Apenas ganaron las elecciones generales Hugo Banzer y Jorge Quiroga en 1997, el embajador de Estados Unidos de ese entonces, Kurtis Kamman, vetó el ingresó de políticos “narcovinculados” al nuevo gobierno. Entre los prohibidos figuraba el mirista Carlos “Fufi” Saavedra. El ex dictador y su Vicepresidente acataron la orden de la Embajada. A tal extremo fue la sumisión, que esperaron que recupere su visa para nominarlo Canciller.
Durante los gobiernos de Víctor Paz, Jaime Paz y Gonzalo Sánchez de Lozada, eran frecuentes las versiones sobre políticos “desvisados”. El retiro de la visa a cualquier boliviano poderoso copaba los medios porque en realidad significaba un certificado de defunción para la vida política de la persona afectada. En otras palabras, quien definía quien gobernaba Bolivia, ya sea depurando listas de posibles ministros o candidatos a parlamentarios, era el embajador de turno de Estados Unidos.
A veces, en teoría política no es tan culpable quien impone, sino quien se deja imponer. Y los gobernantes de aquel tiempo prácticamente perdían su ajayu cada vez que “El Embajador” o “La Embajadora” abría la boca, como sucedió con la diplomática Donna Hrinak, cuando le reclamó cojones al gobierno de Banzer-Quiroga en la lucha antidroga.
Una de las últimas intervenciones que no recibió respuesta fue la de Manuel Rocha, quien una semana antes de las elecciones de 2002 (gobernaba Jorge Quiroga) pidió a los bolivianos no votar contra el candidato del MAS, Evo Morales. Lo hizo en pleno Chapare, territorio político del líder cocalero y hoy Presidente de la República. El efecto que consiguió fue contrario, despertó el espíritu anti-imperialista de los bolivianos y lo catapultó al segundo lugar de la preferencia electoral.
En 2003, la Embajada de EE:UU. prácticamente obligó a políticos del MIR, NFR y otros partidos armar una alianza con el MNR para sostener a Gonzalo Sánchez de Lozada, así lo reconoció el actual prefecto de Cochabamba y jefe de NFR, Manfred Reyes Villa. El embajador David Greenle defendió a capa y espada con el instrumento de la legalidad al gobierno que masacró a habitantes de El Alto en Octubre de 2003, alargando la agonía de Goni y la desgracia del pueblo boliviano.
Los antecedentes demuestran que era una costumbre política la sumisión de gobernantes bolivianos a la Embajada de EE.UU. Ninguno convocó a los diplomáticos intervencionistas a la Cancillería, ni siquiera para disimular.
Los tiempos cambian, la historia da algunos retoques y entonces surge la crisis que actualmente atraviesan las relaciones entre la embajada de Estados Unidos y el gobierno de Bolivia. Philip Goldberg desconoció la nueva fisonomía de la política nacional e intentó reproducir la actitud de sus antecesores.
Si evolucionó la composición del poder en Bolivia, sería necesario que también cambie el espíritu del embajador de Estados Unidos. El nuevo tiempo requiere de un diplomático más amigo de los movimientos sociales que de los sectores privilegiados; más próximo a la igualdad que a la libertad sin causa social, sino sólo destinado a preservar intereses grupales.
En realidad, el nuevo escenario latinoamericano requiere de embajadores estadounidenses más comprometidos con la democracia cotidiana de los marginados, de otro modo cada día perderá más su influencia regional. ¿Significará Obama ese cambio? Por ahora es como pedir peras al olmo.
Embajador USA
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