Desde hace un mes, algunas personas vienen diciendo que defiendo al gobierno porque rechazo el bloqueo de carreteras. No. Lo que defiendo es algo mucho más importante: la democracia.
No puedo aplaudir medidas que arruinan negocios, destruyen empleos, paralizan emprendimientos, restringen la libre circulación y someten a millones de bolivianos a la incertidumbre y al miedo.
¿Acaso es humano apoyar a personas dispuestas a matar de hambre a su propio pueblo para obtener beneficios grupales? Mientras respondes, quiero compartir tres razones por las que creo que debemos defender la democracia.
1) Un sistema de reglas.
La democracia no consiste únicamente en votar cada cinco años. Es un conjunto de reglas que todos aceptamos para resolver nuestras diferencias sin destruir al país.
En 2009, aprobamos una Constitución que establece cómo se eligen y cómo se puede destituir a las autoridades.
Si un presidente pierde el respaldo ciudadano, existe un mecanismo democrático: el referéndum revocatorio previsto en el artículo 240 de la Constitución.
El principio es simple: El pueblo elige y el pueblo destituye; no un grupo de bloqueadores.
La historia demuestra que cuando las reglas son reemplazadas por la fuerza, la consecuencia suele ser más conflicto, más inestabilidad y más pobreza.
Es probable que estés pensando en lo que sucedió en 2019. En ese caso, hubo un fundamento constitucional: un pueblo tiene derecho a rebelarse frente a un tirano que comete fraude, desconoce la voluntad popular expresada en un referendo y viola la Constitución para perpetuarse en el poder.
2) ¿Lara presidente?
Supongamos que renuncia el presidente Rodrigo Paz. ¿Quién asumiría el mando? El vicepresidente Edman Lara. ¿Lo imaginas como Presidente? ¿Imaginas lo que haría con semejante poder? ¿Quiénes serían sus ministros: Mario Argollo, Vicente Salazar, Nilton Condori, Israel Huaytari?
Por su defensa de los bloqueadores, infiero que el vicepresidente ha estado acariciando ese sueño durante estos días de conflicto.
3) Inestabilidad política, crisis total.
Ahora, imaginemos que “Lara más que vuile” como dijo la señora que protesta contra el gobierno; entonces, asumiría el mando el presidente del Senado. En 90 días debería organizar elecciones.
Casi de inmediato, Evo Morales bloquearía de nuevo las carreteras o emprendería otras acciones antidemocráticas para ser habilitado como candidato.
Un presidente transitorio es débil y posiblemente no podría hacer nada para evitar el caos.
Los patrones de conducta de Morales me llevan a concluir que es capaz de llevar el conflicto hasta sus últimas consecuencias para satisfacer sus ambiciones personales. Las evidencias, a mi juicio, son claras: destruyó la economía, fracturó las organizaciones sociales, debilitó la democracia y terminó destruyendo a su propio partido. No sería diferente esta vez.
Pero digamos que el país democrático se impone una vez más y se organizan nuevas elecciones. Después del inhumano bloqueo de casi 50 días, lo más probable es que no gane el candidato de los bloqueadores, sino un postulante X.
¿Crees que los bloqueadores de hoy respetarán los resultados electorales de mañana? ¿O volverán a bloquear carreteras con cualquier pretexto para exigir la renuncia del nuevo mandatario?
Conclusión
El par de gobernantes que hoy tiene el mando nunca debió llegar a Palacio. La democracia corre estos riesgos: no siempre ganan los mejores. Sin embargo, la misma democracia ofrece soluciones: el revocatorio.
Defender la democracia no significa defender al gobierno; significa evitar que el caos económico y político termine devorando al país. Cuando estemos cayendo en un abismo sin fondo, ya nadie escuchará nuestro grito de auxilio.
Por eso, “Choco”, hay que defender nomás la democracia.
Andrés Gómez Vela es periodista y abogado

