La mentira que busca impunidad

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Por: Max Baldivieso

“Los humanos pensamos más en relatos que en hechos, números o ecuaciones”. Y.N.H.

En las últimas décadas, el liberalismo quiso perfilarse como la única alternativa potable en el imaginario de la especie humana o, al menos, de su segmento más occidental, con un relato que prometía prosperidad, paz y libertad.

Estas palabras fueron corrompidas por los neoliberales, que aquí marcharon y pisotearon la dignidad del país, una y mil veces, hasta que el pueblo los expulsó para adoptar una nueva forma de comprender un territorio con recursos que beneficien a miles de familias.

Pero ahí no acabó la historia de Bolivia, faltaba un recordatorio de lo nefasto de las dictaduras. Así, de la mano del crucifijo de un racista y regionalista, líder de una rosca de codiciosos, el 2019 quedó marcado por la toma del Estado con un gobierno de facto que actuó en desmedro del grueso de la población, con medidas económicas que solo beneficiaban a una clase.

En esa coyuntura –en que la oposición logró hacerse del Ejecutivo por un año–, con la incapacidad de conducir un país, no pudieron reformular la economía ni potencializar inversiones en infraestructura. Solo se dedicaron a lucrar con la pandemia y gozar con el poder.

Al terminar ese tiempo, la mayoría de los actores que acompañaron ese proceso antidemocrático huyeron. En ese momento empezó la construcción del nuevo Estado, con retos muy grandes, uno de ellos castigar a quienes atentaron contra los derechos civiles.

Janine Añez, la cabeza de ese gobierno, fue apresada por delitos contra la Constitución, corrupción y por las masacres. Pero, la causa judicial se encuentra comprometida por la victimización de quien debe responder por la muerte de bolivianos y por la fuga de divisas al extranjero.

Esta persona se apoyó en militares y en los intereses de roscas que se enriquecieron, mientras la población estaba seriamente afectada en su salud debido al manejo inadecuado al enfrentar la pandemia.

Hoy, cuando se la ve en huelga de hambre o “sufriendo” por el encierro, deben venir a la memoria las miles de familias que durante su mandato perdieron su empleo. Ellas igual pasaron hambre, pero con la diferencia de que eran inocentes. También reviven las imágenes de una madre encadenada a una cama, donde perdió a su bebé por falta de atención médica y los miles de bolivianos que lloraban a sus muertos pidiendo justicia.

La pregunta es, ¿qué pensaba esta mujer al ordenar esos actos, que iban a quedar en la impunidad? Y, ¿dónde estaban los medios de comunicación para denunciar estos hechos?

Hoy la “víctima” está en todos los medios amarillistas que hablan del “sufrimiento” de una dictadora en la cárcel, atrapada en su propio laberinto. También se bombardea con imágenes del ex Vicepresidente de Goni que toca la puerta de la penitenciaria. Al verlo se recuerda a los fascistas arrodillados en los cuarteles para que salgan los militares a reprimir.

Este exmandatario y el pupilo de Banzer ayudaron a que los militares salgan y no les tiemble la mano para disparar a la gente que pedía democracia.

No se debe caer en el juego sucio de la confabulación internacional, la responsable no debe salir de su encierro, se debe condenar a sus cómplices y recordar esta página de la historia boliviana como una de las más nefastas.

Max Baldivieso es periodista

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