Gabriela Reyes – Sicariato judicial y deterioro institucional

265 views
1 min read

El atentado contra un magistrado en Colombia durante la época de Pablo Escobar y el reciente sicariato del decano del Tribunal Agroambiental en Bolivia no son hechos equivalentes.

Compararlos automáticamente puede llevar a interpretaciones erróneas sobre la gravedad y la naturaleza de la violencia criminal que enfrenta hoy Bolivia.

En Colombia, los atentados con bomba contra jueces, magistrados y edificios públicos respondían a una lógica de terrorismo mafioso. El objetivo era doble: sembrar miedo colectivo y desafiar públicamente al Estado. Las bombas eran mensajes políticos y criminales al mismo tiempo. Eran actos de guerra contra la institucionalidad.

En Bolivia, el asesinato del decano del Tribunal Agroambiental responde más a una lógica de sicariato selectivo: una ejecución dirigida, silenciosa, quirúrgica. No busca necesariamente paralizar a toda la sociedad mediante terror masivo, sino eliminar a una persona específica vinculada a decisiones de poder, intereses económicos o disputas mafiosas.

Pero sería un error creer que eso lo vuelve un hecho menos grave.

Al contrario: el sicariato contra autoridades judiciales es una señal de que actores criminales ya sienten capacidad para penetrar, intimidar o disputar espacios al Estado. Es una advertencia temprana.

Y aquí aparece el verdadero problema: si las instituciones (incluyendo la propia justicia) no son reformadas, fortalecidas y depuradas, Bolivia avanzará a escenarios mucho más violentos. La captura institucional, la corrupción, la impunidad y la ausencia de investigación efectiva son precisamente las condiciones que, en otros países, permitieron la evolución de asesinatos selectivos a formas abiertas de terrorismo criminal.

La justicia no puede limitarse a condenar la violencia mientras ignora sus propias responsabilidades estructurales. Porque cuando las instituciones pierden legitimidad, independencia o capacidad de respuesta, el crimen organizado deja de operar en las sombras y comienza a imponer reglas mediante la violencia.

Hoy Bolivia no está en la Colombia de los años 80. Pero minimizar las señales o hacer comparaciones superficiales tampoco ayuda.

La pregunta no es si ya llegamos a este punto. La pregunta es cuánto tiempo más puede sostenerse un sistema debilitado antes de que la violencia criminal escale hacia formas todavía más extremas.

Gabriela Reyes Rodas es criminóloga.

Facebook Comments

Latest from Blog