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Campesinos interculturales: ¿la nueva potencia comunitaria?
Opinión

Campesinos interculturales: ¿la nueva potencia comunitaria?

Por: Martha Irene Mamani

A propósito de las últimas denuncias de tráfico de tierras, donde uno de los rostros visibles son los campesinos interculturales, al menos su clase dirigencial; cabe preguntarse ¿quiénes son estos “nuevos” campesinos? ¿cómo surgen? Y quizás lo más importante, ¿son simples traficantes de tierras o son parte de un proyecto social de emancipación colectiva del campesinado?

Sabemos que los campesinos interculturales son hijos de los programas de colonización de la década de los 60 y 70 que pretendían el poblamiento de las regiones más inhóspitas y alejadas de Bolivia. Estos campesinos de origen quechua y aymara, inicialmente fueron bautizados como “colonizadores”. En medio del monte, machete en mano fundaron comunidades y sobrevivieron a todo tipo de obstáculos porque, en muchos casos, fueron abandonados a su suerte por el Estado. Hubo quienes retornaron a sus comunidades de origen, y otros murieron de enfermedades tropicales como el paludismo y la fiebre amarilla. Es una historia trágica, basta con escuchar los testimonios vivos.

Hoy en día, los campesinos interculturales son los hijos de estos colonizadores pioneros. Los hijos y migrantes siguen llegando a las zonas de colonización desde distintas latitudes del país. Según sus dirigentes, habría 2,5 millones de interculturales organizados en 24 federaciones a nivel nacional. Las principales zonas son tres: Norte de La Paz, Santa Cruz y Chapare de Cochabamba.

Aunque fueran menos de dos millones, los campesinos interculturales tienen una presencia nacional que comienza a eclipsar el protagonismo dominante de la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB), el referente histórico de la lucha por la tierra y territorio. La Confederación Sindical de Comunidades Interculturales de Bolivia (CSCIB) logró titular para sus afiliados cerca de 25 millones de hectáreas, lo que equivale al 28% del total de tierras tituladas por el INRA. En los últimos años, tienen control directo e indirecto de la principal institución estatal del sector: el Ministerio de Desarrollo Rural y Tierras.

El protagonismo político de este sector tiene estrecha relación con el gobierno del MAS. De hecho, Evo Morales es un campesino intercultural, un migrante orureño establecido en el Trópico de Cochabamba. El voto duro de los interculturales ha sido decisivo para el empoderamiento del MAS, además de sostener la orientación definitiva que tomó la política de tierras con la alianza entre el gobierno nacional y los grandes agropecuarios cruceños.

En otras palabras, el surgimiento de los campesinos interculturales tiene una relación estrecha con la consolidación del capitalismo agrario. En las zonas de colonización, los agricultores familiares acabaron o están transitando del agro de subsistencia al modelo de acumulación que se caracteriza por monocultivos orientados al mercado. Muchos abandonaron la producción de cítricos, hortalizas o frutas, para convertirse en ganaderos, pequeños soyeros o cocaleros monoproductores. Llegaron a las zonas de colonización cargando una agenda histórica de emancipación campesina y comunitaria, pero en la práctica están encaminados a ser parte del modelo agrario capitalista. Es decir que están más cerca al modelo de desarrollo de los agroempresarios y más lejos de la CSUTCB.

La inserción de los campesinos interculturales al sistema agrocapitalista no puede ser otra que la forma subordinada. Esta condición de subordinados al sistema dominante limita su campo de acción. No están en condiciones de construir acciones colectivas de interpelación y una postura crítica frente a la profundización del modelo agroextractivo. En actuales circunstancias, no pueden ser parte de un proyecto de transformación de la desigual estructura agraria ni construir una agenda de emancipación colectiva del campesinado.

Los campesinos interculturales no se plantearon, pero están en un momento en que deben dar un paso atrás si quieren avanzar dos pasos hacia adelante. Sin un proyecto de emancipación campesina, las tierras que afanosamente buscan acaparar en forma de nuevas comunidades, terminarán en manos de agroempresarios y capitales extranjeros. Ahora mismo existen y aumentan el número de familias interculturales sin tierras.

Marta Irene Mamani es investigadora de la Fundación TIERRA

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