Dijo Hannah Arendt: “vivimos tiempos oscuros, en los que los peores han perdido el miedo, y los mejores, la esperanza”. Aunque lo expresó en el pasado siglo, ciertamente nuestro actual tiempo es oscuro, conflictivo, incierto… Resistir —sobrevivir, en realidad— a todo ello, requiere, pues, luz. Luz que muchas veces proviene de eventos intrascendentemente importantes.
Cada cuatro años, uno de ésos hace que millones de personas cambien rutinas. Los temas recurrentes quedan en segundo plano. Los titulares y las publicaciones son otros. Pasa que el mundo se pone a girar al ritmo de un balón, mientras se unen los hilos invisibles de millones de creyentes de la única religión que no tiene ateos.
No hay duda, es el espectáculo deportivo más grande que existe. Atrae a propios y extraños. Se lo espera con expectativas que nacen casi inmediatamente después de que termina. Su grandeza es superlativa, pues el fútbol —para dolor de sus detractores— es el único deporte con capacidad de unir naciones, de eliminar —por 90 minutos o lo que dure un partido— resentimientos y odios añejos, haciendo que, durante algo más de un mes, las personas se identifiquen más que nunca con su bandera. Ningún ente, ninguna ideología, ninguna creencia es capaz de semejante hazaña.
El pasado 11 de junio, tras 1.271 días, comenzó un nuevo Mundial. En Bolivia, nos encontró en pleno asedio y desgobierno. Sería irresponsable de mi parte afirmar que muchos bolivianos lo esperaron con ansias desbordadas. La atención, la preocupación estaba en otro lado. Sin embargo, creo que el Mundial trajo algo de entusiasmo en medio de tanta tensión. Porque para algunos, aunque resulte contradictorio, el fútbol nos calma, nos cobija el alma.
Como todo futbolero obsesivo, esperé el inicio de éste inédito torneo magnificado (48 selecciones, 39 días, 104 partidos), repasando datos, releyendo crónicas y textos alusivos. En esa labor me topé con un libro del periodista argentino Dante Panzeri[1], cuyas ideas centrales me permito usar para titular este artículo.
Para Panzeri, el fútbol se lo ve para ganar o para ver jugar, lo que a su vez genera dos tipos de espectadores: aquellos que disfrutan más cuando su equipo gana (hinchas) y quienes se dejan llevar por la emotividad que genera el juego, independientemente del resultado. Pero no cualquier juego, sino aquel puro, impensado, que no nace en pizarrones. Puede decidirse en un segundo, porque una victoria no depende de una planificación, sino del azar, de la picardía de los jugadores. El fútbol, para Panzeri, es “el arte de la espontaneidad y lo imprevisto”.
Van diecisiete días ininterrumpidos de fútbol —72 partidos hasta ahora—, y he visto esos matices y conceptualizaciones acertadísimas de Panzeri cobrar vida: un mundial que, más que hinchas, tiene fanáticos que disfrutan de las emociones de cada partido, tanto fuera como dentro de los estadios; un Mundial donde lo inesperado —representado en resultados, historias y acontecimientos sociales y hasta políticos— ha opacado lo previsto.
Este Mundial arrastraba varias controversias. Una de ellas fue la ampliación de cupos de clasificación. De 32 se pasó a 48 selecciones participantes. Las críticas a esta decisión de la FIFA y de su presidente, Gianni Infantino, tuvieron sentidos deportivos, económicos y hasta políticos. Las asociaciones europeas acusaron a Infantino de priorizar intereses (comerciales, su estadía presidencial) y de saturar el calendario de los futbolistas en detrimentos de sus ligas. Por su parte, los puristas futboleros observaron que muchas de las selecciones que se beneficiarían con dicha ampliación serían aquellas que quedaban en puestos bajos en las eliminatorias de sus confederaciones, lo que reduciría el nivel competitivo propio de un Mundial. Los beneficios económicos no podían negarse. 104 partidos, en lugar de 64 significaban incremento en la demanda de entradas, costos de derechos de televisación y mayores patrocinios.
La ampliación de cupos suscitó un problema mayúsculo: ¿qué país podría albergar a las 48 selecciones más sus aficionados? La sede tripartita significó un alivio para la organización del evento. Pero más allá las infraestructuras requeridas (estadios, hoteles, etc.), a medida que se iba acercando el inicio del Mundial, el desafío fue otro: la logística migratoria y diplomática para garantizar el libre ingreso y tránsito de millones de personas a los países anfitriones: México, Canadá y, principalmente, Estados Unidos.
La Administración Trump puso en duda la “integración” que reiteradamente prometió Infantino. Las duras políticas migratorias generaron deportaciones, prohibiciones de ingreso arbitrarias y hasta tratos indignos. Como ejemplos: el caso del árbitro somalí Omar Artan, quien, tras 11 horas de interrogatorio, fue expulsado de territorio americano; o la delegación de Irán que tuvo que concentrar de manera forzosa en México.
Los jugadores y miembros de las delegaciones internacionales no fueron las únicas víctimas. Un nuevo tipo de visa introducido en 2025 exige una garantía de 15.000 dólares a ciudadanos de Argelia, Cabo Verde, Costa de Marfil, Senegal y Túnez. Aunque tras innumerables reclamos la Administración Trump decidió levantarla excepcionalmente, cientos de ciudadanos africanos no lograron conseguir sus visas a tiempo.
Casi siempre la FIFA trata de mostrar cierta neutralidad ante coyunturas políticas, y pese a que censure imágenes o mensajes políticos o de protesta social durante las transmisiones televisivas, no puede evitar que éstas se difundan en redes sociales. Así sucedió con el “hincha estatua”. Michel Kuka Mboladinga acude a los partidos de su selección para apoyarla y para visibilizar la coyuntura actual de su país. Personificando a Patrice Lumamba, líder que liberó a la República Democrática del Congo del colonialismo belga, se queda inmóvil todo un partido. Sólo al inicio, durante el himno congoleño, se cubre la boca y simula una pistola en su sien. Congo sufre crisis por desplazamientos humanos, pugnas de milicias rebeldes internas, crisis humanitaria por el brote de ébola, un conflicto político entre el oficialismo y oposición por el intento del actual mandatario Felix Tshisekedi de forzar un tercer mandato mediante un referendo nacional para modificar la Constitución congoleña. ¡Vaya que las tramoyas autoritarias son las mismas en todos los continentes!
La “neutralidad” política de la FIFA se difuminó gracias al propio Infantino. En una acción altamente política, bajó al vestuario de Irán tras el partido frente a Nueva Zelanda, el 16 de junio. Solidarizándose con los jugadores y cuerpo técnico iraníes, les dijo: “sé por lo que han pasado”. Con éstas palabras, reconoció el trato hostil que la Administración Trump tuvo con esta delegación.
Ya en lo estrictamente futbolístico, las afirmaciones de Panzeri (sobre “lo imprevisible” o la aparición de “un inspirado” que mueve los planes) fueron pasando a terreno fáctico día tras día. Lo “obvio” estuvo presente sólo en algunos de los 72 partidos de fase de grupos. Ni el debut de la vigente campeona estuvo exenta de imprevisibilidades. Se enfrentó a Jordania, un rival a priori sencillo. Aún ello, Messi volvió a sorprender, volvió a usar su genialidad para marcar un hat-trick. Simplemente inagotable, irrepetible.
Pero si se trata de inspirados, no puedo no mencionar a cuatro arqueros que tuvieron jornadas iluminadas y empujaron a sus equipos a realizar verdaderas proezas futbolísticas. Vozinha, Eloy Room, Mohammed Al-Owais, Alireza Beiranvand fueron los artífices de resultados y partidazos impensados: España-Cabo Verde (0-0), Irán-Nueva Zelanda (2-2), Arabia Saudita-Uruguay (1-1), Ecuador-Curazao (0-0), Bélgica-Irán (0-0), Uruguay-Cabo Verde (2-2).
Siguiendo la línea de Panzeri: las contingencias ponen en aprietos a lo planificado, la picardía y el atrevimiento de los jugadores hacen que jueguen bien, que sorprendan, que emocionen. Para ejemplo, Japón, que disputa el Mundial sin sus principales figuras (Mitoma, Endo, Minamino), pero que supo concentrarse en ser “un equipo” que juega bien porque disfruta del juego. Sin miedo, sin achicarse, empató con la siempre intimidante selección de Países Bajos.
Otro ejemplo: Ecuador. En la última fecha, sólo le servía ganar para asegurar su pase a dieciseisavos. Pero el rival era la poderosa Alemania que había demostrado su fuerza y frialdad en las dos fechas previas. Sin embargo, y ante la displicencia germana, el milagro ecuatoriano llegó al minuto 78 con el gol de Gonzalo Plata.
Un Mundial no sólo es grandioso por la cantidad de selecciones que lo disputan, también lo es cuando en el fragor de un partido poco importan los nombres o las diferencias entre clubes de EUFA y CONMEBOL, o cuando el intercambio cultural entre ciudadanos de uno y otro país, ya sea en las calles o en los estadios, es espontáneo. Sin embargo, habrá que reconocer que sin esa ampliación de cupos —tan resistida y vista con marcado escepticismo— no habríamos conocido historias duras (como la de Congo) ni nuevos héroes (como Vozinha). No se perdió ni nivel ni competitividad. Ni los futboleros más puristas pueden negar que disfrutaron de partidos que parecían sólo anecdóticos: Irán-Nueva Zelanda, España-Cabo Verde, Jordania-Argelia, Corea del Sur-Chequia, Portugal-Congo…
Mientras termino éste artículo, termina también la fase de grupos del Mundial 2026 con los partidos del grupo J: Argentina venció cómodamente (3-1) a Jordania; Austria y Argelia empataron (3-3) en otro partido memorable de esta primera etapa. Cuesta creer que ya se han jugado 72 partidos y que sólo resten 32. Los dieciseisavos de final avizoran más sorpresas, emociones, momentos inolvidables e imprevisibilidades; por lo mismo, es imposible vaticinar lo que ocurrirá en los días que siguen. Como bien afirmó Panzeri: “el fútbol es lucha de imprevistos. Solamente los comerciantes de ingenuidad pueden creer y hacer creer que el fútbol es un arte de anuncios previos”. Sólo queda una cosa: seguir disfrutando de este evento extraordinario, que entusiasma a tirios y troyanos, que abraza a sus más fieles creyentes.
América Yujra Chambi es abogada.
[1] Panzeri, Dante. (1967). Fútbol. Dinámica de lo impensado. (Edición ebook: junio de 2020, Capitán Swing Libros).

