Una visión con respuestas para el crecimiento

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Por: Max Baldivieso

Cultivar, crear, recrear y abordar una sólida economía. Revitalizar el rol de los bolivianos como sujetos que fortalecen los mercados internos y se articulan a los mercados internacionales. Estas nociones constituyen los desafíos principales del Estado para 2022, en especial en términos de un conjunto de derechos económicos para la independencia económica y productiva con soberanía.

Del golpeteo de los teclados en las salas de redacción sale un montón de conjeturas y distorsiones de la realidad. Son verdades a medias e incongruencias “válidas”. Solo buscan desacreditar y destruir el camino que se abre para salir de la crisis, para reactivar el mercado interno y para no depender de las importaciones.

En el terreno en que se embarca el Estado boliviano, con medidas económicas y sociales que llevan de a poco a reactivar la economía, el presidente Luis Arce demuestra capacidad de responder a las necesidades inmediatas. Por ejemplo, con la dotación de vacunas para todos los bolivianos y la instalación de condiciones hacia la tranquilidad económica.

A un año de Gobierno no solo hay promesas, sino realidades. Pero, en su afán, los opositores dicen que los precios en el mercado externo dieron la posibilidad a Luis Arce de un Gobierno prospero. Pero el crecimiento que experimenta el país no existiría con altos precios internacionales y sin políticas económicas coherentes, sin inversión pública y sin crear infraestructura para las exportaciones, y este es el logro de Arce en su primer año de gestión tener una balanza comercial en positivo con un superávit de 1.790 millones de dólares.

En la coyuntura pandémica, en Bolivia se siente la reactivación de la industria. Además, en el Presupuesto General del Estado (PGE) 2022 se perfila un crecimiento económico en torno a 5,1% por la dinamización de la inversión pública. Se prevé que la tasa de inflación llegue a 3,4%, lo cual garantiza la estabilidad de precios de la canasta familiar.

Las transferencias a los gobiernos locales se incrementarán en 4,7%, con relación a 2021. Asimismo, estos indicadores proyectan estabilidad económica con la aplicación del Modelo Económico Social Comunitario Productivo (MESCP).

Los ingresos de operación, que son recursos que generan las empresas públicas, son una de las principales fuentes de financiamiento del PGE, con 24%, seguidas de los ingresos tributarios, con 21%. Los ingresos tributarios registrarán incremento del 15%, producto de un mayor dinamismo de la economía y no de mayor presión fiscal.

En 2020, el desacierto afectó el funcionamiento de empresas privadas, muchas de ellas cerraron. En 2021 esta situación comenzó a revertirse debido a las políticas de reconstrucción y reactivación y a la vacunación masiva. Para 2022 se espera mejor comportamiento de la producción y ventas.

El PGE para este año proyecta un superávit corriente (ingresos corrientes mayores a los gastos corrientes) como continuidad de las políticas de austeridad implementadas en 2021. Por otra parte, el déficit fiscal presupuestado de 8,0% del Producto Interno Bruto (PIB) es inferior al proyectado para 2021, de 9,7%. Esto se genera con inversión pública.

En este contexto, el déficit no es por gastos corrientes del sector público, sino por el financiamiento de proyectos de inversión que permiten ampliar la capacidad productiva y la infraestructura caminera y social (escuelas, hospitales, etc.).

De igual modo, el Gobierno nacional trabaja en la política de sustitución de importaciones para retornar a cifras cuando los índices de desempleo no superaban el 1% y de pobreza el 12%. Esto se logra a través de planificación adecuada.

Los hechos concretos muestran que se avanza hacia la estabilidad económica y social. Este es un revés a las opiniones amarillistas incapaces de dar respuestas efectivas al pueblo boliviano.

Max Baldivieso es periodista

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