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Dilemas electorales en el Ecuador

Por: Adalid Contreras Baspineiro

En un artículo publicado por la revista ecuatoriana Vistazo, se lee que el 7 de febrero próximo, las urnas se abrirán de la mano de una paradoja entre unas votaciones que se consideran las menos esperadas, menos reflexionadas, menos debatidas y entendidas, con la expectativa por un antes y un después de una historia que está por contarse. La afirmación cobra sentido en un Ecuador que va a las urnas en una situación de alta afectación por la pandemia que, a diferencia de otros países, nunca alcanzó a desescalarse significativamente, por lo que la larga convivencia entre una pandemia que no quiere irse y una población que pugna por superarla, está en el centro de atención de las vidas cotidianas, y de la política.

Las crisis combinadas sanitaria, económica, social y ambiental inciden en otra, política, expresada en insatisfacción ciudadana hacia los poderes, sentimiento que, como si se tratara de un desarrollo lógico, se extiende con muestras de insatisfacción y desconfianza hacia las organizaciones que tercian en las elecciones. Esta insurgencia deja ver otro dilema, el de la desinstitucionalización de buena parte de las candidaturas.

Nos explicamos. La mayoría de organizaciones que están terciando por el poder no se ajustan a la naturaleza de un partido político, que el sociólogo ecuatoriano Rafael Quintero entiende como vínculos activos de hegemonía de los desprendimientos sociales organizados, que intervienen en la escena política con programas, formas organizativas persistentes y variadas funciones de legitimación y socialización políticas. Muchas de las candidaturas existen, nacen y renacen como iniciativas netamente electoralistas, que ahora han convertido a la pandemia en su sujeto político central.

Como poniéndole contexto a esta realidad, Simón Pachano, académico de la FLACSO Quito, argumenta que se vive una situación de pandemia y de caos político con una cantidad enorme de candidatos, que crean un estado de confusión en el que se hace muy difícil pronosticar un comportamiento electoral definitivo, dándose la posibilidad que al menos un 20% de la población decida su voto recién frente a la mesa de votación. Y éste es otro dilema. De todas maneras, distintas encuestas coinciden en que la disputa del poder está entre la izquierdista Unión por la Esperanza, heredera del correísmo, que postula a Andrés Aráuz y que promete recuperar un futuro ya vivido en el pasado; Creo, de tendencia ultraderechista, que postula al banquero Guillermo Lasso con un discurso de restauración neoliberal; y Pachakutik, con el líder indígena Yaku Pérez y un discurso ambientalista y de revitalización del sumak kausay o buen vivir.

Más allá de esta certeza, cuya resolución podría darse en una posible segunda vuelta, el ambiente electoral manifiesta otros dilemas como el predominio de un clivaje correísmo – anticorreísmo, en referencia a la corriente política que hace parte del Socialismo del Siglo XXI. Esta contradicción lleva a la configuración de un campo político de oposición entre Unión por la Esperanza que reivindica la revolución en democracia, y el resto de candidaturas que coinciden en sus cuestionamientos a los 14 años de gobierno del ex presidente Rafael Correa.

Curiosamente, esta coincidencia de cuestionamientos no se revierte en acciones concertadas, sino en una explosión de productos políticos fraccionados, sin visos de convergencias programáticas. Diversos analistas coinciden en que la salida de Rafael Correa, cuyo centralismo obligaba a la unidad de los opositores, liberaliza el desbande de alternativas y la implosión de las unidades, al punto que las 16 candidaturas constituyen el mayor número desde la fundación de la república en 1830.

Con acierto Pablo Ospina dice que en ese marco de dispersión política, renace una tendencia a la polarización u oposición binaria en el discurso de los dos candidatos que encabezan las encuestas (Andrés Araúz por Unión por la Esperanza y Guillermo Lasso por Creo), y que gana adherentes u oponentes en un marco de incertidumbre ciudadana, de indignación social y de esperanzas urgentes. En paralelo, la candidatura de Yaku Pérez con Pachakutik, es una alternativa de re-polarización que reordena las polaridades alrededor de otro polo, el movimiento indígena y sus aliados.

Esta reconfiguración lleva a interrogarse sobre otro dilema: ¿votantes militantes o inorgánicos? Y la respuesta reconocerá, sin duda, una mezcla de posibilidades con fuerte ascendencia de la impronta electoral articulada a una particularidad del sistema político que arrastra una irresuelta situación de crisis de representación política, de la mano de un deterioro de la democracia representativa que reaviva procesos de desinstitucionalización y, en consecuencia, de predominio del voto inorgánico, útil, de conveniencia o de sobrevivencia.

En estas condiciones, la ciudadanía ecuatoriana se enfrenta a otro dilema: el de optar por programas de gobierno que expresan ideologías y modelos de desarrollo y sociedad claramente diferenciados entre las tres principales fuerzas.

Unión por la Esperanza tiene una línea y filiación progresista que busca profundizar las políticas desarrolladas en las pasadas gestiones presidenciales de Rafael Correa. Se propone impulsar un Estado plurinacional e intercultural; la dignidad, el trabajo, una estructura económica y productiva sostenible, la transformación de la matriz productiva y la soberanía para caminar hacia la construcción de la sociedad del buen vivir.

CREO plantea establecer un Estado de Derecho; promover una economía de libre mercado, abierta al mundo y fiscalmente responsable para generar empleo; y empoderar a los ciudadanos para que elijan con libertad los medios para alcanzar su realización personal y familiar; a través de un Estado pequeño, pero robusto y eficiente.

Pachakutik propone construir y fortalecer, en minka, las condiciones para transitar hacia la reorganización de la economía y la sociedad en torno al amor, agradecimiento, complementariedad y cuidado de la vida; la creación de condiciones para responder a las necesidades básicas de la población mediante un nuevo pacto eco-social universal, basado en el modo de habitar el mundo en comunidad y solidaridad.

El Ecuador va a las urnas afectado por la pandemia, arrastrando dilemas o procesos irresueltos que parecen réplicas de procesos políticos de otros países en el continente. Las elecciones encaminarán, sin duda, trazos de esperanza para seguir avanzando en certezas democráticas.

Adalid Contreras es sociólogo y comunicólogo boliviano, experto en estrategias de comunicación.

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