Cochabamba al mundo y el mundo a Cochabamba: entre la cooperación y la dispersión diplomática

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Windsor Hernani Limarino

El presidente Rodrigo Paz Pereira ha resumido su propósito de política exterior bajo el eslogan “Bolivia en el mundo y el mundo en Bolivia”. Con esa directriz hubo una explosión de reuniones, no solo desde la Cancillería, sino también desde distintas entidades públicas, como los ministerios de la Presidencia, Planificación del Desarrollo y Defensa, entre otros, con representaciones diplomáticas acreditadas en el país.

En principio, ello no constituye un inconveniente; por el contrario, resulta positivo, siempre que tales contactos se desarrollen dentro del ámbito competencial de cada institución, tengan un propósito estatal y, sobre todo, estén bajo la dirección del Ministerio de Relaciones Exteriores.

Con la elección y posesión de nuevas autoridades subnacionales, el acercamiento internacional ha comenzado a adquirir una mayor dimensión. Gobernadores y alcaldes han iniciado acercamientos directos con delegaciones extranjeras, intentando promover agendas propias de interlocución y cooperación. La diplomacia subnacional, paradiplomacia o acción exterior territorial, como la denomina la doctrina contemporánea, tiende a manifestarse con mayor fuerza en Bolivia.

Ello no es ilegal, por el contrario, si bien la Constitución asigna al presidente la dirección de la política exterior a través del Ministerio de Relaciones Exteriores, también establece que las relaciones internacionales, en el marco de la política exterior del Estado, constituyen una competencia compartida entre el nivel central y las entidades territoriales autónomas (artículo 299 de la CPE).

En otras palabras, existe una autorización para la acción internacional de los gobiernos subnacionales. Sin embargo, esta no debe ser autónoma en sentido pleno, debe estar condicionada por la rectoría de la Cancillería y por los intereses estratégicos nacionales.

En ese marco, lo ocurrido esta semana en Cochabamba resulta particularmente sugestivo. La presencia de los embajadores de Rusia e Irán, así como de altos funcionarios diplomáticos de China e India, en la ceremonia de posesión del nuevo gobernador, Leonardo Loza, va más allá de una asistencia meramente protocolar.

Desde una perspectiva política y diplomática, se trata de una señal de amplia disposición, que evidencia una apertura directa de esos Estados hacia un gobierno subnacional y hacia un espacio geopolítico concreto dentro de Bolivia.

Lo anterior adquiere mayor relevancia al constatarse que tres de esos cuatro países – China, India y Rusia – constituyen actores centrales del sistema internacional contemporáneo. China es actualmente la segunda economía del mundo; India se ha consolidado como la economía de mayor crecimiento entre las grandes potencias y ya ocupa el quinto lugar mundial; mientras que Rusia mantiene una posición determinante como potencia energética, militar y nuclear. En conjunto, estos tres Estados concentran cerca del 40 % de la población mundial, forman parte de mecanismos de articulación estratégica como los BRICS y poseen una creciente capacidad de influencia política, tecnológica, financiera y geoeconómica.

Es decir, cuentan con las capacidades necesarias para ofrecer cooperación, financiamiento, inversión, transferencia tecnológica e incentivos económicos a sus aliados o interlocutores estratégicos, aun cuando estas sean subnacionales. Al mismo tiempo, tienen razones suficientes para intentar expandir su presencia e influencia mediante alianzas en países considerados relevantes para sus intereses nacionales.

En ese contexto, es razonable predecir que el gobernador Leonardo Loza posee una oportunidad que, si es inteligentemente conducida, podría resultar útil para la concreción de acuerdos en materia de cooperación, comercio e inversión con estos países.

Sin embargo, la oportunidad puede convertirse en una amenaza para el gobierno central cuando la acción exterior, se desarrolle al margen de la política exterior nacional. En ese punto, dejará de ser un complemento y se convertirá en un factor de dispersión y debilitamiento institucional.

El Ministerio de Relaciones Exteriores de Bolivia enfrenta, por tanto, un desafío de carácter estratégico e institucional. Es conducir la acción internacional del gobierno y de las entidades subnacionales dentro de un sistema verdaderamente articulado en torno al interés nacional. Un modelo donde los ministerios cooperen, pero no compitan; las autonomías participen, pero no desborden; y donde la Cancillería ejerza una rectoría efectiva y no meramente formal.

La política exterior no puede ser el resultado agregado de múltiples voces descoordinadas. Requiere dirección, jerarquía y coherencia. De lo contrario, el principio de unidad de la representación internacional del Estado se erosionará progresivamente. En definitiva, cuando todos hablan hacia afuera sin una partitura común, lo que se proyecta no es una política exterior sólida, sino una cacofonía estatal.

Windsor Hernani Limarino es economista y diplomático

 

 

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