Windsor Hernani – Chile: ¿Un relacionamiento comercial “justo”?

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El año 2023, Bolivia registró importaciones por un valor de 11.496 millones de dólares, mientras que las exportaciones fueron 10.798 millones de dólares; generando un déficit comercial de 707 millones de dólares. El primer mes del año 2024, la situación no cambió, las pérdidas son de 171 millones de dólares, lo que nos permite avizorar que cerraremos la gestión con un nuevo déficit en balanza comercial.

En el desagregado por país, llama la atención y a preocupación los recurrentes y crecientes déficits comerciales que tiene Bolivia con Chile por más de tres décadas.

El pasado año las compras de Bolivia  provenientes de Chile fueron de 1.015 millones de dólares ocupando el cuarto lugar – luego de China, Brasil y Argentina – con una participación del 9% del total de las importaciones. Mientras que nuestras ventas solo fueron de 171 millones de dólares, ocupando el décimo quinto lugar de destino de nuestras exportaciones, con una participación del 2% del total de las exportaciones. En el balance, el déficit comercial bilateral el año 2023 fue de 843 millones de dólares.

Las importaciones desde Chile no paran de crecer, el año 2010 eran 282 millones de dólares y el año 2022 alcanzaron la cifra récord de 1.380 millones de dólares. Entre tanto, nuestras exportaciones a Chile han pasado de 100 millones de dólares el año 2010 a 225 millones de dólares el año 2022, también es el máximo alcanzado. Es decir, en un periodo de 13 años, mientras las importaciones casi se han quintuplicado, las exportaciones solo se han duplicado.

Recordemos que el 6 de abril de 1993 entró en vigencia el Acuerdo de Complementación Económica No. 22, por medio del cual ambos países se concedieron rebajas arancelarias a un grupo de productos. A pesar que la lista fue ampliada sucesivamente, Chile aún mantiene excepciones para Bolivia, por supuesto, en aquellos productos en los que Bolivia tiene un potencial exportador.

En un contexto caracterizado por una caída estrepitosa de las reservas internacionales de 16.000 millones de dólares, a solo 1.796 millones de dólares; los déficits recurrentes y crecientes por tres décadas, como ocurre en el comercio Bolivia – Chile, debieran preocupar porque deben ser cubiertos con divisas, que no hay; y por tanto, generan solo deuda y más deuda.

Así como el relacionamiento político con Chile no es el adecuado, el relacionamiento económico tampoco, máxime si éste se desarrolla en el marco de un Acuerdo Comercial.

La teoría económica del comercio internacional es clara e inequívoca, recomienda que un país debiera participar en acuerdos comerciales sólo si dichas actividades le reportan alguna utilidad. En el caso que nos ocupa no existe beneficio, o mejor dicho el beneficio es sólo para Chile.

Lastimosamente, a las autoridades del Ministerio de Relaciones Exteriores, que a través del Viceministerio de Relaciones Económicas Internacionales e Integración son los responsables, parece no importarles.

Así, las reuniones de la Comisión Administradora del Acuerdo estuvieron postergadas por once años. Aunque el año 2021 fueron retomadas, los resultados son nulos, pero como siempre con una retórica inocua. El representante de la diplomacia de los pueblos afirmó que la reunión “marca un hito importante, como punto de partida de un nuevo relacionamiento comercial entre Bolivia y Chile para avanzar y profundizar en las enormes potencialidades y de complementariedad  económica comercial entre ambos países”.

Las cifras anteriores por supuesto no registran el contrabando, donde Chile ocupa el principal origen de las mercancías ilegales y donde la zona franca de Iquique es el principal abastecedor, sin que hasta la fecha exista un acuerdo efectivo de cooperación aduanera que permita un combate adecuado a autoridades bolivianas.

Así por ejemplo, cuando un vehículo es robado en territorio chileno y es internado a Bolivia, el hecho es reportado a la policía boliviana para su secuestro y posterior devolución. Es más, se han desarrollado operativos conjuntos para el combate de robos de vehículos (operativos que por supuesto valoramos).

Sin embargo, no existe reporte alguno cuando el vehículo proviene de una zona franca chilena, transita tranquilamente por territorio chileno hasta llegar a frontera boliviana. Claro, para ellos son ventas que generan ganancias a empresas residentes en Chile y aunque a ellos no les perjudica no están dispuestos a proporcionar información alguna de lo que ocurre en zonas francas. Es el comercio de los denominados autos “chutos” que dañan la economía boliviana. Ni qué decir de la ropa usada que por supuesto llega por puertos chilenos.

El modelo social comunitario productivo, en su vertiente comercial, ha proclamado “el comercio justo” que es sinónimo de equitativo, racional, ecuánime. Entonces me pregunto: ¿es éste un comercio justo?

Windsor Hernani Limarino es economista y diplomático de carrera

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