Andrés Gómez Vela
Si el gobierno de Evo Morales decidiera hoy hacer realidad el socialismo en Bolivia, al estilo cubano, sin propiedad ni empresa privadas, con el derecho a la información y los viajes restringidos y sin la libertad de acumular riqueza, los primeros en bloquear para evitar ese régimen serían las bases del MAS, cocaleros, cooperativistas mineros, colonizadores, campesinos y militares (salvo excepciones) porque tienen alma capitalista y neoliberal, aunque su partido dé la impresión de que se mueve hacia el socialismo.
Si ahorita mismo, el Presidente determinará -como cree el periodista español Miguel Ángel Bastenier- reponer la sociedad precolombina y que rija en serio el Ama Llulla (no seas mentiroso), Ama Quella (no seas flojo) y Ama Sua (no seas ladrón) los primeros en armar un golpe de Estado serían esos mismos movimientos. Por ejemplo, los cocaleros del Chapare no aceptarían revelar la verdad respecto a dónde va el 97% de su coca que no llega al mercado legal; y aquellos grupos vinculados a actividades non sanctas no estarían dispuestas a dejar de robar al Estado y pagar sus impuestos en beneficio de la comunidad. Menos admitirían trabajar en favor de una casta gobernante, sin beneficio individual, como sucedía en sociedades precolombinas, donde los monarcas se involucraban hasta en las intimidades de sus súbditos.
Si hoy se cristalizara el vivir bien, ellos serían los primeros en oponerse porque eso de convivir en armonía con la naturaleza, preservar la Pachamama pensando en los hijos, les suena tan lejano e incomprensible, que su espíritu depredador se refleja en la toma de parques para sembrar coca. De la contaminación minera, causada por los cooperativistas, ni qué decir. Tampoco encaja en la mentalidad de campesinos y colonizadores la propiedad colectiva de la tierra.
Las bases masistas no tienen la culpa de ser capitalistas. El neoliberalismo es forma de vida, una consecuencia de intereses de clase, de estrato. Los culpables son sus líderes que los presentaron como socialistas, defensores de la Madre Tierra, reserva moral, religiosos del vivir bien, cuando en realidad tienen las mismas ambiciones que un estadounidense o un europeo, obvio, con matices locales.
Tampoco es condenable que los líderes masistas sean capitalistas y preconicen el sistema occidental, lo deplorable es que pregonen cada día algo que no va a ser posible o se presenten con un ropaje teórico negado por su práctica diaria.
Las bases masistas no son socialistas ni defensores de la Madre Tierra ni revolucionarios, no lo fueron ni lo serán. Sus motivaciones están a la vista, los cocaleros bloquearon caminos para sembrar y “comercializar” la coca en paz y sin control; los cooperativistas, para seguir enriqueciéndose sin pagar impuestos reales al Estado (convivieron tranquilos con gobiernos neoliberales) y los colonizadores, para avanzar sobre territorios de los pueblos indígenas. De los militares basta decir que en tanto nadie afecte sus privilegios vivirán felices en sus cuarteles sea con un Presidente comunista o neoliberal.
Es justo señalar que entre cocaleros, colonizadores, cooperativistas hubo grupos que sí pelearon por un verdadero cambio. Hoy tal vez vivan decepcionados. Es probable que usted diga que el gobierno de Morales logró la redistribución del poder y de los ingresos estatales, vía bonos. Y tiene razón. Pero, por si acaso, el acceso de los indígena originario campesinos al poder comenzó en la era neoliberal y vía democracia burguesa (participación popular). Recuerde los resultados de las elecciones del 2002, cuando Quispe y Morales obtuvieron altas votaciones. Cierto, el 2006 llegaron en masa y están ahí y ya no se irán. Sólo se diversificarán -izquierdistas, derechistas- para preservar sus intereses.
Las bases del MAS no desean una alternativa al desarrollo occidental, tienen el mismo espíritu de las transnacionales: extraer los recursos naturales cueste lo que cueste para tener las comodidades de un capitalista de la globalización.
Bases capitalistas, jefes “socialistas”
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