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Arce aprovechó un show de un militar de izquierda para culpar de «golpe fallido» a la derecha

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Andrés Gómez Vela

“Golpe de Estado” fue el tema favorito de Luis Arce desde que asumió la Presidencia en noviembre de 2020. La última vez que lanzó un discurso sobre esa materia fue en el Aniversario de la Policía, el 24 de junio pasado. Ese día denunció sin pruebas movilizaciones para acortar su mandato. Dos días después, el 26 de junio, un militar armó un show en la Plaza Murillo y Arce lo aprovechó para mostrar en vivo y directo que (por fin) el “golpe” había llegado.

Pero no era un “golpe de Estado”, sino una parada de gallo de un militar de probada fidelidad a su persona. No provenía de la derecha, sino de la izquierda. El general Juan José Zúñiga, hoy excomandante del Ejército, gritó a los cuatro vientos su pertenencia masista. En reiteradas ocasiones, expresó su predisposición a defender la “revolución” socialista de los «oligarcas».

¿Cuál la causa de la molestia de Zúñiga?

En noviembre de 2022, el Presidente Arce nombró por razones ideológicas a Juan José Zúñiga como comandante del Ejército. Si aplicaba la escala de los méritos, el militar de marras no iba a ocupar el cargo porque no era el primero ni segundo ni siquiera el tercero de su promoción del Colegio Militar, era el número 48 de 65 egresados.

Zúñiga justificó su ascenso con una retórica algo populista: “Antes, los cargos de comandante estaban reservados para ‘castas’ y ‘logias militares”.

En una entrevista, ERBOL le preguntó si era ético que teniendo el puesto 48 de su promoción haya llegado a ser comandante. “De qué te sirve ser primero si traicionas a tu pueblo, si masacres a tu pueblo. El Presidente, puede escoger al que mejor le parezca que va a acompañar su gestión”, respondió.

Zúñiga demostró su militancia con el gobierno izquierdista del Estado Plurinacional cuando dijo al “hermano presidente Luis Arce” que “no debemos quedarnos en silencio ante los aprestos desestabilizadores de pequeñas logias oligárquicas”. La amenaza del jefe militar contra bolivianos que no piensan igual que el régimen fue lanzada en un auditorio lleno de militares.

Dos días antes de la Navidad del 2022, Zúñiga repitió la retórica masista al calificar como “golpe de estado” la rebelión popular de 2019 que echó al gobernante de entonces, Evo Morales, por haber violado la Constitución, por haber desobedecido la orden popular del referendo de 2016 y por el fraude que cometió ese año. También por esos días, Zúñiga se declaró enemigo de la expresidenta Jeanine Añez.

Para probar su fidelidad total al presidente Arce, la noche del 24 de junio, el mismo día que Arce denunció sin evidencias movilizaciones para acortar su mandato, Zúñiga advirtió que el jefe del MAS y expresidente, Evo Morales, “no puede volver a ser más Presidente de este país (porque), legalmente está inhabilitado” y amenazó con detenerlo para evitar su postulación en las elecciones nacionales de 2025.

En respuesta, el aludido señaló que en democracia nunca hubo una amenaza militar de ese tipo” y afirmó que “si (esas declaraciones) no son desautorizadas por el Comandante en Jefe, Ministro de Defensa, Presidente y Capitán General de las Fuerzas Armadas, se comprobará que lo que en verdad están organizando es un autogolpe”.

La tarde noche del martes 25 de junio, diferentes medios de comunicación informaron que Zúñiga había sido destituido por sus declaraciones contra Morales. “Según fuentes del Gobierno, el presidente Luis Arce convocó a Zúñiga y le comunicó su decisión”, informó el periódico La Razón. “El general Zúñiga ya entregó su despacho, la noche de este martes”, dijo El Deber.

Por tanto, deduzco que la noche del mismo martes 25 de junio el Presidente ya tenía la conformación del nuevo alto mando militar.

Sin embargo, la mañana del miércoles 26 de junio, Zúñiga apareció en un acto en el Estado Mayor de Miraflores. Su presencia comunicó que seguía ejerciendo como comandante del Ejército. Por la tarde, a eso de las 14:30, Zúñiga se dirigió a la plaza Murillo en un carro blindado del Ejército, acompañado de un contingente de la Policía Militar y de  los comandantes de la Fuerza Aérea Boliviana, Marcelo Zegarra; y la Fuerza Naval, Juan Arnez.

En contacto con los periodistas, declaró entre otras cosas que “no puede ser que la lealtad de los comandantes se pague con deslealtad, basta de servicio”. Estas palabras comunicaban que Zúñiga estaba exigiendo al Presidente que sea leal con él así como él lo fue con aquel a tal punto que lo demostró públicamente atacando a los adversarios políticos de Arce como si fueran suyos.

¿Por qué la parada de gallo de Zúñiga en la plaza Murillo? Porque estaba muy molesto contra el Presidente por su destitución, hecho que lo consideraba como una deslealtad hacia su persona después del “servicio” que le había prestado. Dicho de otro modo, Zúñiga fue a la plaza Murillo a exigir que el Presidente le mantenga por lealtad en el cargo o que le nombre, por ejemplo, Ministro de Defensa.

El general insubordinado tenía razones para creer que Luis Arce le apreciaba, no sólo porque jugaba basquetbol con él, sino porque le había nombrado comandante del Ejército sin merecimiento alguno y pese a haber sido acusado de un desfalco de Bs2.7 millones del pago de los bonos Juancito Pinto y Dignidad y viáticos durante su gestión en el Regimiento REIM-23 Max Toledo de Viacha, entre 2012 y 2013.

Luego, el teatro

El presidente Luis Arce destituyó a Zúñiga el martes 25 de junio. Esa misma noche, las unidades del Ejército se enteraron de la noticia. Las unidades de las fuerzas Aérea y Naval también estaban informados de que en las siguientes horas iba a haber un nuevo alto mando militar. Por tanto, los militares sabían que Zúñiga ya no tenía mando como para hacer un golpe de estado.

Seguro de esa situación porque él mismo lo había causado, Arce optó por aprovechar la “molestía” de Zúñiga para confirmar su propia teoría conspirativa de “golpe de Estado”. Era la oportunidad para demostrar que sus alertas no habían sido mera retórica. Pero la puesta en escena, para ser creíble, tenía que tener algo de drama, algo de épica, algo de heroísmo, algo de clímax, algo de realismo mágico. Además, tenía que ser divulgado en vivo y directo por los medios de comunicación y las redes sociales para lograr su objetivo.

Entonces, a partir de la secuencia de sucesos, se puede inferir que Arce se propuso convertir una parada de gallo de su amigo militar en un golpe fallido.

Pero no fue un golpe, sino un auto-golpe fabricado de forma oportunista. Auto-golpe porque Arce causó de forma indirecta la secuencia de hechos. Dejó que los “hechos” sucedan porque estaba seguro que no generaban ningún riesgo contra su gobierno ni contra su vida. Por eso, se sacó el chaleco antibalas, tomó el bastón de mando y enfrentó en la puerta de Palacio y delante de cámaras a su amigo que actuaba de “militar golpista”. Si hubiera querido frenar los hechos de principio, Arce hubiera tomado juramento al nuevo alto mando a primera hora del miércoles 26.

Creía que esa escena “heroica” mutaría su imagen de destructor de la institucionalidad democrática a defensor de la democracia, y contrastaría con una escena de 2019 en la que se ve a su principal rival político huyendo del país en lugar de quedarse valientemente a materializar su falso dilema: “patria o muerte”.

Según una publicación de La Razón, Arce se enteró de la aventura de su compañero de Basquetbol a las 11:30 del 26 de junio. Es decir, tres horas antes de que Zúñiga llegue a la Plaza Murillo.

“El presidente Luis Arce es informado del movimiento irregular militar cuando estaba en un acto de la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB), en El Alto. Confirma que los tres comandantes castrenses no responden a sus teléfonos. Y por ello apuró su retorno a La Paz.”, informó ese medio el 30 de junio.

Este dato lleva a la conclusión de que el Presidente llamó a Zúñiga antes del mediodía del 26 de junio y al no recibir respuesta, ha tenido que convocar de inmediato a los nuevos miembros del alto mando militar para apurar la posesión en Palacio. Es decir, los nuevos jefes militares, entre ellos el general José Wilson Sánchez Velásquez, ya estaban en la denominada Casa Grande del Pueblo cuando Zúñiga llegó a la Plaza Murillo.

El acto comenzó a eso de las 17:00 horas. A las 17:30, Zúñiga se retiró de la plaza Murillo porque su movimiento había recibido un rechazo generalizado y porque el nuevo comandante del Ejército pidió, luego ordenó (porque alguien lo corrigió usar ese verbo) retornar a sus cuarteles al contingente militar que se había movilizado.

Zúñiga ya no tenía poder de mando el 26. Convenció a los comandante de la Fuerza Naval y de la Fuerza Aérea acompañarles a Palacio para hablar en Plaza Murillo con el Presidente indicándoles que no puede haber tanta deslealtad de alguien que recibió fidelidad perruna.

El comandante de la Fuerza Aérea Boliviana (FAB), general Marcelo Zegarra, declaró el 27 de junio ante la Policía que el general Zúñiga pidió acompañarle, junto a otros militares, a una reunión en la Plaza Murillo. No menciona que la movilización de soldados y blindados fue para dar un golpe de Estado. Después apareció una sospechosa declaración ampliatoria en la que involucra sin pruebas a las embajadas de EEUU, Libia y la Unión Europea con un «golpe fallido».

Para darle más realismo, la noche del 26 de junio el gobierno izquierdista detuvo al militar izquierdista acusándolo de «golpe». Dolido por la deslealtad de Arce, Zúñiga reveló en ese momento que la acción militar fue un pedido del Presidente para levantar su popularidad. Es decir, fue un auto-golpe.

El gobierno central negó esa solicitud del Presidente a Zúñiga, pero los hechos demuestran que Arce sí fabricó un autogolpe fallido aprovechando la molestia del excomandante del Ejército para confirmar su teoría conspirativa de que la derecha quiere derrocarlo. En todo caso, si diéramos crédito al gobierno, el intento de «golpe» vino desde la izquierda, no desde la derecha.

¿Qué puede venir después de acción militar del 26?

Si bien el presidente Arce no logró su propósito de hacer creer a la mayoría de la sociedad de que fue víctima de un “golpe de estado fallido”, sí puede usar el pseudoevento del miércoles 26 para identificar como «enemigos internos» de la democracia a opositores políticos, líderes de opinión, dirigentes sociales y periodistas críticos contra su régimen. Luego, puede violar sus derechos civiles y políticos, y perseguirlos.

Montado en este discurso, puede justificar la represión y legitimar la violencia estatal contra sectores sociales que reclaman la satisfacción de sus demandas.

Hasta el momento, no logró unificar a los seguidores del régimen en torno a la falsa defensa de la democracia contra supuestos conspiradores. Sus propios compañeros de partido (facción evista) dijeron que mintió al mundo con el show militar. Tampoco pudo erigir la imagen de Arce como el único capaz de proteger la democracia.

Sin embargo, desvió por unos días la atención de la gente que estaba centrada en la crisis económica. Una semana después, la crisis volvió a la agenda pública.

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