El Cerro Rico de Potosí cercado por las cooperativas

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Por: Max Baldivieso

El departamento de Potosí está ubicado en el sudoeste de Bolivia, limita al norte, con los departamentos de Oruro y Cochabamba; al sur, con Argentina; al este con los departamentos de Chuquisaca y Tarija y al oeste con Chile, la ciudad se encuentra a una altura de 3 977 msnm, es considerada una de las capitales, más altas del mundo.

El recorrido por este importante departamento donde su principal actividad es la minería, por tener una variedad de minerales como el estaño, zinc, plomo, plata, litio, entre otros lo destaca y reafirma su vocación minera.

En la frontera de división entre la ciudad y el Cerro Rico se encuentra la última iglesia construida en la colonia “El Sagrado Corazón de Jesús”, esta se ubica sola y cercada de antenas que inducen una extraña mezcla de tecnología y la religión, donde el difícil acceso limita la imponente paisaje que divide la ciudad y la imponente vista a los pies del “Cerro Rico”, desde esta iglesia se puede ver un movimiento constante de camiones y alrededor de 20.000 mineros que se comen el cerro de apoco donde no importa el patrimonio solo la extracción del mineral, el cual es extraído en broza y se va directo al tren o a los camiones donde su destino son los puertos del pacifico en Chile, desde este punto se puede comprender la riqueza que alberga en sus entrañas este histórico cerro y el impacto que tiene la producción de mineral para este departamento.

La explotación del Cerro Rico de Potosí, desde hace cinco siglos, está causando hundimientos en la cima que a su vez amenazan la vida de miles de mineros bolivianos. Los empleados, entre el miedo y la resignación, defienden su necesidad de trabajar a sabiendas del peligro, lo único que importa para las cooperativas es extraer el mineral al costo que sea.

Gracias al Cerro Rico, descubierto en 1545, Potosí ha pasado a la historia como una ciudad de leyenda porque en la colonia fue la primera productora mundial de plata, el soporte del imperio español y un motor del comercio internacional ya que en el siglo XVII las monedas potosinas eran valoradas como lo es en la actualidad el dólar.

Esta historia se puede encontrar en sus calles donde los distintos museos muestran como la plata marco un crecimiento de la opulencia de este departamento, el cual se fue apagando de apoco por varios factores entre ellos que todos los recursos extraídos se iban lejos de Potosí y no quedaba nada para los habitantes de este departamento, convirtiéndolo en uno de los más pobres del país, otro factor son los bajos precios de los minerales que de apoco fueron mejorando, pero, la explotación ilegal no deja los recursos necesarios para poder mostrar un crecimiento real en esta región del país.

 Lejos de ese pasado de opulencia, en el que se cruzan la historia y la fantasía, la montaña continúa siendo agujereada y dinamitada por los mineros porque es la forma fácil de obtener los materiales con óxidos de plata acumulados desde la colonia. En la bocamina Cristo de Piedra, una de las 5.000 que hay en Cerro Rico, el minero y guía turística Freddy Delgadillo nos dice que los mineros no tienen otra opción que seguir perforando.

“Existe el miedo, pero qué podemos hacer. Necesitamos llevar el pan del día a nuestra familia. Tengo cuatro hijos”, afirma Delgadillo, de 30 años y trabajador de la empresa Pailaviri, que por jornada suele ganar cerca de 150 bolivianos por extraer cargas de roca y tierra que contienen plata, zinc, plomo y estaño.

Para protegerse y como es costumbre entre los mineros bolivianos, Freddy realiza cada viernes un rito que incluye masticar hojas de coca y beber alcohol casi puro para invocar la ayuda del ‘Tío’, que es una imagen hecha en barro del diablo al que consideran dueño de las vetas y del subsuelo.

Según informes policiales, en lo que va del año, al menos una decena de mineros han muerto en el Cerro Rico por derrumbes e intoxicaciones, aunque Freddy cree que son muchos más los fallecidos en los accidentes laborales sin que sean reportados.

En el Cerro Rico trabajan cada día cerca de 20.000 mineros en tres turnos para 70 cooperativas. En la cúspide trabajan alrededor de 2.000 mineros y que usan pequeños cartuchos de dinamita para derrumbar miles de toneladas de roca. Es una extracción que tiene costos mínimos y tiene un alto valor económico.

Max Baldivieso es periodista

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