Max Baldivieso – La economía y el amarillismo panfletario

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Hace unos días atrás algunos medios de comunicación, analistas económicos y fundaciones de “investigación” de derecha emitían opiniones respecto a la deuda pública externa y total del país, señalando que esta se incrementó en niveles históricos y que además estaría siendo insostenible.

Sumado a ello, salió un boletín del Banco Mundial titulado: Consolidando la Recuperación: aprovechando las oportunidades del crecimiento verde, donde estiman que la deuda pública total de Bolivia llegará a 80% del PIB para finales de la presente gestión.

Lastimosamente, todas las aseveraciones mencionadas carecen de fundamentos técnicos y profesionales, ya que el cálculo de la deuda pública debe ser manejado con cuidado debido a algunos aspectos que evidentemente desconocen los analistas de derecha.

La suma de deuda interna y externa que realizan los opositores adolece de análisis metodológico ya que se comete el error de sumar doblemente la deuda pública. Las estadísticas oficiales que publica el Banco Central de Bolivia (BCB) en sus reportes de deuda pública claramente señalan que a 2019 la deuda pública externa alcanzaba el 27% del PIB y la interna el 9% del PIB, por lo que el total de deuda pública en términos del PIB era de tan solo el 36%.

Algo que no señalan los opositores es que dicho contexto cambió drásticamente durante la mala administración del gobierno de Jeanine Añez, donde la deuda pública externa incrementó a 32% del PIB y la interna a 11% del PIB para 2020; lo que significó un aumento de 5 puntos porcentuales (pp) y 2pp, respectivamente. Incrementos de tal magnitud que no se vieron anteriormente.

Pero ¿Dónde se fueron todos esos recursos? Y es otro factor que se niegan a explicar y aceptar los opositores, ya que a la fecha se desconoce totalmente el destino de todos esos recursos de endeudamiento interno y externo. Otra sería la historia del país a la fecha si todos esos recursos se hubiesen consignado en la compra de vacunas, medicamentos, insumos médicos, etc. Sin embargo, existió malversación de fondos y corrupción en la adquisición de respiradores en plena crisis sanitaria. Momento donde uno se pregunta ¿Y dónde estaban todos esos opinadores para criticar la administración pública de esos recursos?

Como se iba señalando, es importante analizar el comportamiento de la deuda externa en porcentaje del PIB, ya que dicha medida refleja si el país es solvente para el pago de la deuda adquirida y si aún cuenta con una holgura para poder adquirir mayor deuda. En ese sentido, un aspecto más que no cuentan los diferentes analistas de derecha es que Bolivia cambió totalmente su imagen con el resto del mundo, al pasar de ser un país embargado en deuda a un país solvente.

El año 1987, Bolivia tenía el 99% de sus ingresos comprometidos a deuda pública externa, una situación realmente alarmante. Asimismo, si calculamos el promedio de deuda pública externa en porcentaje del PIB durante el modelo neoliberal podemos observar que la tasa alcanzaba el 67%, contexto que cambió tras la aplicación del Modelo Económico Social Comunitario Productivo (MESCP), disminuyendo la tasa a un promedio de 20%.

Según las recomendaciones la Comunidad Andina de Naciones (CAN), el límite de deuda en términos del PIB no debería superar el 50%, por lo que queda más que claro que Bolivia se encuentra muy por debajo del límite recomendado, ya sea en deuda pública externa (31% del PIB al mes de julio de 2021) o deuda pública total (44% del PIB al mes de febrero de 2022).

¿Qué quiere decir todo esto? Que Bolivia cuenta con niveles sostenibles de deuda y a su vez tiene margen para poder contraer más deuda. Lastimosamente, dicha imagen se vio afectada durante 2020 donde el crecimiento de la deuda y la caída de ingresos del país –debido a la mala administración económica del gobierno de facto– dieron como resultado un incremento significativo de la ratio deuda/PIB. No obstante, tras el retorno y la profundización del MESCP se están logrando corregir las distorsiones del descalabro económico del gobierno de facto.

Max Baldivieso es periodista

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