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(E)lecciones en tiempos de amores líquidos

Por: Adalid Contreras Baspineiro

Los cambios de estos tiempos son en su conjunto alteraciones de la normalidad establecida, fundamentalmente por las interdependencias entre los condicionamientos desestabilizadores de la pandemia, las expresiones de una crisis multidimensional que estamos aprendiendo a leer pero no a enfrentar, todavía, y por los esperables aunque no previsibles reacomodos que están ocurriendo en el campo político.

Las alteraciones en el campo político suelen aparecer como innovaciones, porque muchas de sus expresiones son sorpresivas y rompen el libreto de la rutina en la que el mundo vivía enfrascado trabajando respuestas para las tareas pendientes del siglo pasado. Para no caer en el entusiasmo de afirmar que nuevos paradigmas han transformado la política, digamos con cautela que las orientaciones políticas están aprendiendo a mirar la realidad y sus proyecciones con ojos de este siglo.

Estamos viviendo un proceso de reacomodos obligatorios que tienen sus arrastres de institucionalidades legitimadas, sus entierros de rutinas, sus novedades, y sus transformaciones. Y todo esto licuándose al mismo tiempo, con procesos combinados dentro de otro que marcha al ritmo de las alteraciones pandémicas de nuestros tiempos, donde se entremezclan las incertidumbres con las esperanzas.

Es en este carácter que se deben entender los reacomodos de fuerzas políticas y sus mecanismos de lucha por el poder con interpretaciones, planteamientos y actuaciones harto parecidas a la sociedad líquida que nos sugiere Zigmunt Bauman, afirmando que el cambio de patrones sociales se desenvuelve en una sociedad inestable, cambiante y temporal, es decir líquida, que transcurre con socializaciones basadas en el individualismo, a diferencia de las estructuras e institucionalidades rígidas, centralistas, machistas, etnocentristas, depredadoras y autoritarias en proceso de revisión.

No vivimos tiempos de radicalidades interpretativas, sino de acumulaciones, combinaciones, flujos y reflujos que se están reacomodando. Nos equivocaríamos admitiendo con entusiasmo desmedido que la política ha sufrido un remezón que la ha renovado. Hay entrecruzamientos que tienen que asumirse para seguir empujando procesos que ya no van a depender tanto de las determinaciones de los contextos para pensar nuevas normalidades, sino de las dinámicas que deben desarrollarse en estos procesos en movimiento con desestructuraciones y reinstitucionalizaciones al estilo del Siglo XXI.

Un ejemplo de estas convivencias de distintos tiempos lo encontramos en las recientes elecciones ecuatorianas, que muestran al menos cuatro tendencias combinadas. Una de sus principales manifestaciones es la emergencia rejuvenecida de candidaturas (Xavier Hervas, Izquierda Democrática y Yaku Pérez, Pachakutik) que a ritmo de tik tok se sintonizan con un electorado que en un 44% no ha cumplido aún los 25 años, y que asumen su politicidad en causas que enriquecen las visiones de sociedad, como por ejemplo la protección de los animales, los derechos de las poblaciones con opciones sexuales diferentes, la radicalidad en la despatriarcalización, la economía naranja, la sociedad del conocimiento, la transparencia, la participación ciudadana o las regiones sin fronteras.

Pero conviviendo con esta expresión, se debe saber ver que el correísmo, con la candidatura de Andrés Aráuz de Unión por la Esperanza, está vigente a pesar de los múltiples intentos por sacarlo de escenario, logrando el primer lugar de la primera ronda con el 32% de la votación, doce puntos por encima del segundo. En la misma línea y con una evidente pérdida de poder, la derecha representada en la alianza entre Creo y el Partido Social Cristiano otrora imbatible en la costa ecuatoriana, con el liderazgo del banquero Guillermo Lasso logra el segundo lugar con una diferencia de 30 décimas sobre el tercer (Yaku Pérez) y con sólo 3 puntos sobre Hervas.

Bauman habla de la existencia de amores líquidos en sociedades líquidas. Son amores que muestran miedo al compromiso y a los renunciamientos porque no quieren perder sus libertades. A diferencia de los amores eternos, son amores de breves episodios, pero intensos mientras duran. Son atracciones de piel, chequeos intensos, idilios furtivos que expanden el San Valentín en los amores de un verano ardiente o en las veleidades de una campaña política candente.

¿No les parece que algunos procesos políticos, aún con la reserva de que cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia, podrían interpretarse en los sentidos de estas sociedades de flujos permanentes en búsqueda de nuevas experiencias con viajes sin fronteras? ¿No creen que estas son características que explican el paso de las filiaciones políticas a nuevos enamoramientos cuando no se les corresponde y otras u otros galanes se hacen atractivos a los ojos desencantados?

Las elecciones subnacionales en Bolivia abundan en ejemplos de estos amores migrantes, que han supuesto ansias de renovación en una sociedad compleja y cambiante. La política pop ha operado con la misma contundencia que un ramo de rosas rojas, encandilando ilusionados imaginarios. ¡Cuántos corazones rotos han tenido que dejar sus chalecos con los colores de su militancia para lucir otros en los que aspiran proyectar sus esperanzas! Desde una perspectiva, las interpretaciones aferradas a las seguridades inalterables podrán aseverar que estos traslados implican transfugios masivos. Otras de autojustificación intentarán vulnerar las honras de los amores que se van acaso sin haberse ido. Desde la otra esquina se justificará el dolor de los amores no correspondidos y la necesidad de seguir siendo. Y, también, aunque no se lo diga, existirán arrumacos pragmáticos, de conveniencia.

El factor clave de reacomodo en estas sociedades líquidas es la capacidad de reinventarse en un mundo que necesita seguir combinando los factores que se componen de equidad, ética y justicia, para que los amores furtivos se hagan de alma, vida y corazón, duraderos, y para que la búsqueda a como dé lugar de votos madure en fórmulas efectivas de gobernanza.

Adalid Contreras es Sociólogo y comunicólogo boliviano, experto en estrategias de comunicación

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