El peatón en la Ley de Transportes

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Chompa azul, jeans, bolsón en bandolera, pasa raudamente por mi costado derecho, pechea a la señora sesentona que va por delante y al verse bloqueado entre anaqueles y otros peatones opta por bajar de la acera a la calzada; un bocinazo del vehículo que recorre lentamente sobre la calle colón, entre la Juan de la Riva y la Camacho, lo sacude un poco, pero no frena su apuro. Acaba de violar el artículo 94 de la Ley Municipal de Transportes de La Paz a eso del mediodía; cometió una infracción, merece una sanción.
Sábado, calle Calatayud, zona Cementerio, un río de gente recorre y camina en zig zag entre los resquicios que dejan los autos que se mueven lentos como carros fúnebres porque en estos lugares manda el peatón, el comercio y no la ley. Que caiga el artículo señalado con toda su fuerza sobre estos peatones irrespetuosos, castigo pecuniario por “cruzar la calzada por delante de un vehículo detenido, cuando no le asiste derecho de paso”. Salvo que la ley establezca excepciones durante las jornadas de mayor venta, cuando vehículos y peatones se disputan la calzada porque las aceras han sido tomadas por el negocio.
Miércoles, de mañanita, calle Tumusla, entre la plaza Eguino y la Buenos Aires. Centenares de vendedoras de ropa copan prácticamente el 50% de la calzada y dejan a micros, minibuses pequeños espacios para que se pasen rozando. Es un hervidero de gente, donde corren millones de bolivianos en compras y ventas. Vienen comerciantes de todas partes y desconocen que ya hay una ley que les sanciona si caminan “de forma imprudente en la vía causando riesgos para otros peatones o para la circulación vehicular”. Hora de ordenarnos, no bastan las cebras, dicen Algunos. Coincido, pero tengo dudas.
Sábado, 10 de la mañana, las fricaserias están llenas de mujeres y hombres, muchas de ellas y ellos algo ausentes del mundo. Los delatan sus ojos rojos, pero lo disimulan con gafas. Apenas comienzan a caminar los delata su cuerpo tambaleante. Son inofensivos, saludan amablemente a los presentes y hasta piden perdón para pasar de frente, sin embargo, la Ley de Transportes les prohíbe transportarse sobre sus dos piernas por cualquier calle de La Paz. No afectan el derecho de nadie, pero afectan el suyo, su libre circulación.
Prohibido borrachos por la calle, coincide un artículo de la propuesta de Ley contra el Alcohol, presentado por el gobierno hace meses. Apenas se lo conoció, centenares de personas se embriagaron criticándolo, pero se durmieron cuando apareció la ley del MSM. Se fijaron en el quien y no en el qué o, probablemente, es una respuesta a los antipáticos choferes, sin darse cuenta que la norma les afecta de manera directa, sólo que no es del MAS.
Pues, deben saber que los choferes son hijos de la sociedad, donde hay arquitectos crápulas que te engañan sin tramos por un trabajillo; abogados tramposos que van en contra ruta de la ética para inducirte a un juicio inútil; médicos que se pasan la luz roja de la vida cuando se trata de defender sus negocios; o empresarios que se quedan con nuestros tributos sin respetar las tarifas. Sólo que nos enteramos de éstos de vez en cuando  porque no tenemos el contacto diario como con los choferes, quienes reclamaban cosas elementales y el Alcalde los escuchó, en buena hora.  
La Ley Municipal de Transportes es necesaria, pero corre el riesgo de ser inaplicable para el millón de peatones que “reinan” en muchos espacios de la ciudad, no porque les da la gana, sino porque la infraestructura de la ciudad les obliga.
Y cuando una ley es aplicable sólo a una minoría (choferes) y no a la mayoría (peatones) termina siendo injusta o pasa a ser un papelito con artículos muertos.   

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