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Y después de vacunarnos ¿qué?

Por: Max Baldivieso

Estamos en los momentos más difíciles en la historia económica del mundo contemporáneo, donde los países viven la pandemia de formas diferentes, aplicando políticas sanitarias y sociales, como es el caso de algunos líderes como Donald Trump o Jair Bolsonaro que calificaron como un simple resfriado y llevaron a sus sociedades a una seria crisis sanitaria o los países más radicales que siguieron al pie de la letra las recetas de la Organización Mundial de Salud (OMS) para superar la crisis, aplicando cuarentenas rígidas, acompañadas de inversiones en centros de salud y medicamentos que sobrelleven los efectos de este flagelo.

En Bolivia, la crisis se la vivió en varios aspectos desde lo económico terminando en los político, con un gobierno de transición que tiene hasta la fecha muchas acusaciones de hechos de corrupción, algunos ya comprobados, pero algo que lo caracterizo fue su poca conciencia social al valerse de la crisis sanitaria para lograr apropiarse de recursos económicos destinados a apaliar la pandemia.

Una vez terminado esté ciclo distorsionado de la historia de Bolivia y con una coyuntura política más estable, el nuevo regente del Estado logró vacunar 2.340.000 personas, entre la primera y segunda dosis. Según cálculos del Ministerio de Salud se podrá vacunar a toda la población hasta finales de este año, está meta dependerá mucho de la habilidad de los negociadores gubernamentales para conseguir la cantidad suficiente de vacunas.

La aparición de diferentes cepas del virus, plantea nuevas interrogantes entre ellas está si se debe generar la necesidad de vacunarse anualmente o en diferentes periodos, dependiendo de la respuesta que está sujeta a la reacción que tenga la vacuna en la población; por consecuencia el costo del virus deja una inversión altísima de los Estados y la salud pública crea una dependencia con respecto a las vacunas, las que no tienen un 100% efectividad, de poder mitigar esta enfermedad y lograr volver plenamente a la normalidad.

Esto obliga a los países a ofrecer a las farmacéuticas trasnacionales, un gran regalo, el de garantizar el monopolio en la venta del producto durante muchos años, lo que les asegura beneficios millonarios y les transfiere sin costo el conocimiento básico para producir y vender vacunas; además, les garantiza la compra de los productos, amparados en los dogmas de la propiedad privada y del libre mercado.

Estas transnacionales farmacéuticas priorizan la venta de vacunas a los países con mayor poder adquisitivo, como los europeos que monopolizan su adquisición, y de esta manera se rompe el principio de distribución equitativa en una situación de emergencia.

Dentro de estos fenómenos pandémicos, están las famosas patentes, que impiden a los Estados producir las vacunas, que irónicamente son financiadas por estos, lo que sería mucho más barato al no incluir en los enormes costos de producción y beneficios empresariales privados. Porque no tomar el antecedente de la  II Guerra Mundial, que toda la producción industrial se orientó a la fabricación del material de guerra necesario, ¿Por qué no se hace ahora lo mismo siendo una emergencia sanitaria mundial?

Cuando se inventó la vacuna de la polio en los cincuenta se dio la patente al mundo porque los niños estaban muriendo, pero en esta coyuntura no está pasando lo mismo, las grandes compañías del sector sanitario, están adquiriendo más poder respecto al resto de la población que en toda la historia de la humanidad, donde sus intereses no son los mismos que de las mayorías.

Si se forzara a una producción masiva y a la liberación de patentes de vacunas por parte de las empresas farmacéuticas, se podría vacunar rápidamente a la población no solo de los países ricos, sino de todo el mundo.

Pero lo recurrente es encontrar Estados depredadores, cuya intervención protege la privatización del conocimiento colectivo y lucrar sin escrúpulos la tragedia humanitaria mundial provocada por el virus Covid 19.

El debate entre neoliberalismo y estatismo debe ser definitivamente trascendido en el ámbito académico de la economía-política ya que, al menos en los últimos tiempos, ha servido más para estructurar discursos que lleven a un monopolio de las trasnacionales que para ofrecer soluciones efectivas a problemas reales como es el caso de la pandemia.

Lo que el mundo contemporáneo demanda son estrategias de acción gubernamental que resulten viables y que permitan adaptar y transformar estructuras en beneficio de los ciudadanos y no exposiciones dogmáticas sustentadas en ideas que si bien tuvieron importancia o razón de ser en otros tiempos históricos han dejado de responder a los enormes desafíos que enfrenta la humanidad en los tiempos actuales.

Max Baldivieso es periodista

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