Windsor Hernani Limarino
“Nosotros tenemos más puertos que ustedes”, dijo el presidente Rodrigo Paz. Añadió “Le ofrezco a Chile, también, nuestros puertos ante un mar enorme del continente como es Brasil porque a través de Bolivia esos puertos territoriales (terrestres) o a través de la hidrovía (Paraguay-Paraná) seremos parte de un complemento junto a Uruguay y Paraguay y Argentina”.
Esa fue la propuesta del presidente Paz hecha durante el foro de la CAF al presidente José Antonio Kast, para que Chile, acceda a Brasil a través de territorio boliviano.
El anuncio merece un análisis realista tanto desde el punto de vista del derecho económico internacional como de la geopolítica; principalmente, tomando en cuenta el estado de ejecución de los megaproyectos interoceánicos.
El ofrecimiento boliviano, desde la perspectiva del Derecho Económico Internacional, omite considerar que Chile ya tiene el derecho de libre tránsito. Es un derecho y obligación de todos los Estados, contenido en los acuerdos de la Organización Mundial del Comercio que garantiza que las mercancías transiten sin mayores discriminaciones (Artículo V del GATT).
En ese marco, la propuesta del Presidente Paz nada añade en términos jurídicos. El derecho al libre tránsito es una realidad de la globalización, del auge del comercio internacional; y está jurídicamente consagrado.
El obstáculo para Chile no es el derecho de circulación, sino la falta de condiciones operativas para ejercerlo. Es ahí, donde la oferta se debilita. Bolivia no tiene infraestructura de proporciones internacionales. La red vial hacia Brasil es deficiente, carece de ferrocarriles modernos, y sus pasos fronterizos no tienen la capacidad logística para manejar volúmenes significativos de comercio.
Esa es la realidad, consecuentemente un ofrecimiento de tránsito sin infraestructura es inocuo y lo lamentable es que Bolivia perdió la oportunidad de construirla.
Para comprender el tema en su justa dimensión es necesario revisar la historia reciente.
El año 2000, doce países suramericanos constituyeron la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana (IIRSA) que tuvo el propósito de ordenar la cartera de proyectos. Posteriormente, el 2011, el IIRSA pasó a formar parte del Consejo Suramericano de Infraestructura y Planeamiento de la UNASUR, que identificó los grupos de proyectos que mayor impacto tendrían al desarrollo económico sustentable de sus áreas de influencia.
Uno de los corredores más importantes detectado fue el corredor central que unía al gigante suramericano con puertos chilenos, a través de territorio boliviano. Era lógico, la línea recta es la más corta entre dos puntos.
Sin embargo, el 2013 Bolivia demandó a Chile ante la CIJ, buscando que se obligara a negociar una salida al mar. El desmesurado triunfalismo que tuvieron las autoridades de ese entonces y su marcada ineptitud fue una combinación letal. Llevaron a cortar todo diálogo con Chile, pero no solo ello, promovieron un trazo del corredor excluyendo a Chile, uniendo Brasil con el puerto peruano de Ilo.
Ante este escenario, Chile reaccionó y tomó una decisión estratégica. En diciembre de 2015, junto a Argentina, Brasil y Paraguay, firmó la Declaración de Asunción que dio vida al Corredor Vial Bioceánico de Capricornio. Esta ruta de 2.400 kilómetros conecta los puertos del norte de Chile (Antofagasta, Mejillones, Iquique) con el Atlántico brasileño, pasando por Argentina y Paraguay.
El trazo ya está definido y es inmodificable. Los hitos que lo hacen irreversible son: 1. El Puente Bioceánico sobre el río Paraguay, que conectará Carmelo Peralta (Paraguay) con Porto Murtinho (Brasil), tiene un 80% de avance y estará operativo a fines de 2026; 2. Chile y Paraguay han destinado millones para infraestructura vial asociada al corredor, con obras ya en ejecución.
El corredor de Capricornio es una realidad y Bolivia quedó excluida; y dudo que la diplomacia boliviana pueda revertir la situación porque implicaría renegociar acuerdos ya cerrados; y sobre todo, porque significaría desechar inversiones que ya están en ejecución. La diplomacia de los pueblos fue por lana y quedó trasquilada.
Ahora, la Cancillería boliviana ha proyectado una agenda de nueve puntos para trabajar con Chile. El punto 6 estaría referido a “corredores bioceánicos y articulación Atlántico–Pacífico con paso por Bolivia”.
En ese escenario la pregunta que cabe es: ¿estarán dispuestos Brasil y Chile a duplicar recursos para apostar a un corredor interoceánico, sea Ferroviario o carretero, que pase por territorio boliviano?
El tiempo es el que nos dará la respuesta inequívoca porque además la realidad ya es otra. Ha surgido Chancay y Brasil, el monumental proveedor de la carga, busca una otra ruta, más directa y menos costosa hacia China; y la apuesta está en ese coloso puerto. Proyecto en el que, lamentablemente, también Bolivia está excluido.
Windsor Hernani Limarino es economista y diplomático

