Adalid Contreras – Gobierno de la vida

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La campaña de Gustavo Petro interpretó, se subió y bailó al ritmo de la dinámica realidad colombiana que, desencantada con su política tradicional que hizo crisis con la pandemia, respiraba cambio. El premonitorio eslogan “El cambio es imparable” que embanderó el Pacto Histórico, marca la voluntad por encarar la crisis multidimensional, que en el país cafetero tiene dos particularidades: la paz inconclusa y la alta sensibilidad a los flujos del mercado internacional.

Los TLC son el cordón umbilical que vincula a Colombia con una economía mundial donde se le asigna roles en la producción y exportación de materias primas e industrialización de bienes intermedios, condicionándose a la importación de bienes de capital con contenido tecnológico, así como a un sistema de libre movilidad de bienes, servicios y flujos de capital y fuertes restricciones a la movilidad humana. Desafortunadamente, los TLC no generan el esperado crecimiento económico, ni la generación de empleos, ni la reducción de la pobreza, dándose por el contrario un proceso deficitario en su balanza comercial, especialmente por la caída de los precios internacionales del petróleo y minerales, que representan el 63% de sus exportaciones, y cuya producción implica grandes costos ambientales.

Entre otros temas sensibles están la importación de cerca de 49 millones por toneladas de alimentos, con una exportación de 8 millones por productos agrícolas, en una realidad de ampliación del uso de tierras aptas para la agricultura en la ganadería extensiva y la minería de exportación. El encarecimiento del costo de vida se hace insostenible, aumenta la inflación y el Plan Colombia fracasa en sus propósitos de lucha contra el narcotráfico, incentivando por el contrario el gasto y la asistencia militar y la afectación de la paz.

En estas condiciones Colombia busca un cambio, voluntad ya expresada en los resultados de la primera vuelta electoral, donde cerca del 70% de los colombianos votaron por las propuestas de Petro y Hernández. Por eso la segunda vuelta consistió en la definición de las características de ese cambio que refleja un estado de búsqueda de transformaciones. Hernández buscar sumar con una campaña de distracción y de oposición más que de proposición. Petro transparenta su propuesta con una campaña más realista que triunfalista, porque sabe que el cambio de paradigma que propone no puede basarse en la venta de imagen y de promesas, sino en la adhesión comprometida a su plan “Colombia potencia mundial de la vida”.

El voto de las mujeres, de las juventudes, de los pueblos indígenas y afrodescendientes, de los campesinos, de los pobres de las ciudades, de los desplazados, de clases medias empobrecidas y de “los nadie” deciden el triunfo del Pacto Histórico y su proyecto de una nueva historia basada en la política del amor. Contundente paradigma para un país tensionado en grado extremo por la polarización política y por la guerra. Por eso las primeras palabras de Petro, una vez reconocido su triunfo, sonaron con eco histórico en el pasado y en el horizonte, cuando afirmó que es un cambio para dejar atrás el odio y el sectarismo, ofreciendo como fórmulas para ello tender puentes para el encuentro y el diálogo.

Petro asume su triunfo como el resultado de la suma de largas luchas de resistencia y de rebeldía por la vida. Es en ese marco que gana sentido su propuesta del “Gobierno de la Vida”, asentado en tres pilares: la paz, la justicia social y la justicia ambiental que, en su articulación definen el “Vivir Sabroso” o vivir bien / buen vivir en armonía, en libertad y en espléndida existencia.

La paz la asume política, jurídica, espiritual individual y social. Y el camino propuesto para construirla es un gran acuerdo nacional, un gran diálogo que empieza en pactos locales y regionales que van tejiendo desde su diversidad un país nuevo, de convivencia pacífica con ejercicio y garantía plena de los derechos fundamentales empezando por el desarme, para que las armas dejen de disparar, porque –dice Petro- “paz no es matarnos unos a otros, sino amarnos los unos a los otros”.

La justicia social, en estrecha relación, empieza construyendo democracia. Uno de sus fundamentos es el pluralismo en su expresión ideológica, étnica, social y económica. Petro aboga por una economía popular con créditos accesibles, mercados, educación, conectividad y tecnificación, en la misma dimensión que propone incentivar la empresa privada. El elemento articulador de lo que denomina economía colaborativa es el tránsito del extractivismo a una economía productiva basada en el conocimiento.

La justicia ambiental se entiende como la preservación de la vida. Petro sabe sobre la gravedad de las afectaciones en la amazonía y en las otras cuencas que absorben la contaminación originada por los gases invernaderos. Propone por eso la acción concertada continental, sin exclusiones, contra las causas y efectos del cambio climático, en favor de las energías limpias y en compromiso con la vida preservando el agua y la naturaleza.

Petro caló hondo con sus propuestas, entre las que tiene un papel relevante la política internacional. Plantea la reconducción de sus relaciones comerciales y de seguridad con los Estados Unidos, anuncia la recuperación de relaciones con su vecina Venezuela y el dinamismo comercial que les permitía la exportación de bienes manufacturados a cambio de tecnología petroquímica, y sugiere el impulso renovador de la integración latinoamericana.

La campaña colombiana ratifica que en las estrategias los dispositivos técnicos no están por encima de las realidades, sino que funcionan cuando se enganchan con ellas y las dinamizan. Hernández apostó a la desinstitucionalización y asentó su campaña en el miedo contenido en el deseo del cambio, descalificando a su oponente. Petro optó por la construcción de la esperanza. Quedan infinidad de desafíos que Francia Márquez dijo se deben recorrer procesualmente, sumando conquistas y solidaridades. Como fuere, Colombia se ganó su derecho a Vivir Sabroso.

Adalid Contreras es sociólogo y comunicólogo boliviano. Director de la Fundación Latinoamericana Communicare

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