Bruno Rojas – “Se necesita ayudante de cocina”. la realidad del empleo en Bolivia

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Tener un empleo en la Bolivia capitalista de hoy no significa tener un buen trabajo y en un puesto de mayor calificación laboral con buenos ingresos económicos tal como es la aspiración de la gran mayoría de la población que debe resignarse a tener empleos pobres, particularmente en el sector informal. Para ilustrar esta aseveración, analizo los “anuncios laborales” publicados hace aproximadamente dos semanas en los paneles dispuestos en una avenida céntrica de la ciudad de La Paz y que concita la atención de muchas personas, especialmente de los jóvenes.  En estos “anuncios” se puede apreciar con facilidad el tipo de puestos de trabajo demandados por los circunstanciales empleadores y que evidencia la mala calidad de los empleos generados en Bolivia.

En primer lugar, la gran mayoría de los “anuncios laborales” estaban referidos a puestos de trabajo de baja calificación laboral en los que, el nivel de educación de los interesados en trabajar, su experiencia laboral y pretensión salarial contaban poco o nada. Ayudantes de cocina, “preventistas”, azafatas, impulsadores de venta, meseros y encargados de fotocopiadoras, eran algunos de los empleos demandados que trasuntaban claramente su bajo nivel de calificación laboral. De 35 avisos, solamente cuatro estaban referidos al requerimiento de profesionales como un administrador de empresas, contadores y de un odontólogo, y 31 avisos aludían a puestos de baja calificación laboral como los mencionados.

Varios estudios del Centro de estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario realizados en las dos últimas décadas revelaron que un rasgo del mercado de trabajo urbano en Bolivia que fue consolidándose como una de sus características estructurales fue precisamente la creación predominante de empleos y trabajos de menor calificación laboral en contraste con la mejora constante del nivel educativo de la población, especialmente juvenil. Dos estudios de esta entidad de investigación develaron que alrededor de 65 de cada 100 empresas en La paz y El Alto tenían o requerían trabajadores jóvenes para puestos de menor o ninguna calificación laboral. Un empleo de este tipo generalmente se asocia con empleos precarios, desprotegidos y sin derechos laborales.

En segundo lugar, por el tipo de puestos de trabajo requeridos, se puede inferir que los demandantes no eran precisamente grandes y medianas empresas o alguna entidad estatal, sino, los propietarios o responsables de establecimientos familiares y semiempresariales, mal llamados hoy emprendimientos, vale decir, empleadores insertos en el sector informal de la economía que requieren fuerza de trabajo de manera temporal o permanente, especialmente de “jóvenes y señoritas” con o sin experiencia y dispuestos a trabajar muchas horas. El mundo del trabajo informal es hoy demandante de trabajadores y trabajadoras, pero, bajo condiciones precarias extremas.

En tercer lugar, los dos aspectos señalados convergen en algo que se vino adelantando: el tipo de puestos de trabajo requeridos apuntan predominantemente a la generación de empleos muy precarios, ya no como resultado de un proceso de precarización de las condiciones de trabajo como viene dándose en otros sectores y actividades económicas, sino como un mecanismo o práctica “normal” de contratación y creación de empleos. Sueldos por debajo del salario mínimo nacional, contratos a medio tiempo, pago por comisión, jornadas de trabajo diarias y semanales prolongadas, sueldos con “mesa” o “sin mesa” y ausencia de contratos escritos, son algunas de las condiciones impuestas por los empleadores del sector informal que ignoran la legislación laboral vigente y que se han convertido en criterios convencionales de uso de fuerza de trabajo.

Se necesitan ayudantes de cocina, meseros, vendedores ambulantes, promotores de venta, “volanteros”, “preventistas”, son demandas que pueden fácilmente leerse en otros paneles de “casas comerciales”, en avisos de periódicos y en los medios virtuales. Son estos requerimientos laborales que muestran un otro rostro de la mala calidad del empleo en Bolivia y del fracaso del capitalismo y de sus modelos económicos implementados en el país en la creación y promoción de “trabajo digno” para la población trabajadora.

Bruno Rojas Callejas es investigador laboral

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