Cuando la mentira es un oficio

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Héctor Arce Zaconeta (Tomado de El Deber)

¿Puede alguien imaginarse vivir de la mentira? Sin duda, Raúl Peñaranda es la prueba viviente de aquello. Modus vivendi hecho nuevamente evidente en su reciente columna Las responsabilidades del ministro Arce Zaconeta, publicada el 19 de abril en el periódico Página Siete.

Esta nueva perla en el relicario de mentiras del señor Peñaranda, no amerita una respuesta a detalle, ya que es bien sabido que la verdad se defiende por sí misma, mientras que la mentira necesita siempre de cómplices y repeticiones. No obstante, lo interesante de este artículo es que pone de manifiesto los nuevos roles de aprendiz de jurista, juez omnisapiente y cortesano de la discordia que ha decidido jugar Peñaranda.

En su rol de aprendiz de jurista, Peñaranda intenta interpretar las atribuciones del cargo de ministro de Justicia afirmando que en lugar de generar políticas de acceso a la justicia y defensa de los derechos fundamentales, nuestra supuesta función sería buscar «la perpetuación en el Gobierno y para ello tiene que violar, forzar y eludir lo establecido por la Constitución, las leyes y los acuerdos internacionales».

Afirmación claramente política, que ni los más experimentados juristas opositores han podido defender. Siendo aún más cuestionable que a causa de la pulsión mitómana y sesgo político del señor Peñaranda, no desee mirar nuestra agenda diaria de trabajo. Nuestras políticas en defensa de la niñez y de la mujer. Nuestras acciones concretas contra la manifiesta injusticia de muchos casos judiciales como el de Reynaldo Rodríguez Vale en Santa Cruz, nuestros pasos firmes hacia la implementación seria de la meritocracia como sello distintivo de la función notarial y judicial, políticas que han sido ampliamente reconocidas incluso por organismos internacionales.

Nuestras acciones coordinadas con el Ministerio de Gobierno, la Defensoría del Pueblo y el Órgano Judicial para corregir la retardación de justicia y el hacinamiento carcelario y, en suma, todos los esfuerzos que el Gobierno nacional realiza para avanzar en la modernización del sistema de justicia, cuyo lastre colonial es innegable y requiere una transformación gradual y profunda. Deshonestidad periodística que refleja el peso que ejerce su distorsión cognitiva, fanatismo político y odio declarado que profesa contra un Gobierno indígena, y en mi caso contra una persona que ni siquiera jamás ha conocido.

En su nueva función de juez omnisapiente, Peñaranda ha alcanzado la cúspide de su carrera recién iniciada. Como ningún otro juez en la historia boliviana, en solo seis párrafos despacha veredictos sumarios  sobre causas judiciales de gran sensibilidad social: separatismo, terrorismo, violencia contra la mujer, violación de un recién nacido y asesinato. ¡Eureka! – seguramente se dijo a sí mismo el Señor Peñaranda – cuando escribió su nota, imaginándose sentado en el estrado judicial con mazo y expediente al lado. No obstante, este burdo ejercicio especulativo hace exactamente lo que él supuestamente imagina y critica: mediatizar y polemizar casos judiciales, promover sus concepciones subjetivas de justicia aprendidas en redes sociales y finalmente tratar de impactar en el trabajo que de la manera más independiente deben ejecutar los actores judiciales y policiales. Sin duda, esta es una nueva medalla en el relicario de la doxología irresponsable que ejerce el señor Peñaranda.

Finalmente, haciendo gala de sus dotes de cortesano, se me atribuye la función de canciller. Afirmación cuyo único objetivo es sembrar discordia en un equipo de servidores del pueblo que, muy al contrario, se conocen bien, trabajan lado a lado y no tienen otro propósito que el de servir a los altos principios y objetivos de una revolución social, política, económica y cultural, nunca antes vivida en nuestra historia.
Raul Peñaranda, a lo largo de estos años se ha rifado el único patrimonio que posee un periodista: su buen nombre y credibilidad.

Como lo afirmara el escritor argentino Tomás Eloy Martínez, «cada vez que se firma un artículo insuficiente o infiel a la propia conciencia, se pierde parte de ese patrimonio, o todo». Al día de hoy, Raúl Peñaranda es promotor de intereses familiares y empresariales chilenos, boliviano odiador de nuestra nueva identidad social, mitómano incendiario al servicio de intereses extranjeros, y como vimos, jurista, juez y cortesano. Lamentablemente, nunca más un periodista.

* Héctor Arce Zaconeta es ministro de Justicia.

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