Roger Carvajal – Lo que nunca proponen los candidatos, parte 2

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Soluciones a la inminente destrucción del patrimonio natural por el actual modelo productivo

En una anterior entrega se hizo notar que los problemas de Bolivia requieren soluciones de tipo tecno-científico para ser consistentes, perdurables y sostenibles, las mismas que no se muestran en las propuestas de los candidatos (y menos en las de los gobernantes actuales), lo cual hace evidente la carencia de capacidad propositiva en el marco de la complejidad de la situación. También se aclaró que estos problemas son, en general, el producto de nuestra condición de país fundamentalmente extractivista, lo cual es, a su vez, consecuencia de inveteradas políticas que refuerzan esta condición, por la existencia de intereses de grupos de poder que siempre han actuado en ese rumbo.

En las siguientes entregas examinaremos otras propuestas provenientes del mundo académico –ámbito que casi nunca es consultado para la discusión y formulación de políticas en Bolivia, haciendo gala de su condición de Estado premoderno– para encarar la solución de problemas que exigen tratamiento prioritario.

Para muchos, el mayor problema de Bolivia, por su posibilidad de incidir en la posible destrucción del patrimonio natural del conjunto de esta región de Sudamérica, es la contradicción que existe entre la producción agrícola del oriente del país y la deforestación masiva de dicha región (Santa Cruz presenta la mayor deforestación con 81%, seguido de Beni con 6%) , con sus consecuencias de sequía/ desertificación/inundaciones en el nivel local, regional y global, que terminan afectando al ecosistema, a la población y al mismo proceso productivo. Efectivamente, extensos estudios que muestran la dinámica de la relación hidrogeoclimática existente entre la amazonia y los andes, advierten que la misma está modificándose peligrosamente por la extensa deforestación causada por el modelo productivo que se inicia en los incendios de origen antrópico, ampliamente conocidos, continúa con  la ampliación de la frontera agrícola que deja extensas regiones degradadas y conduce a la drástica alteración del régimen hídrico de la región y de regiones contiguas en los andes. Para explicar la relación causa-efecto de esta situación, es preciso recordar que las lluvias que se precipitan en la cordillera andina y alimentan la cuenca endorreica del altiplano, la cuenca amazónica y parte de la cuenca del plata (subcuenca de Parapetí), proviene de las nubes que se generan por evaporación en el océano atlántico y son trasladadas hacia los andes por el bosque amazónico, cerrando así el ciclo hidrológico. Este traslado es mediado por las propiedades químicas de diversas moléculas que liberan los árboles, mismas que en el aire conforman una estructura micro reticulada que nuclea partículas de vapor de agua que conforma la estructura de las nubes, evitando su difuminación por los vientos que permiten su avance al occidente. En este transcurso dichas nubes precipitan en lluvias locales cuya agua es recuperada por las raíces de los propios arboles amazónicos para ser expulsadas a la atmosfera por evapotranspiración del exuberante follaje y formar nuevas nubes (fenómeno que no es propio de los cultivos ni matorrales) que siguen su curso hacia las cumbres andinas. Lo anterior quiere decir que, al no existir mecanismos de traslado del agua de retorno, la deforestación de la amazonia por ampliación de la frontera agrícola terminara, más temprano que tarde, asegurando la sequía en los andes (áreas rurales y urbanas), misma que, como todos han advertido, ya se ha iniciado en los meses intermedios de los últimos años. En la misma dimensión, los mapas satelitales especializados muestran a la amazonia sur (el oriente de Bolivia y parte del cerrado brasilero) como la región que está perdiendo humedad a pasos inusitados, y que se manifiesta como sequías que conducen a la reducción del rendimiento de las cosechas en las regiones que antes eran foresta amazónica, siendo el caso de los cultivos de oleaginosas en el oriente de Bolivia el más alarmante. En otras palabras, si no se resuelve esto de manera urgente, Bolivia enfrentará por falta de agua problemas productivos, alimentarios demográficos y energéticos (la energía hidroeléctrica como la provista por Zongo podría reducirse drásticamente) severos en los siguientes años (https://infoamazonia.org/es/2024/02/16/la-amazonia-podria-llegar-a-su-punto-de-no-retorno-en-2050-como-evitarlo/), tanto en las tierras bajas como en los valles interandinos y el altiplano

Para enfrentar esta situación y evitar este vasto daño ambiental –que puede marcar el futuro de muchas ciudades y poblaciones–, sin afectar la producción agrícola, es necesario recurrir a disciplinas tan fecundas como la geografía. Evidentemente, existen territorios que bien pueden ser dedicados a la agricultura (preferentemente de tipo regenerativo) y que sin necesidad de deforestar (por el contrario, forestando) son aptos para la siembra de especies agrícolas de alto valor de mercado en el mundo, además de las oleaginosas. Se trata del Chaco boreal que está en territorio boliviano (5 millones de hectáreas) cuyos suelos tienen una composición requerida para la siembra de diferentes especies, incluyendo pastos y piensos para el ganado. No obstante, es bien sabido que la falta de agua de origen fluvial en gran parte del año, está conduciendo a grandes extensiones de esta región a la desertificación; sin embargo, ante esto, la hidrogeología nos muestra una importante fuente de agua, el rio Parapetí, cuyos caudales (56.7 m3/s, con un caudal utilizable de 24,5 m3/s) después de alimentar humedales superficiales (bañados del Izozog) se insume, formando acuíferos que recargan la cuenca del río Paraguay, sin que aprovechemos ni un mililitro de estas aguas que se trasladan a regiones alejadas y se originan en los andes chuquisaqueños y potosinos. Para disponer de esta agua subterránea, sobre la base de los estudios que ubiquen con precisión ubicación, extensión, calidad, caudales y profundidad, será necesario contar con energía que extraiga este recurso y permita la instalación de redes de distribución de las dimensiones adecuadas; afortunadamente, en la misma región, según el mapa eólico de Bolivia, se encuentra la zona con mayores vientos aprovechables para instalar aerogeneradores o simplemente aero-bombas. Lo anterior permitiría contar con riego controlado (aplicando cualquiera de las tecnología modernas validadas por los centros tecnocientíficos de la región y del estado (universidad, CIAT, INIAF, etc.) todo el año, lo cual se constituye en una gran ventaja para la siembra (de preferencia siembra regenerativa para reducir el uso de agroquímicos) de diferentes especies en general, incluyendo pastos para el ganado, pero más para aquellas que se dan expresamente en tierras semiáridas tales como el algodón egipcio, de alto valor de mercado, siempre cuidando el horizonte agroforestal con especies locales para el manejo sostenible de la biodiversidad.

En este sentido el caso del Perú es altamente instructivo: en la zona semidesértica de la costa del pacifico, gracias al riego proveniente de los ríos que descienden de los andes, se ha desarrollado un sistema agrícola de alto rendimiento en diferentes productos (mayormente frutos y hortalizas además del algodón) que en 2024 han generado ingresos por mas de 12000 millones de euros (casi 7 veces más que nuestras agroexportaciones, las cuales dependen del agua de lluvias temporales que están en merma creciente), sin cultivar ningún producto transgénico (que están en prohibidos en este país).

Está claro que llevar adelante esto requiere un esfuerzo importante de planificación y coordinación entre el estado y el sector privado, con aportes técnicos y financieros de ambos lados. En este orden, dentro de un sistema de producción competitiva, el gobierno invierte en aspectos cruciales como ser educación/innovación/investigación, propiedad intelectual,  infraestructura productiva (riego y gestión del agua y suelos), gestión de mercados e insumos en las cadenas globales de suministros y productos; en cambio, la inversión operativa la realizan los privados interesados en incorporarse al plan en acciones coordinadas para alcanzar la máxima eficiencia y el menor daño ambiental.

Las consecuencias en términos económicos y ambientales se pueden vislumbrar sin gran esfuerzo: se generan productos transables para el marcado internacional en el marco de la salida del extractivismo -ya que los bienes producidos incluyen una importante incorporación de conocimiento/innovación e incluyen cuidado ambiental, sin afectación al tejido social- promoviendo el ingreso de divisas en montos considerables en relación con el esfuerzo; se genera empleo; se desarrolla el aparato tecnocientífico; se protege y regenera una región que está en vías de desertificación, aprovechado eficientemente los recursos naturales y haciendo uso del conocimiento; y, lo más trascendente: en consonancia con las bases conceptuales de la bioeconomía, se asegura el recurso mas importante para la vida y la producción, el agua, a través de protección del bosque amazónico evitando y combatiendo la deforestación mediante la eliminación del factor que induce a su quema y destrucción, esto es, la ampliación de la frontera agrícola en zonas que no tienen vocación agrícola.

Como se ve, a grandes males grandes remedios, pero ese nivel de grandeza requiere voluntades y esfuerzos de la misma proporción.

Roger Carvajal es investigador emérito de la UMSA

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