Windsor Hernani – OTCA: Una organización dedicada a hacer lo posible en imposible

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La Organización del Tratado de Cooperación Amazónica (OTCA) es una institución internacional creada en 1978 por Bolivia, Brasil, Colombia, Guayana Francesa, Venezuela, Ecuador, Surinam y Perú; con el propósito de preservar el medio ambiente y la conservación y utilización racional de la selva amazónica.

La región es el bosque tropical más extenso del mundo, comprende aproximadamente 7.5 millones de kilómetros cuadrados y representa el 40% de América del Sur. Es una de las ecorregiones con mayor biodiversidad del mundo porqua da cabida a más del 60% de la diversidad biológica del planeta. En fauna alberga 427 especies de mamíferos, 1.300 especies de aves, 378 especies de reptiles y más de 400 especies de anfibios; y en flora es un tesoro ya que alberga al 20% de las especies mundiales.

Posee el 20% del agua dulce y el 56% de los bosques tropicales húmedos  de la Tierra. Juega un papel fundamental en la regulación del clima global y en el mantenimiento del ciclo del agua local. Es, además, sinónimo de diversidad porqué viven 400 pueblos indígenas que hablan más de 300 idiomas.

A 45 años, desde la creación de la OTCA, la evaluación de lo hecho es por demás negativa. Instituciones Académicas, ONGs y expertos concluyen inequívocamente que la Amazonía está colapsando como ecosistema.

La tala ilegal, los incendios forestales – en su mayoría provocados – son las causas de la deforestación y la degradación de los bosques amazónicos. Cuatro de los nueve países amazónicos – Brasil, Bolivia, Perú y Colombia – están en el top 10 de los que más bosques tropicales primarios perdieron en el planeta. La minería ilegal, los derrames de petróleo contaminan los suelos y ríos dejando gran cantidad de pasivos ambientales.

Los monocultivos, la agroindustria y la ganadería penetran cada vez más en la región depredando el ecosistema. A ésta lista de males hay que sumar la violencia y presión ejercida sobre los territorios indígenas por los cultivos ilícitos de coca y el narcotráfico.

En síntesis, la Amazonía de enorme e incalculable valor para la humanidad está caminando hacia el desastre.

Entre tanto, la burocracia de la OTCA intenta justificar sus jugosos sueldos diseñando planes de acción que nunca son ejecutados, promoviendo encuentros de altos dignatarios de Estado que concluyen en hipérboles declaraciones que solo sirven para engrosar los archivos de las Cancillerías. La burocracia de la OCTA participa de los innumerables encuentros multilaterales organizados en las cautivadoras ciudades europeas, disque para alzar la voz en defensa de la selva Amazónica y los pueblos indígenas. De este modo, hace gala de la absoluta inutilidad de su remanida retórica mientras los pueblos indígenas ven con terror como día a día se destruye su hábitat.

Es necesario decirlo fuerte y claro, la OTCA no sirve y su inutilidad nada tiene que ver con sus propósitos, los cuales actualmente son más necesarios que nunca. El problema de éste organismo es que es improductivo porqué sus autoridades ejecutivas fueron incompetentes y haraganes.

La OTCA, como algunos otros organismos internacionales, ha sido asaltada por políticos de los gobiernos de turno, claro con honrosas excepciones  que designan a sus militantes partidarios o amigos que poca o nada de idoneidad profesional o moral tienen.

Aunque la normativa de la OTCA determina que para la elección de las altas autoridades se tomará en cuenta sus calificaciones académicas y trayectoria profesional, en los hechos por costumbre existe un pasanaku entre los países miembros, donde las designaciones son a simple nominación. En el caso específico de Bolivia, son altamente cuestionables.

Un solo indicador muestra el panorama desolador. El informe de conclusión de la gestión 2019 a 2023 de la OTCA registra como un logro de gestión dejar un saldo en caja de 7,7 millones de dólares el 2023. Según el documento, “fruto de un plan rigoroso de austeridad que han permitido ampliar dieciséis veces el saldo en caja de la OTCA en las últimas casi dos décadas”. Es una obviedad decir que existen numerosas tareas para la conservación y utilización racional de la Amazonía. En consecuencia, tener recursos y no ejecutarlos es una muestra evidente de una escasa o nula capacidad de gestión.

La pasada semana, ha concluido la undécima edición del Foro Social Panamazónico, oportunidad en la que las comunidades originarias concluyeron que: “ La Amazonía ha llegado al punto de no retorno y se encuentra en emergencia climática”.

Es trágico y deplorable, la Madre Tierra agoniza mientras parte de sus hijos lucran en su nombre.

Windsor Hernani Limarino es economista y diplomático de carrera.

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