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La ilegalidad es la derrota del pueblo
Opinión

La ilegalidad es la derrota del pueblo

Por: Max Baldivieso

Como todo lo coyuntural es relativo y confuso dentro del quehacer noticioso en el país, creo que la mejor descripción de lo que pasó es lo que encontré en las redes sociales en un meme que decía: “¿Qué hiciste hoy Bolivia?” y el mapa del país mostraba un periódico. Me pareció sugerente la pericia del autor de este meme de mostrar un periódico y no un celular o una Tablet. Así fue la semana, una serie de hechos concluyeron con un gran perdedor, el ciudadano que depende de sus actividades diarias para seguir adelante con su vida y la de su familia.

Hubo un alud de acontecimientos. La marcha de indígenas –denunciados por alquilar tierras de origen comunitario a los agroindustriales–, la nota de prensa en algún medio de comunicación con el nombre de un Gobernador envuelto en los Panamá Papers y las declaraciones del “hidalgo” ciudadano portador de la “dignidad” de los blanqueados de este país. Este representante del “civismo” verde y blanco pedía la anulación del proyecto de la Ley de Legitimación de Ganancias Ilícitas, Financiamiento del Terrorismo y Financiamiento de la Proliferación de Armas de Destrucción Masiva o no Convencionales.

Todos sabemos que este intolerante, al declarar un “paro cívico” en contra de esa ley, solo quiso librar de la justicia a ese Gobernador. Misterioso no es, porque el primero en rendir cuentas sería el individuo cuyo nombre está en paraísos fiscales. Asimismo, vimos a empresarios –que siempre claman por la legalidad y que todos declaren sus importaciones y paguen impuestos– marchando junto a los informales gremiales.

Recordemos que la ley no iba en contra de gremialistas, ya que “informalidad” no es sinónimo de ilegalidad. El proyecto de ley buscaba proteger las actividades de estos para que no sean utilizadas por las organizaciones criminales como instrumento para introducir recursos mal habidos. Además, al hablar de lavado de dinero nos referimos a que están en juego grandes cantidades de dinero (millones), por lo cual no se alcanza, de ninguna manera, a los pequeños comerciantes.

Entonces, ¿con qué grupo gremial se dieron la mano? ¿Estamos hablando de quienes basaron su fortuna en contrabando valorado en cientos de miles de dólares? La duda es si esta actividad afecta a los pobres empresarios, que son defendidos por comités cívicos, que se dieron la mano para buscar la anulación de esta ley con cooperativistas, políticos, jueces y policías corruptos. Mejor no sigo, porque es muy larga la lista de quienes no quieren una ley que controle lo ilegal.

Lo más triste es que ciudadanos que se levantan a las 5 am y duermen a medianoche apoyan a grupos que solo piensan en sacar con impunidad divisas del país hacia paraísos fiscales.

Esta Bolivia, como el meme, muestra el periódico lleno de intolerancia en las calles y no a los millones de bolivianos que siguen luchando en paz por la reactivación de este país golpeado por la pandemia.

Los milagros nunca vienen solos (como la victoria de la Selección en dos partidos seguidos, que es tan raro como las lluvias en el Oriente nacional, debido al desmonte y el monocultivo), este vino acompañado de la derrota del ciudadano que gritaba “gol” desde el cubículo en alguna oficina; del que sacaba brillo a algún soñador que iba a la entrevista de trabajo; de la señora que miraba atónita los goles, mientras mezclaba el fresco de moconchinchi, o de algún carpintero distraído que cepilló por error una madera ya acabada, mientras sus ojos se deleitaban con el cuarto gol de la Selección. Todos ellos perdieron cuando la Ministra de la Presidencia –claramente afectada– declinó la continuidad de una ley que podría legalizar lo ilegal y poner en su lugar a los ladrones de cuello blanco.

Esta situación nos deja una lección, que, si se intenta hacer nuevas leyes para legalizar la riqueza en el país, se sociabilice y se llegue a cada boliviano para no ser víctimas de la desinformación ni de la manipulación comunicacional de los “dueños” de estas fortunas mal habidas.

Max Baldivieso es periodista

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