 16 febrero 2017). 
Los efectivos de la UTOP (Unidad Táctica de Operaciones Policiales) ingresaron a Achacachi luego de que los campesinos se iban retirando, es decir después, mucho después de los asaltos delincuenciales. “¿Por qué no vienen a tiempo? Ahora que se han ido (los campesinos) recién entran al pueblo. Son todos unos ¡malditos cobardes! Ahora, ¿qué quieren hacer?”, cuestionó audazmente una mujer de Achacachi, quien prefirió no identificarse por temor a que tomen represalias en su contra. 
La fiscalía tampoco apresaba, en realidad no podía –por órdenes superiores-, ni quería apresar a los autores materiales e intelectuales (instigadores, incluido el defensor del MAS) de las violencias y saqueos que se desencadenaron en Achacachi. El fiscal general, Ramiro Guerrero, dijo que no se emitió ninguna orden, ni mandamiento de aprehensión, debido a “que la situación está tensa”. 
Asistimos así al alevoso despliegue de las propias determinaciones del gobierno central que no atina sino a apañar a un alcalde corrupto. ¿Qué corresponde hacer? Procesar penalmente al alcalde corrupto y liberar a los dirigentes cívicos injustamente detenidos. 
¡Jallalla Achacachi!!
Docente de la UMSA

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