Andrés Gómez – Leer no es requisito para gobernar

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En los días patrios, un video de una senadora se viralizó porque tuvo dificultades para leer el programa oficial del acto central del 6 de agosto. Miles de personas la observaron sorprendidas por televisión y, después, a través de las redes sociales.

No pretendo juzgar a la senadora por ese episodio. Tampoco creo que leer en voz alta un documento solemne sea una prueba suficiente para medir la inteligencia, la capacidad política o la idoneidad de una persona.

Pero el episodio permite abrir una conversación mucho más importante sobre la lectura. Para ser presidente, senador, diputado, asambleísta departamental, concejal, alcalde o gobernador, la legislación no exige demostrar una determinada capacidad de comprensión lectora. Para gobernar, basta cumplir los requisitos establecidos por la Constitución y las leyes.

Sin embargo, para gobernar bien hace falta comprender. Comprender documentos, leyes, informes, presupuestos, diagnósticos, contratos, estadísticas, investigaciones y problemas complejos. Comprender, además, aquello que se lee antes de tomar decisiones que afectan la vida de millones de personas.

Por eso, conviene mirar más allá de aquella escena y preguntarnos cómo estamos formando a quienes mañana tendrán que decidir el destino del país.

Según el estudio «Situación educativa en Bolivia», presentado por la Campaña Boliviana por el Derecho a la Educación (CBDE) y difundido por ERBOL el 7 de noviembre de 2024, ocho de cada diez estudiantes de sexto grado presentan dificultades significativas para comprender lo que leen. El diagnóstico también identifica problemas importantes en razonamiento matemático y ciencias naturales.

La preocupación no está en que un niño lea lentamente o desconozca una palabra. El problema aparece cuando puede pronunciar las frases de un texto, pero no logra localizar información explícita, relacionar conceptos, interpretar lo que el autor quiere decir o reflexionar sobre su contenido. Leer no es pronunciar palabras. Leer es construir significado.

Ahora imaginemos Bolivia en 2050.

Los niños y niñas que hoy tienen dificultades para comprender lo que leen tendrán entonces alrededor de 37 a 40 años. Serán profesionales, trabajadores, empresarios, funcionarios, padres y madres de familia. Algunos participarán en política. Algunos ocuparán cargos públicos. Otros decidirán, mediante el voto, quiénes gobernarán.

No sabemos cuántos de ellos superarán sus dificultades. Tampoco podemos afirmar que una mala comprensión lectora en sexto grado determine el futuro de una persona. La educación puede cambiar trayectorias y una dificultad puede ser superada.

Pero sí podemos afirmar algo: si no intervenimos, estamos trasladando una dificultad educativa del presente hacia la sociedad del futuro.

Aquí aparece el problema político. Una persona que no comprende bien lo que lee puede tener mayores dificultades para interpretar una norma, seguir una instrucción, analizar un contrato, comprender una noticia, comparar propuestas o evaluar un argumento.

También puede ser más vulnerable a la manipulación. No porque sea menos inteligente o porque carezca de criterio, sino porque comprender un texto permite distinguir información de opinión, reconocer argumentos, detectar contradicciones, relacionar datos y preguntarse qué falta en aquello que se nos está contando.

Sin comprensión lectora, el ciudadano corre el riesgo de quedarse con el titular, la frase impactante, el video de pocos segundos o la consigna que confirma lo que ya pensaba. Y eso, en tiempos de redes sociales, es especialmente peligroso.

La comprensión lectora también es una herramienta para aprender. Quien no comprende una pregunta puede equivocarse aunque conozca la respuesta. Quien no entiende un problema puede intentar resolver otro. Quien no logra relacionar conceptos tendrá más dificultades para construir conocimientos nuevos.

Por eso, el problema no termina en el aula. Llega a la universidad, al trabajo, a la economía, a la conversación pública y, finalmente, a la democracia.

Hay otra cuestión que suele pasar inadvertida: comprender también ayuda a pensar y a expresarse. Cuando una persona distingue ideas principales, reconoce relaciones entre conceptos y entiende diferentes formas de argumentar, tiene mejores herramientas para organizar sus propias ideas.

Justo por ello, me preocupa cuando confundimos alfabetización con comprensión. Una persona puede reconocer las letras, leer las palabras y terminar un párrafo sin haber comprendido realmente lo que el texto dice.

Puede leer “soberanía” y confundirla con “soberbia”. Puede pronunciar correctamente una palabra y desconocer su significado. Puede repetir un discurso entero y no comprender la idea que está repitiendo.

La lectura mecánica permite pronunciar, la comprensión permite pensar. Y la democracia necesita ciudadanos que piensen. No estoy diciendo que solamente quienes leen mucho deban gobernar. Sería absurdo. La inteligencia, la sensibilidad, la experiencia, la capacidad de escuchar, el liderazgo y muchas otras cualidades también importan en la política.

Tampoco estoy diciendo que una persona con dificultades lectoras esté incapacitada para gobernar. Estoy diciendo algo diferente: un país no puede resignarse a que, según este diagnóstico, ocho de cada diez estudiantes de sexto grado evaluados presenten dificultades significativas para comprender aquello que leen.

Esos niños no son solamente estudiantes. Son los ciudadanos del futuro. Algunos serán médicos, ingenieros, periodistas, profesores, agricultores, comerciantes, emprendedores o trabajadores. Algunos ocuparán cargos públicos. Todos votarán. Todos tendrán que tomar decisiones.

Entre ellos estarán quienes, en 2050, decidirán qué Bolivia queremos construir. Por eso, la discusión no debería ser si una senadora leyó bien o mal un programa durante un acto patrio. La reflexión debería ser: ¿Qué estamos haciendo hoy para que los bolivianos del 2050 puedan comprender el país que tendrán que gobernar?

Necesitamos una política educativa que convierta la comprensión lectora en una prioridad nacional. No solamente enseñar a los niños a leer, sino enseñarles a comprender, relacionar, cuestionar, argumentar y pensar.

Una sociedad que comprende lo que lee tiene más posibilidades de comprender lo que le ocurre. Y una sociedad que comprende lo que le ocurre tiene mejores posibilidades de decidir qué hacer con su futuro.

Leer no es requisito para gobernar, pero comprender debería ser una condición para no gobernar a ciegas. Esta es la verdadera tarea de nuestra generación: que los niños que hoy no comprenden lo que leen no lleguen al 2050 simplemente sabiendo leer, sino sabiendo entender.

Pues al final, el futuro de un país también se decide en la cabeza de un niño que aprende a comprender una página.

Andrés Gómez Vela es periodista y abogado

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