El endeudamiento externo de un país no es, por sí mismo, un problema. La historia económica demuestra que la deuda puede ser una herramienta legítima cuando está orientada a la inversión productiva, al fortalecimiento del Estado y al bienestar social. El verdadero problema surge cuando el endeudamiento deja de servir al interés colectivo y pasa a beneficiar a grupos privilegiados, logias económicas o “amiguitos” del poder político. Bolivia parece estar transitando peligrosamente por ese camino.
Durante los últimos 20 años, Bolivia acumuló una deuda externa aproximada de 13.700 millones de dólares, equivalente al 23,3% del PIB. Sin embargo, esa deuda tuvo un destino claro y verificable: infraestructura, salud, educación, riego, energías renovables, diversificación productiva y generación de empleo. Es decir, fue una deuda con retorno social y económico, orientada a fortalecer el aparato productivo del país y mejorar las condiciones de vida de la población.
El contraste con el actual proceso de endeudamiento bajo el mandato de Paz es alarmante.
Un endeudamiento acelerado y opaco
En lo que va del mandato de Paz, Bolivia se endeudó 1.600 millones de dólares inicialmente, recursos que ya estaban estancados en la Asamblea Plurinacional debido al boicot político contra el gobierno de Arce, heredado de la crisis política previa. A esto se sumó un nuevo endeudamiento de 3.100 millones de dólares con la CAF, de los cuales 550 millones eran de ejecución inmediata.
La pregunta central es inevitable: ¿qué se hizo con ese dinero?
No existe transparencia, no existen informes claros y, probablemente, nunca sabremos el destino real de esos recursos.
El falso “ahorro” tras el levantamiento de la subvención
Paz justificó el levantamiento de la subvención afirmando, de manera textual, que esta medida “generó un ahorro diario de 10 millones de dólares para el Estado”. Si realizamos un simple ejercicio matemático:
- En 30 días: 300 millones de dólares
- En 10 meses: 3.000 millones de dólares
- En 20 meses: 6.000 millones de dólares
Si ese ahorro fuera real, ¿por qué entonces Bolivia se endeudó con la CAF por 3.100 millones de dólares y con el BID por 4.500 millones de dólares?
La respuesta es clara y preocupante: estos créditos no están destinados a salud, educación, infraestructura, riego ni energías limpias, sino que están diseñados para canalizar recursos hacia el sector privado, especialmente hacia los mismos grupos económicos de siempre.
Los verdaderos beneficiarios de la deuda
Los recursos no están orientados a reactivar el aparato productivo nacional, sino a favorecer:
- Agronegocios basados en monoproducción que destruyen el medio ambiente
- El sistema bancario, que intermedia y concentra capital
- Cooperativas auríferas, responsables de contaminación y depredación de recursos naturales
- Las logias económicas tradicionales, denunciadas incluso por actores como Samuel Doria Medina, quien, paradójicamente, fue indultado del pago del Impuesto a las Grandes Fortunas, permitiendo que los más ricos sigan acumulando riqueza mientras el país se endeuda
Un país al borde del colapso de endeudamiento
Actualmente, la deuda externa de Bolivia, que anteriormente ascendía a 13.700 millones de dólares y que, sumada a los nuevos 9.000 millones de dólares, alcanza aproximadamente los 22.700 millones de dólares, sitúa el endeudamiento externo del país en torno al 45% del PIB. Si además se incorporan los créditos gestionados por Paz provenientes de FONPLATA y el Banco Mundial, junto con la emisión de bonos soberanos, por un monto cercano a los 6.000 millones de dólares, Bolivia superaría el 50% del PIB únicamente en deuda externa.
Si a esto se añade la deuda pública interna, Bolivia podría alcanzar fácilmente un endeudamiento total del 112% del PIB, un nivel insostenible para cualquier economía en desarrollo.
La pregunta final
La interrogante que queda es inevitable y profundamente política:
¿Este endeudamiento reactivará el aparato productivo nacional o solo servirá para regalar dólares a los amigos del poder, a los agronegocios, a la banca y a las cooperativas auríferas?
La evidencia apunta a lo segundo. Bolivia no se está endeudando para desarrollarse, sino para sostener un modelo que concentra riqueza, destruye el medio ambiente y compromete el futuro de las próximas generaciones. La deuda que hoy se contrae no es una inversión: es una hipoteca social que pagarán los bolivianos mañana.

