Hernán Cabrera – Sistema educativo necesita cambios de fondo, no de formas

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Anuncian algunos cambios en la gestión educativa 2026, pero son mas de formas que de fondo; más de medidas que políticas educativas; más de lo urgente que lo necesario: no usar celulares en clases, prohibidas las fiestas o graduaciones de los niveles primarios, no a los textos escolares obligatorios, no a las cuotas extras para salteñas o refrigerios y otras.

Bien por un lado, era hora de acabar con las jaranas de las graduaciones de kinder, de nidito, viajes y cuotas extras que son gastos sin sentido para las familias, que deben hacer lo imposible para cumplir, porque sino el profe o la directora se enojan y el paga los platos es el alumno.

Pero es hora de asumir la decisión de encarar un fuerte y serio debate sobre la calidad educativa y todo lo que ello implica: programas curriculares, Ley Avelino Siñani que sigue vigente, el rol de los maestros y su capacitación, el sentido de la escuela para estos tiempos, los niveles de violencia escolar que se están dando, la falta de implementación de planes de derechos humanos en las aulas, la formación integral de los educandos o se les está dando solo instructivas o aprendizajes de memoria,etc.

Amerita que hagamos un acto de sinceramiento y que se asuma que hay crisis en el sistema educativo la misma que es de corresponsabilidad compartida: autoridades educativas, maestros y directores de las unidades educativas y las familias, pilares fundamentales para encarar políticas y estrategias para superar esta actual crisis que venimos arrastando durante muchos años.

Hace 132 años el filosofo alemán, Friederich Nietzsche, nos planteó las cuatro funciones esenciales que debería cumplir el sistema educativo: aprender a ver, aprender a pensar, y aprender a hablar y escribir. Esto con el propósito de que el estudiante pueda adquirir una cultura sólida y rica para enfrentar los desafíos, los problemas y los placeres de la vida.

De modo que trasladamos las preguntas a esa tríada del sistema educativo: ¿Cumplirá estas cuatro funciones el sistema educativo boliviano a estas alturas del siglo XXI y cuando se planteó y se puso en marcha un ambicioso proyecto “revolucionario”, con la Ley Avelino Siñani, que declaró entre los fines de la educación boliviana que es: descolonizadora, liberadora, revolucionaria, anti-imperialista, despatriarcalizadora y transformadora de las estructuras económicas y sociales; es comunitaria, democrática, participativa y de consensos en la toma de decisiones sobre políticas educativas, reafirmando la unidad en la diversidad; es universal, porque atiende a todas y todos los habitantes del Estado Plurinacional; es única, diversa y plural. Es unitaria e integradora y promueve el desarrollo armonioso entre las regiones. Es laica, pluralista y espiritual. Es inclusiva, etc., etc.

¿Se han cumplido algunos de estos fines en la realidad, en las aulas, en la formación y en la percepción de los alumnos? ¿Los maestros están capacitados para afrontar y  llevar a cabo este proceso de transformaciones revolucionarias?

¿Qué calidad de hombres y mujeres están formando las escuelas y colegios que deben enfrentarse a una realidad compleja, violenta, cambiante y diversa?

Mi amable lector como no soy experto en educación ni pedagogo, pero sí con mucha lectura y compromiso social, le planteo que veamos a la educación desde la filosofía, que tiene respuestas para esta crisis y desaveniencias que se están dando.

¿Cómo educar o qué valores inculcar a los estudiantes? Las respuestas nos las dio Platón en La República: “Pues bien, deben tener sagacidad para los estudios y facilidad para aprender. Hay que buscarlos de buena memoria, infatigables y amantes de todo trabajo; inclaudicables en la verdad, la templanza, el valor, la nobleza de espíritu y demás partes integrantes de la virtud. Si educamos con esta enseñanza y estos ejercicios a hombres bien formados de cuerpo y alma, la justicia misma no tendrá reproche alguno y salvaremos la ciudad y su organización política; pero si elegimos a hombres de otra índole, produciremos el efecto contrario y cubriremos a la filosofía de un ridículo todavía mayor”.

Y para las familias, autoridades educativas y los profes, theachers y oporomboe van estos apuntes para que lo puedan tomar en cuenta en la presente gestión, que estará controlada y sin fiestas ni viajecitos a Punta Cana:

  1. Que la vida es lo más importante, y la que se desenvuelve en un permanente aprendizaje, además se alimenta de los esfuerzos y lágrimas que protagonizan papá y mamá, para asegurar la formación escolar de todos ellos.
  2. Que este Planeta Tierra es el único que tenemos y que no es nuestro, donde cada detalle cuenta para su cuidado y protección, como el no botar la basura donde uno quiera.
  3. Que debemos impulsarles a lanzarse a vencer los riesgos y los obstáculos que la sociedad siempre tiene frente a cada uno de sus integrantes, pero en base a los valores de bondad, solidaridad, justicia y de respeto hacia los otros.
  4. Cultivar el alma, el espíritu, el cerebro con los detalles de la vida y con las lecturas poderosas y revitalizantes que nos han dejado filósofos, literatos, científicos, religiosos, cuyos escritos no están hechos para grandes o todólogos, sino para ellos, que son más sensibles y aptos para aprender.
  5. Impulsarlos a que reflexionen, que hagan y que digan lo que ellos piensan, sin tener miedo a las burlas o a las equivocaciones, alimentarlos en un viaje a su interior para que emerja la curiosidad y el sombro en sus cabecitas.
  6. Generarles las condiciones para despertar en ellos la fuerza innovadora y el impulso de la creatividad, que todo niño tiene potencialmente en sus corazones, en sus voluntades y en sus estados de ánimo.
  7. Motivarlos a desarrollar todas sus capacidades, potencialidades, destrezas, habilidades desde las manuales, intelectuales, a través de los juegos didácticos y de las ciencias humanas, como la filosofía, la psicología, la pedagogía, el deporte.
  8. Darles responsabilidades para que repartan de la mejor forma sus tiempos que tienen, para el ocio la diversión, para el estudio, para el descanso y que no se dejen atrapar por las maravillas y sorpresivos adelantos que de forma permanente tienen los aparatos celulares y otros. Usar las tecnologías, no dejarse y absorber por ellas.
  9. Decirles a los niños y niñas que cada paso que darán les costará, pero que luego recibirán el doble en cada esfuerzo que desplegarán por su presente y futuro.
  10. Así como esperan del Papa Noel, que les llueva de regalos, así deben exigirse que sus deseos se vayan cumpliendo, pero asumiendo que ellos son los protagonistas de cada logro que harán y de que cada paso, de que ellos son los artífices de sus decisiones y que la sociedad los espera con los brazos abiertos.

La escuela y la universidad tienen ese poder para convertir a su estudiante en un ser humano dotado de capacidades, de sensibilidades, de sentimientos, de aptitudes, de voluntades, de esfuerzos, de creatividades y de responsabilidades. Si no lo hace, es que ese sistema educativo no sirve para nada, y hay que reinventarlo y relanzarlo, pero en esa perspectiva que hoy los enormes y profundos cambios exigen a las sociedades y a los Estados.

Hernán Cabrera es Licenciado en Filosofía y Periodista

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