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Las mujeres y el racismo: en la encrucijada de la doble discriminación

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DW

“Existe una discriminación potenciada que nos coloca en desventaja”, afirma una activista afromexicana. “El racismo se convierte en elemento disciplinador del comportamiento de las mujeres”, dice una feminista boliviana.

«Tu cabello me da asco, es inaceptable, es pelo malo, difícil, parece vello púbico, se ve sucio, desaliñado, es rebelde, seguro tienes piojos, se ve feo, parece estropajo, fibra, esponja, parece peluca de payasito», han sido algunos de los comentarios recibidos por Georgina Diédhiou Bello por su pelo afro.

«Incluso me han llegado a pedir que me lo cortara, para obtener un puesto de trabajo: «para verme más profesional” y «no dar una mala imagen a la empresa»,cuenta Diédhiou Bello, mexicana «afrodescendiente por parte de padre y afromexicana con raíces indígenas por parte de madre», según puntualiza en entrevista con DW.

«Son actitudes que están fundadas en prejuicios raciales, comportamientos discriminatorios«, analiza la activista, que ha dedicado su vida a defender la causa antirracista.

«Estas ideas suelen estar basadas en una doctrina de superioridad racial», indica. «Pero son ideas científicamente falsas, moralmente condenables y socialmente injustas. Y también bastante peligrosas», condensa la experta, integrante de la asociación civil Afrodescendencias Mx y Consejera Consultiva de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos de México.

Georgina Diédhiou Bello, feminista mexicana

Georgina Diédhiou Bello, activista afromexicana

Discriminación por partida doble

Pero esto no es todo. Cuando la discriminación por cuestiones raciales se combina con la discriminación por género, los efectos se potencian.

Así, la violencia contra la mujer basada en el origen étnico o la raza es considerada uno de los casos más claros de discriminación «interseccional», o sea, aquella en la que intervienen diferentes bases o factores de manera simultánea.

«El racismo y el sexismo interactúan», afirma Diédhiou desde Ciudad de México, «creando múltiples niveles de injusticia social y desigualdad, es decir, una doble discriminación, cuando se dan juntos».

«Existe una discriminación potenciada que nos coloca en desventaja inmerecida casi de manera permanente», sentencia la activista afromexicana, también fundadora de la organización no gubernamental Red Sin Odio.

«La situación de vulnerabilidad para las mujeres negras, afromexicanas y afrodescendientes es casi permanente, desde que nacen hasta que mueren, viven este tipo de múltiples situaciones de discriminación», denuncia.

Racismo sobre las mujeres, como elemento de control

«Es interesante ver que, cuando se combina la cuestión del racismo con la condición de las mujeres, no se enfrenta únicamente una doble discriminación, sino una clasificación social racista más compleja que la que se aplica sobre los hombres», sostiene, por su parte, la feminista boliviana María Galindo.

«Cada milímetro del cuerpo de una mujer es clasificado de forma racista, hay un doble control que se ejerce sobre las mujeres», explica la cofundadora del colectivo Mujeres Creando.

«En Bolivia, por ejemplo, no se clasifica simplemente en «mujeres blancas» y «no blancas», sino que se utilizan una multiplicidad de adjetivos que apelan a la forma de vestir, la forma de llevar el cabello, la forma de combinar los colores e inclusive el comportamiento», detalla la experta desde la capital boliviana.

María Galindo, feminista boliviana

María Galindo, comunicadora feminista boliviana

«El racismo se convierte en un elemento disciplinador del comportamiento de las mujeres», sostiene Galindo.

«Un hombre visto como indígena puede traspasar las fronteras étnicas cambiando la ropa, pero en el caso de una mujer, ella no puede hacerlo, porque será criticada como ‘no auténtica’ o ‘traidora'», ejemplifica.

Asimismo, según la comunicadora boliviana, son múltiples las esferas en las que el racismo sobre las mujeres se hace notar.

«Existe un control racista del deseo erótico», afirma. «Esto me parece fundamental para entender la intersección entre racismo y mujeres», postula. Así, existen diferencias respecto al «lugar erótico que se le asigna a cada mujer según el color de la piel», afirma, «desde la hipersexualización de las mujeres llamadas negras, hasta la desexualización de las mujeres vistas como ‘indias’ y el deseo por la posesión sexual de la mujer blanca, como un triunfo histórico del hombre indígena», distingue Galindo.

El fenómeno es, por cierto, complejo y traspasa las fronteras de los países. Se trata de «un mecanismo de poder y de dominación, que cree que existen sociedades en crecimiento y sociedades primitivas, personas deseables y personas indeseables, y entre esas, nosotras hemos sido etiquetadas como personas indeseables o ciudadanas de segunda», critica, por su parte, Diédhiou Bello.

Y, en este sentido, concluye la activista afromexicana, «existe culturalmente una deuda histórica a nivel nacional, pero también en toda Latinoamérica».

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