Adalid Contreras – La III Cumbre UE-CELAC en su contexto, su realidad y sus desafíos

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No comparto los calificativos de la III Cumbre Unión Europea (UE) – Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), realizada el 17 y 18 de julio en Bruselas, como un evento con mucho ruido y escasos resultados. Tomando en cuenta el contexto y circunstancias en que se realiza, es más cierta la apreciación del presidente Lula sobre la declaración conjunta como “razonable”. En efecto, la búsqueda de la renovación de lazos sociales y económicos, de relaciones amistosas y de puentes de cooperación para redefinir una estrategia común, es una reapertura ponderable del diálogo birregional.

Una larga trayectoria de diálogo

Las relaciones entre la Unión Europea y América Latina tienen larga data. En una primera etapa posguerra hasta los años 50 del siglo pasado, la relación estuvo caracterizada por acercamientos bilaterales entre sus países. La segunda etapa, con la progresiva consolidación de la Comunidad Europea a partir de los años sesenta, propone relaciones de cooperación, que luego caen en un quietismo porque la UE prioriza su atención y trato preferencial a sus ex colonias en África (Acuerdos de Yaounde), y porque nuestra región tiene condicionada una relación casi monopólica con los Estados Unidos. La tercera etapa se caracteriza por la institucionalización de sucesivas cumbres UE-ALC. La primera en Río de Janeiro en 1999; la segunda en Madrid el 2002; la tercera en Guadalajara el 2004; la cuarta en Viena el 2006, que propuso una zona de libre comercio; la quinta cumbre se desarrolló el 2008 en Lima, buscando una asociación estratégica en ámbitos sociales, del conocimiento y de desarrollo sostenible; la sexta cumbre se realiza en Madrid, el año 2010, donde se crea la Fundación UE-ALC, cuya validez reconoce la III Cumbre por su aporte a la asociación birregional y el conocimiento mutuo entre ambas regiones.

El 3 de diciembre de 2011 se pone en marcha la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), que representa a la región en la interlocución birregional con la UE, y de este modo la séptima cumbre UE-ALC pasó a denominarse I Cumbre UE-CELAC, que tuvo lugar en Santiago de Chile el 2013, donde se evaluaron los avances en cohesión económica, combate a la pobreza, equidad y justicia social. La segunda cumbre UE-CELAC se celebra en Bruselas el año 2015 bajo el lema “Modelar nuestro futuro común: trabajar por unas sociedades prósperas, cohesionadas y sostenibles para nuestros ciudadanos”, proponiendo cooperación en cuestiones de paz y seguridad, cambio climático, una agenda para el desarrollo, lucha contra las drogas, educación superior y mejorar la conectividad.

El balance del proceso recorrido muestra que las dos regiones comparten valores comunes como los derechos humanos, los principios democráticos, el desarrollo sostenible y el multilateralismo. Europa es el primer inversor en nuestro continente con 35% de la Inversión Extranjera Directa (IED); es acaso el principal proveedor de fondos de cooperación internacional; y es el tercer socio comercial después de China y EEUU. Llega a la III Cumbre buscando recuperar presencia en América Latina y el Caribe a sabiendas que otros países y otras regiones y esquemas han ganado protagonismo. Y nuestra región y sus países, que están acariciando intentos de recomposición de su senda integracionista, buscan asocios para su recuperación económica, sus aspiraciones de transformación productiva, el desarrollo científico-tecnológico y la transición energética.

Ocho años sin verse, ¿acaso es poco?

Aunque las relaciones UE – esquemas subregionales de integración y UE – países, son dinámicas, un importante aspecto a considerar para leer la III Cumbre UE-CELAC, es que el diálogo birregional se vuelve a realizar después de ocho años. En estas condiciones, la sola realización de la Cumbre es ya, en sí misma, una ganancia, dado que no se pudo realizar antes porque se interpusieron desacuerdos respecto a la participación de Venezuela, luego Europa se enfrasca en la resolución de sus problemas emergentes por el Brexit y, más adelante, ambas regiones se dedican a la búsqueda de alternativas a la pandemia, Europa encerrada en sus propias capacidades y América latina y el Caribe abiertas a la cooperación para enfrentar la urgencia y sentar bases de respuestas propias.

Son ocho años que definen la historia contemporánea, lo que lleva a que el analista francés Pascal Drouhaud se pregunte: ¿No habrá llegado la III Cumbre un poco tarde?, puesto que América Latina y el Caribe diversificaron sus relaciones y China se convirtió en su principal socio con su política de expansión económica, modernización, transformación en una economía productora de manufacturas de alto contenido tecnológico, su necesidad de recursos naturales y la disponibilidad de un plus financiero.

Un resumen apretado sobre la importancia de China en nuestra región, nos lleva a destacar estos factores que explican por qué la UE busca ejercer un contrapeso: 1) Es el principal socio comercial de la mayoría de países del continente, aunque en relaciones asimétricas de exportaciones de recursos naturales e importaciones de maquinaria, equipos eléctricos, aparatos mecánicos y vehículos, con un intercambio que se acerca a los 500.000 millones el 2022. 2) Desarrolla una política de inversiones en infraestructura en el marco del megaproyecto One Belt One Road (OBOR)[2], también conocido como la Nueva Ruta de la Seda o La Franja y la Ruta. 3) En el ámbito financiero China se ha convertido en una fuente alternativa al sistema privado y a los organismos de Bretton Woods, el Banco de Desarrollo de China y el Banco de Exportación e Importación de China han concedido préstamos por más de 137.000 millones e invertido 140.000 millones entre 2005 y 2021. 4) Para enfrentar el Covid, China aportó al continente con 214 millones en equipos e insumos. 5) En el plano diplomático, además de las relaciones bilaterales, China ha activado su vinculación con instituciones multilaterales, siendo admitida como observador en la OEA e incorporada al BID. Promueve el Foro de Cooperación China-CELAC, en cuya primera cumbre en julio de 2014, en Brasilia, el presidente Xi Jinping anuncia el incremento del comercio y la inversión de 250.000 millones de dólares en tres pilares: comercio, inversión y finanzas, y en seis sectores: energía, recursos naturales, infraestructura, innovación científica, tecnología de la innovación y agricultura. Sin embargo, en la actualidad, con su modelo de desarrollo económico más centrado en el consumo interno, la proyección financiera de China se redujo, priorizando inversiones en infraestructura y adquisición de commodities.

Diálogo entre iguales

Otro factor para leer la III Cumbre es la posición expresada por presidentes de distintos países latinoamericanos sobre el respeto de las soberanías y un diálogo entre iguales. Este planteamiento combina tres dimensiones: la reparación histórica poscolonial y esclavista, más explícitamente planteada por los países caribeños; una estrategia que supere la tradicional relación basada en la explotación y exportación de materias primas, para transitar a procesos combinados de transformación productiva; y el empoderamiento de la unidad latinoamericana-caribeña como un actor clave de las relaciones internacionales.

Es en este marco que se debe entender como legítimo el planteamiento de Bolivia sobre su apertura a relaciones para la investigación, explotación e industrialización del litio respetando su modelo plural con gestión estatal de sus recursos estratégicos. También en este marco de relaciones se busca resolver el acuerdo de asociación entre la UE y MERCOSUR. La Declaración de París sobre la Eficacia de Ayuda al Desarrollo (2005) y otras dan sustento a estas relaciones con sus principios de apropiación, alineación, armonización de políticas simplificando procedimientos, mutua responsabilidad y gestión orientada a resultados.

La cooperación, camino para la alianza por el desarrollo sostenible

La Declaración de la III Cumbre UE-CELAC, es reveladora de la prioridad que cobra el pilar de cooperación como camino para avanzar tanto en la dinamización de los pilares político y comercial, así como para reforzar el sistema multilateral, promover una gobernanza mundial más eficaz e inclusiva, y la cooperación birregional para asegurar una aplicación eficaz y acelerada de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

El acuerdo más reconocido es la incorporación de los países de la CELAC al programa Global Gateway, que tiene un plan de inversión de 45.000 millones de euros (50.560 millones de dólares). Se trata de una estrategia establecida por iniciativa de la Comisión Europea a fines de 2021 con el objetivo de contribuir al desarrollo de los países socios de la UE, en particular en el continente africano, a través de la movilización del sector privado, con el fin de impulsar la transición digital, energética y ecológica en los países emergentes y en desarrollo, así como para potenciar los sistemas de salud, educación e investigación en todo el mundo. Es un Fondo al que los países del continente podrán acceder tanto en relaciones bilaterales como birregionales.

La III Cumbre menciona que se operará “en consonancia con las prioridades comunes de la UE y América Latina y el Caribe, con el objetivo de movilizar tanto la financiación pública como el capital privado a favor del desarrollo sostenible”, lo que le da vigencia a las estrategias y acciones conjuntas del Plan de trabajo de la presidencia pro témpore CELAC 2022: 1) recuperación económica inclusiva post covid; 2) estrategia sanitaria; 3) cooperación espacial; 4) ciencia, tecnología e innovación para la inclusión social; 5) gestión integral de riesgos; 6) educación; 7) fortalecimiento institucional y agenda contra la corrupción; 8) seguridad alimentaria; 9) diálogo con socios extra-regionales; 10) infraestructura; 11) cooperación ambiental; 12) desarrollo y perfeccionamiento de la CELAC; 13) mejora de la situación y condición de las mujeres en los países miembros; 14) transformación digital; y 15) cultura.

Se trata de recoger, enriquecer y redimensionar las relaciones bilaterales prevalentes en esfuerzos birregionales basados en estrategias programáticas comunes y conjuntas. Se tendrán que reandar los avances logrados por UNASUR y los logros de los sistemas subregionales de integración. Estos emprendimientos llevan a valorar la importancia de la institucionalidad de los procesos integracionistas y la validez de la supranacionalidad.

De manera más específica, la declaración de la III Cumbre UE-CELAC da algunas pautas sobre posibles prioridades de cooperación: el fomento del desarrollo sostenible en el período post pandemia; un modelo responsable de transformación digital centrado en el ser humano; asociación birregional sobre fabricación local de vacunas y medicamentos; reforzar la resiliencia de los sistemas sanitarios para mejorar la prevención, preparación y respuesta a emergencias de salud pública; y consolidar y reforzar las iniciativas de cooperación en el ámbito de la seguridad ciudadana y la justicia social, combatiendo la delincuencia organizada en todas sus formas, así como la corrupción y el blanqueo de capitales.

La referencia a los problemas relacionados con el cambio climático y el desarrollo sostenible en la declaración conjunta de la III Cumbre son amplias, diversas, específicas y trascendentes. He aquí algunas de ellas, que constituyen bases de trabajo compartido con el reconocimiento del planeta tierra y sus ecosistemas como nuestro hogar: la aplicación plena de los diversos tratados internacionales; la protección, conservación, restauración y uso sostenible de los océanos; cumplir el compromiso adquirido por los países desarrollados de movilizar con celeridad 100.000 millones de dólares al año para financiar la lucha contra el cambio climático en apoyo de los países en desarrollo; duplicar la financiación para la adaptación al cambio climático de aquí a 2025; liderar el cambio transformador hacia una economía sostenible; mantener el objetivo de 1,5°C; establecer mecanismos de financiación por pérdidas y daños; reformar y eliminar progresivamente las subvenciones perjudiciales para el medio ambiente; derecho al acceso al agua potable salubre y al saneamiento.

Un diálogo político concertador

La sexta resolución de la III Cumbre habla de relaciones “con independencia de las diferencias entre nuestros sistemas políticos y tomando en consideración las disparidades de nuestros niveles económicos, sociales o de desarrollo”. Este reconocimiento de las diferencias con acciones de concertación, tiene su expresión más evidente en la resolución sobre la guerra Ucrania y Rusia, que evidencia la expresión de profunda preocupación porque –la guerra- causa un inmenso sufrimiento humano. También remarca que agrava debilidades en la economía mundial e intensifica los riesgos para la estabilidad financiera. Así mismo enfatiza en que incrementa la inseguridad energética y alimentaria.

Sobre esta base se expresa el apoyo compartido para una paz justa, duradera y sostenible en consonancia con la Carta de las Naciones Unidas, dejando expreso de este modo el espíritu birregional sobre el conflicto en cuestión. Pero el elemento de concertación más notorio y llamativo es la omisión del papel de Rusia en la guerra, lo que posibilitó la rúbrica de la declaración por parte de diversos países de opinión no coincidente y que, aun así, no consiguió la adhesión de Nicaragua.

Por otra parte, el diálogo político deja ver en la declaración temas no resueltos (o no consensuados) como poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto contra Cuba, así como la soberanía de las Islas Malvinas.

En otro orden, se ha tomado posición contundente respecto a la violencia de género, a los derechos de los pueblos indígenas, los derechos del niño, los derechos de los defensores de los derechos humanos, los derechos de las personas en situación de vulnerabilidad y los derechos de los pueblos afrodescendientes.

Hay expresión explícita de reconocimiento y lamento sobre el sufrimiento conceptualizado como inimaginable, como consecuencia del comercio transatlántico de esclavos, por lo que se compromete impulsar una justicia reparadora. Y se expresa la preocupación que genera el continuo deterioro de la seguridad pública y la situación humanitaria en Haití.

También se valoran el proceso de paz en Colombia, las negociaciones en Venezuela, y la diplomacia parlamentaria, toda vez que la declaración reafirma los valores compartidos por unas sociedades resilientes, inclusivas y democráticas, con promoción, protección y respeto de todos los derechos humanos y libertades fundamentales en Estados de Derecho de multilateralismo inclusivo, respetando los principios de soberanía, libre determinación, no intervención en los asuntos que corresponden fundamentalmente a la jurisdicción nacional de los Estados y no recurso, en las relaciones internacionales, a la amenaza o el uso de la fuerza contra la integridad territorial.

El pragmatismo de las relaciones comerciales

La declaración de la III Cumbre UE-CELAC es menos explícita en relación al pilar comercial, acaso porque es un campo resuelto con sistemas heterogéneos y pragmáticos en curso, como: 1) las relaciones bilaterales de país a país; 2) los acuerdos de asociación entre la UE y esquemas subregionales de integración latinoamericanos; 3) las relaciones entre la UE y países; y 4) los esquemas fraccionarios como el acuerdo de multipartes entre la UE y algunos países andinos.

La declaración reconoce la importancia del comercio abierto y justo en sus dimensiones económica, social y medioambiental que se refuerzan mutuamente; valora los procesos encaminados a la firma del acuerdo modernizado entre la UE y Chile y entre la UE y México; toma nota de los trabajos en curso entre la UE y el Mercosur, así como del encuentro empresarial; y espera con interés la firma del Acuerdo de Asociación entre la Organización de los Estados de África, el Caribe y el Pacífico y la Unión Europea.

Capítulo especial se dedica a reforzar la colaboración en las instituciones financieras internacionales y las organizaciones multilaterales, con un fuerte acento latinoamericano – caribeño, cuando se expresa el compromiso por “un sistema multilateral justo, inclusivo y eficaz que asigne recursos adecuados al desarrollo sostenible, dé respuesta a las necesidades específicas de los países más vulnerables, refuerce el nivel de participación y garantice la representación de los países en desarrollo, y promueva su acceso, en condiciones favorables y transparentes, a los recursos financieros necesarios para promover su estabilidad económica y reducir el endeudamiento exterior, mejorar la sostenibilidad de la deuda y construir sociedades más equitativas, prósperas y justas que contribuyan al desarrollo sostenible”.

Mirando hacia adelante

Europa puede ser un socio clave en las pretensiones de diversificación, transformación productiva y transición energética, pues las relaciones comerciales que se sostienen con otros esquemas son fundamentalmente extractivistas y exportadores de materias primas y commodities. El memorándum de entendimiento en energías renovables, eficiencia energética e hidrógeno verde firmado con Uruguay, en el propósito de neutralizar carbono al 2050, es un indicador que la CELAC podría redimensionar en relaciones birregionales.

A modo de cierre de este análisis sobre los contextos, condiciones y desafíos de la III Cumbre UE-CELAC, destacando que se recomienda informar de manera proactiva sobre los beneficios mutuos de la asociación, recuperamos esta resolución: “Reafirmamos que colaborando como socios soberanos somos más fuertes y estamos mejor situados para afrontar las numerosas crisis y múltiples desafíos de nuestra época”.

Adalid Conteras es sociólogo y comunicólogo boliviano. Director de la Fundación Latinoamericana Communicare.

[2] Belt and Road Initiative – BRI, de acuerdo a su versión en inglés.

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