Elizabeth López – ¿Es posible lo holístico y asertivo en una política minera?

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Hace poco leí un artículo de un gran compañero Alfredo Zaconeta que titulaba “Por una minería boliviana holística y asertiva”, en el texto se afirma que:
“El enfoque holístico nos exige dejar de ver a los factores ambientales como insumos desechables y empezar a abordarlo como capital natural. Esto requiere internalizar los costos ambientales desde el primer día de operación, y transformar la riqueza mineral en desarrollo sostenible a través de la industrialización, superando el modelo extractivista de exportación de concentrados” (https://rimaypampa.org/opinion/alfredo-zaconeta-por-una-mineria-boliviana-holistica-y-asertiva/).
No podría estar más de acuerdo con tal afirmación, de echo hace ya más de una década realicé un estudio sobre los costos económicos de las políticas mineras en los casos de Huanuni y Bolívar. (https://bibliotecadigital.oducal.com/…/oai:ucb.edu.bo…) Sin embargo, ahora creo que esa frase expone un deseo, un sueño imposible de alcanzar.
La minería tiene una marca de nacimiento que es imposible borrar, nace con la cara más cruel del colonialismo expoliador y esa marca es la que la caracteriza al día de hoy su accionar. Sobre esas bases se asienta la economía de los estados modernos, una base de orden extractivista y colonial, por ello, el desarrollo del capitalismo global no es posible sin la extracción, acumulación y despojo de grandes recursos – particularmente – mineros.
Con frecuencia se argumenta que no existen políticas mineras o que las que existen no son adecuadas a la realidad del país y la minería, sin embargo, considero que no es así, existe una política minera clara y adecuada a las necesidades de una minería colonial, es altamente permisiva en temas claves como el medio ambiente, altamente permisible en el incumplimiento de norma que precautela los derechos de terceros – especialmente poblaciones indígenas y campesinas -, es absolutamente flexible en lo referente al pago de impuestos y aranceles y por último fomenta la mafiosidad institucionalizada.
No es posible crear una minería holística y asertiva por las siguientes razones:
– Históricamente la minería nunca ha podido ser controlada, tanto así que ya en la colonia se dejaba entrar a los indígenas una vez a la semana a sacar lo que pudieran, pero también históricamente existía robo de mineral, claro era imposible controlar todas las bocaminas de Potosí y de las miles de operaciones mineras de ese tiempo. Por ello, el jukeo de minerales en el país es históricos y se ha incrementado y sofisticado a lo largo de los años, ahora los jukus son grupos armados y organizados, pero para que los jukus hayan llegado a este nivel sobre todo en las operaciones en socavones y en las principales minas (ejemplo Huanuni) tiene que haber y existe una cadena de sobornos y complicidad (que ha sido demostrado varias veces) que involucra tanto a los propios mineros, como a mandos técnicos y personal de seguridad. La pregunta es, ¿qué pasa con los jukus que no agarran?, con esos que logran sacar el mineral, ¿dónde y quién compra ese mineral? ¿Por qué es tan atractivo jukear a tal grado que ahora es toda una organización criminal? Esa cadena que nadie quiere ver o que no conviene develar, es una cadena mafiosa que sostiene todo el desvió ilegal de minerales en todo el país.
– Los mineros en general – las cooperativas en particular – tienen la sartén por el mango, el título de cooperativas esconde mucho más que un sistema patronal privado que viola las leyes que les da la gana. Los cooperativistas son los nuevos colonizadores, su forma de actuar no es diferente a la que usaban los colonizadores a finales de 1500 y como si en esos años estuviéramos, ellos agarran maquinaría, trabajadores y se lanzan al éxito, claro en un Estado y con gobiernos a los que solo le importa lo que pasa alrededor de la plaza Murillo, es fácil jugar al descubridor y conquistador, al gobierno y ahora todos los que pugnan por ser gobernadores no les interesa parar la minería ilegal o poner freno a su expansión, les interesa legalizar los miserables ingresos generados por esa gran masa de mineros, legalizando así la ilegalidad, ninguno quiere un problema con las horas de trabajadores, al final esas hordas no le cuestan un peso al gobierno, no hay que darles trabajo, menos salud o educación, de eso nadie se encarga, son los dueños de las cooperativas los que les pagan, la complicidad es perfecta, es casi simbiótica, por eso, están a punto de legalizar los más de 4000 permisos mineros que no cuentan con EIA, muchos de los cuales ya están operando.
– No es posible crear una minería holística, porque la deuda social y ambiental que arrastra el extractivismo minero en el país es histórico. La Auditora de Pasivos Ambientales Mineras del año 2020 estableció que en el país existían alrededor de 1200 desechos mineros que había que tratar, la Auditoria también estableció que no se avanzó en la remediación o tratamiento de los mismos que ya habían sido recomendados en una Auditoria anterior realizada el 2014. Ojo, que la cifra de 1200 es referencial, vivimos rodeados de desechos tóxicos, dejados por la minería solo hay que alejarse un poco del centro de las ciudades y se los ve, es el caso de Milluni, todos los socavones alrededor de la represa de agua del Chacaltaya o las montañas alrededor de Oruro, sin mencionar las montañas de mineral de Uncia por la que los niños aún juegan a resbalar. Un caso dramático (por lo impresionante) del último año es lo que ocurrió en la comunidad Andavilque cerca de Uncia, donde en marzo del 2025 se rompió un dique de colas y cayó sobre la comunidad lodo de plomo, estaño y zinc, al día de hoy esa comunidad no tiene reparación y la contaminación sigue. Pero eso no es raro, porque así se tratan los desechos mineros y la negligencia ambiental, otro caso reciente que de igual manera ha quedado en impunidad y abandono es la rotura del dique de colas de la COMIBOL el 2022, donde alrededor de 13.085 metros3 de lodo contaminado han alcanzado la cuenca de la comunidad de Agua Dulce en Potosí.
Podría pasarme un largo rato rememorando los desastres ambientales que deja la minería y eso que no estamos hablando de los cientos de nuevos pasivos mineros en la amazonia, porque cuando se les acaba el oro, las cooperativas sólo recogen sus cosas y se van, dejando las huellas de la devastación, por eso hay tantos informes del mercurio en peces, aguas y cuerpos. Y, ojo que eso no pasa solo en la pequeña o mediana minería, casi nadie recuerda, pero la empresa minera Inti Raymi cuando aún era operada por la Nemont Corporation, desvió aguas frescas del río Desaguadero para llenar su PIT contra toda disposición y nos ha dejado una cantidad de pasivos abiertos sobre los que los ex trabajadores ahora cooperativistas siguen rascando oro. ¿Por qué no se invierte en encapsulación de residuos tóxicos? ¿Por qué no se invierte en la descontaminación de ríos? ¿Por qué no se invierte en prevención? ¿Por qué no es prioridad preservar el medio ambiente, el agua y la vida? Porque simplemente eso no es rentable, porque la Pachamama no se queja, porque hemos naturalizado vivir con tóxicos en el cuerpo, porque al final cuando hay minería hay movimiento económico, es peor no tener nada, ese es el nivel de empobrecimiento de este paisito.
– La deuda social es mucho más difícil de medir, porque podemos afirmar que la minería genera grandes ingresos para el país, decir que Potosí le gana a Santa Cruz en generación de divisas, pero no logramos ver en los hechos los efectos de ser grandes exportadores de minerales, los mineros saben bien el discurso y se llenan la boca hablando del impacto de su labor en la economía del país, todo ello a pesar que se ha demostrado que las regalías son ridículas. Bueno todo ese aporte económico no se ve, para nadie es nuevo que todas las regiones productoras de minerales, son regiones empobrecidas, con altos niveles de violencia (sobre todo contra las mujeres), problemas de insalubridad y más todavía con serios problemas de salud de los que no se quiere realmente hablar. No es casual entonces que en el 2025 se haya registrado al menos 121 muertes de jóvenes en accidentes en interior mina y que en tres meses del 2026 hayan fallecido en los dos primeros meses 38 personas en los socavones de los andes, definitivamente es igual al tiempo de la colonia, bueno sigue siendo colonia. No es casual que existan mujeres que trabajan por menos de 500Bs al mes en el pobre Cerro Rico de Potosí, no es casual que miles de personas sufran los efectos de los metales pesados en sus cuerpos y que en las regiones mineras nadie quiera vivir y se compren su casita o terrenito en Cochabamba u otra ciudad. Miles de hombres (también mujeres) son parte de esa perversa cadena minera, miles en condición de vulnerabilidad como trabajadores eventuales para los socios cooperativistas, sin sindicatos, sin seguro de salud o derecho a renta, esos vienen a marchar para no perder sus ingresos. Algo anda mal en la repartija de los beneficios de la extracción de minerales, algo no cuadra y nunca ha cuadrado, la pobreza sigue siendo un mal legado del Tío de la Mina. Al igual que la reparación ambiental, la salud de las poblaciones no es importante, porque es otro gasto que a los gobiernos no les interesa, al final la gente se las arregla como puede y si no puede menos de que preocuparse
– Otro razón por la que la minería no puede salir de patrón colonial, es la alta mafiosidad e ilegalidad que la rodea, desde siempre los mineros han impuesto por la fuerza o con el manejo de las leyes sus necesidades e intereses, el llenado del dique de Inti Raymi es sólo un pequeño ejemplo de esa afirmación, más reciente y recurrente son los bloqueos sistemáticos y armados cuando se quiere hacer una inspección, memorable el caso de Arcopongo, pero se les sumas decenas de casos, desde Antequera, Teoponte, el Cerro Rico de Potosí, hace una semana en Curva (La Paz) con armas se impidió el ingreso de la comisión de la AJAM. Ese tipo de hechos se han convertido en una nota de crónica roja, sobre la que pesa más el morbo que la indignación. Para los mineros los ambientalistas son sus enemigos, son los que les quitan el derecho al trabajo, son los que les quitan el pan de la boca, claro como el único derecho que vale es el de ellos, porque la minería aún tiene un orden de prioridad nacional, cerrar ingresos, usar armas, ir contra la ley, despojar de aguas y territorios, contaminar impunemente, entre tantas otras cosas les está permitido. Y por eso es un sistema mafioso. La mafiosidad es descrita como un proceso no cooperativo, que se basa en la depredación de recursos de manera violenta o a través de la extorsión, que no contribuye al bien común y que se realiza en complicidad con el sistema jurídico, político y de las fuerzas del orden, generando escenarios de impunidad y la consolidación de privilegios para unos pocos (Jamen Jacob, 2006).
No nos equivoquemos, la minería en este país es un cáncer que carcome vidas, paisajes, agua y conciencias, no ha cambiado nada, no ha generado bien estar o mejora en la calidad de vida de la gente. Si de verdad y por fin quisieran hacer una verdadera política minera que aportará al país y las poblaciones se deberían asumir tareas gigantes:
– Una pausa minera, en tanto se delimita la casa y se ordena el territorio de tal manera que se elija a través de procesos de consulta previos libres e informados las zonas de sacrificio en pro del desarrollo, es decir dónde y cómo se hará minería.
– Una actualización del inventario de pasivos mineros que permitan desarrollar una inmediata atención a estos tóxicos que literalmente están a lo largo y ancho de todo el país, matando lentamente ecosistemas y personas.
– Una ley ambiental real, con un Autoridad real que pueda no solamente llevar a cabo las tareas de fiscalización de los ALBAs EIAs y otros, sino también y ante todo ser la garantía de que no se incumplirá con la ley y los acuerdos realizados.
– La devolución del derecho a la Consulta Libre Previa e Informada a todos los pueblos Indígenas Originarios y Campesinos.
– Una política minera debería entre otros temas, incorporar los verdaderos costos de la minería en temas sociales y ambientales.
Termino con una pregunta ¿Se vale seguir soñando?
Elizabeth López Canelas es antropóloga feminista e investigadora independiente

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