América Yujra – Exitismos intencionales y perjudiciales

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“El mejor de la historia”, así calificó el expresidente Sebastián Piñera al censo desarrollado entre el 9 de abril y el 15 de julio de 2012 en Chile, cuyos datos fueron presentados en abril de 2013. Sin embargo, éstos quedaron inutilizables luego de que una comisión de expertos señalara la existencia de un alto índice de omisión de población —personas no censadas—, misma que ascendió al 9,3%; llegando incluso al 20% en comunidades y áreas rurales. A éstas irregularidades se sumó la denuncia en contra del director de Instituto Nacional de Estadística de Chile por alteración de los datos finales.

Ninguna proyección previa al censo se cumplió. El escándalo fue mayúsculo, tanto que el 8 de agosto de 2013, Sebastián Piñera tuvo que dejar el exitismo y cambiar su discurso: “se cometieron errores en el censo y quiero pedir humildemente perdón a los chilenos”.

Posteriormente, el “mejor censo de la historia” chilena fue sometido a una autoría técnica supervisada por el Centro Latinoamericano y Caribeño de Demografía (CELADE). En septiembre de 2014 se conoció el lapidario dictamen: “los datos generados para el año 2012 no cumplen con los estándares para que este operativo sea denominado como un censo”. En palabras sencillas, el censo fue defectuoso, no servía para implementar nuevas políticas públicas en Chile. Debía realizarse un nuevo proceso censal.

¿Por qué Piñera se adelantó a calificar de exitoso al censo de 2012? En ése entonces, Chile se encontraba en un periodo cercano a elecciones generales, y su oposición, Michelle Bachelet, ganaba terreno. El oficialismo chileno necesitaba mostrar una buena gestión. Dado que la jornada del censo no tuvo inconvenientes notables y se desarrolló con buena participación ciudadana, el proceso censal fue visto como el recurso perfecto para instalar en la opinión pública el éxito del gobierno de Piñera. No importaba la conclusión de las fases del censo, imperaba exponer resultados “buenos”.

El uso político y electoral no fue el principal error, sino el manejo arbitrario del proceso censal en su conjunto. Se soslayó la fase más importante de éste, en donde se realiza el verdadero trabajo técnico: post-censo. Pues, a diferencia de una elección, los resultados del censo no se conocen de forma inmediata; es un proceso largo y arduo que involucra una serie de actividades como formas de control de calidad.

El trabajo post-censal, entonces, debe considerar actividades técnicas idóneas para saber el grado de confiabilidad y certeza que tendrán los datos finales. Por ejemplo, es necesario saber la cantidad o porcentaje de: viviendas censadas y visitadas, viviendas y/o sectores no abarcados, lugares no censados o “pendientes”. Así también se requiere un proceso de contrastación con las proyecciones establecidas tanto por instituciones nacionales —Instituto de Estadística, gobiernos municipales y/o departamentales— e internacionales.

Pese a susceptibilidades generadas en la ciudadanía, los “delirios de persecución” provocadas por algunos sectores en redes sociales y el silencio de información por parte del gobierno, la jornada censal del pasado 23 de marzo en nuestro país se desarrolló relativamente bien. Empero, algunas dificultades no estuvieron ausentes, sobre todo en municipios del área rural por temas de límites: Padcaya en Tarija; Colomi en Cochabamba; Cabezas, El Torno en Santa Cruz; y Malla y Yaco en La Paz.

Aún ello, dos días después del censo —lunes 25 de marzo—, Luis Arce replicó el discurso exitista de Piñera: “Esa es la manera de construir el país, haciendo bien las cosas, mostrando que nosotros hemos hecho bien (…) como gobierno nacional y aquí tienen uno de los mejores censos, sino el mejor de los censos que hemos hecho en toda nuestra historia del país”.

Humberto Arandia, director nacional del Instituto Nacional de Estadística (INE), comparte el sentimiento de “éxito” desbordado de Arce. El miércoles 27 de marzo, en conferencia de prensa, calificó al censo como “el operativo (…) más participativo, moderno y transparente de la historia del país”.

Al parecer, para Arce y el INE, la calidad y fiabilidad del proceso censal es totalmente evidenciable en una única jornada. Reitero, el censo de población y vivienda es un proceso largo en su inicio, desarrollo y más aún en su conclusión. Por ello, las autoridades y entidades encargadas de realizarlo deben enfocarse a transmitir confianza, mediante la demostración de actitudes transparentes, abiertas y prudentes.

El éxito del censo no depende de cuan exitista puede ser el discurso oficialista o del INE, sino del grado de transparencia que éstos puedan mostrar hacia la ciudadanía, teniendo en cuenta que éste principio básico de la administración pública no se circunscribe a la circulación de información constante y veraz, también debe generar emociones positivas en la ciudadanía (aprobación, satisfacción, etc.). Asimismo, la transparencia depende mucho del grado de calidad de la democracia; es decir, en un sistema democrático relativamente sólido es posible que tanto la administración pública como sus actores puedan reflejar una transparencia aceptable a la ciudadanía.

A su vez, tanto la transparencia como la generación de confianza en la administración pública deben entenderse como el derecho a la buena administración, mismo que obliga al gobierno y sus instituciones a cumplir las expectativas y necesidades de los ciudadanos de forma responsable, objetiva, coherente, con apertura a consensos y diálogos.

De las declaraciones de Arce se infiere la incorporación intencional del censo a su línea discursiva, muy similar a lo que hizo Sebastián Piñera. De ser un tema netamente técnico y político, ha pasado a ser un medio de propaganda proselitista/partidaria; es decir, un recurso con miras al periodo electoral rumbo a las elecciones nacionales de 2025 y una respuesta a los ataques que recibe de Evo Morales. Una vez más, el arcismo equivoca el camino de autolegitimación sólo para deslegitimizar a alguien cuyo peso político es un mero recuerdo.

Según información del INE, para el desarrollo del proceso censal 2024 se conformaron: una Comisión Internacional (integrada por Naciones Unidas, Fondo de Población de Naciones Unidas, Banco Interamericano de Desarrollo, Banco Mundial, CELADE, Comisión Económica para América Latina y el Caribe y el Fondo Financiero para el Desarrollo de los Países de la Cuenca del Plata) y un Comité Técnico (representantes técnicos del INE y expertos de organismos internacionales). Esperemos que el trabajo postcensal no esté exento de la participación de ambos equipos, y que se incluyan otros conformados desde los municipios y gobernaciones; todo con el único propósito de que el proceso censal sea evaluado de forma participativa, integral, objetiva y, ante todo, transparente.

El proceso censal aún no ha concluido. Calificarlo como “el mejor de la historia” evidencia una desesperada búsqueda de aprobación ciudadana. Un gobierno con línea discursiva poco objetiva y prudente sólo genera desconfianza. El discurso exitista de Arce y compañía le hace un flaco favor al proceso postcensal, pues en lugar de mostrar coherencia, objetividad y prudencia, transmite susceptibilidad, desconfianza y poca transparencia.

En 2012, Evo Morales también sobredimensionó el censo realizado durante su régimen, pero, a diferencia de Sebastián Piñera, no reconoció los errores que existieron. De suceder lo mismo, ¿Luis Arce pedirá perdón al país? Es fácil adjetivar con “éxito” a instituciones y personas; “lo difícil es merecerlo”, como dijo Albert Camus. Ya veremos en cinco meses, cuando se publiquen —esperemos— los resultados e informes finales. Ojalá tanta vanagloria y exitismo queden justificados.

América Yujra Chambi es abogada

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