Andrés Gómez – El costo de la demagogia

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Allá por 1980, John Winston Lennon compuso una tierna canción para su hijo Sean. La tituló Beautiful Boy. Una parte de la letra dice: ‘La vida es lo que te pasa mientras estás ocupado haciendo otros planes’.

Sí. La vida pasa mientras estás en otra cosa. La política también pasa mientras el poder está ocupado en otros planes.

En algo más de seis meses del gobierno de Rodrigo Paz, la política transcurrió por la vida del poder sin que éste pareciera darse cuenta. Y estalló el conflicto. Hoy, a 24 días del bloqueo de caminos, flota una pregunta clave: ¿por qué piden la renuncia del Presidente los mismos sectores que lo llevaron al poder con su voto?

Antes de responder, dejemos algo claro. El bloqueo de caminos no puede normalizarse como método de protesta porque termina vulnerando derechos al libre tránsito, a la alimentación o a la salud. Que se investiguen y sancionen los delitos que se hayan cometido. La violencia no resuelve los problemas; generalmente los agrava.

Pero que una movilización tenga excesos o responsabilidades legales no elimina su dimensión política. Y este conflicto, sin duda, es político.

Vuelvo entonces a la pregunta inicial.

Para responderla, repasemos algunas de las principales promesas y señales políticas construidas por Rodrigo Paz durante la campaña electoral:

  1. Eligió como candidato a vicepresidente a una figura con fuerte respaldo en sectores que hoy exigen su renuncia. Sin embargo, una vez en el poder, terminó anulándolo políticamente.
  2. Les habló a esos sectores en nombre de lo “nacional popular”. ¿Sabía realmente lo que implicaba ese discurso o simplemente utilizó un lenguaje diseñado para atraer el voto popular? En esencia, lo nacional popular defiende el patrimonio de la nación frente a intereses económicos externos y suele estar asociado a tradiciones políticas de izquierda.
  3. Prometió aplicar desde el primer día de gobierno el modelo del 50/50. Sin embargo, hasta ahora no existe claridad sobre cómo ejecutar esa propuesta.
  4. Prometió austeridad. Pero el economista Gonzalo Colque observó que el gasto asignado a sueldos y salarios en la administración ministerial pasó de Bs 709 millones a Bs 995 millones.
  5. Prometió el “salario universal de la mujer”. Hasta hoy no existen señales concretas de cumplimiento.
  6. Prometió no endeudar más a Bolivia. Sin embargo, el país continúa recurriendo al endeudamiento externo como mecanismo de financiamiento.
  7. Prometió resolver el problema del abastecimiento de combustibles desde el primer día de gobierno. A cambio, el país terminó enfrentando persistentes problemas de abastecimiento y cuestionamientos sobre la calidad de parte del combustible importado.

El problema de la demagogia no es solamente la mentira. Es algo más profundo: convertir la expectativa social en herramienta de poder.

El demagogo no gobierna sobre realidades, sino sobre emociones. Dice lo que la gente quiere escuchar, incluso cuando sabe que difícilmente podrá cumplirlo.

No toda promesa incumplida convierte automáticamente a un político en demagogo. Gobernar también implica enfrentar crisis, límites económicos y obstáculos imprevistos. Pero la demagogia aparece cuando un candidato promete aquello que sabe inviable, únicamente para conquistar votos.

En el éxtasis de los aplausos y la campaña, el candidato promete gobernar junto al pueblo que lo respalda. La fractura aparece cuando quienes lo llevaron al poder sienten que fueron desplazados e incluso traicionados política e ideológicamente.

¿Qué esperaba Rodrigo Paz a cambio del incumplimiento de sus promesas? ¿Aplausos? El ser humano es profundamente recíproco. Trabaja a cambio de un salario. Ayuda esperando lealtad. Vota esperando coherencia entre el discurso y las decisiones del poder.

Ahora, pregunto: ¿está bien que un candidato gane con promesas imposibles? ¿Tienen los electores derecho a exigir el cumplimiento de la palabra empeñada? ¿Es válido criticar la mentira cuando proviene del adversario y justificarla cuando viene del político de preferencia?

Demagogia es demagogia, venga de la izquierda, del centro o de la derecha.

Pero para entender el problema completo hay que mirar las dos caras de la moneda: el político que promete y la gente que decide creer. ¿Quién tiene mayor responsabilidad? ¿El que manipula expectativas o el que entrega su voto sin cuestionar la viabilidad de las promesas?

Por supuesto, la movilización de los bloqueadores es política. Exigir el cumplimiento de promesas es política. Pedir la renuncia del Presidente es política.

¿Cómo se resuelve el bloqueo que hoy paraliza al país? Con más política. Es decir, reconstruyendo los puentes que el propio poder rompió con los sectores que le dieron legitimidad electoral. Gobernar también implica escuchar, negociar, rectificar y compartir decisiones con quienes fueron convocados en campaña bajo la promesa de cogobierno.

Existen otras formas de enfrentar una crisis: la imposición, la represión o el desgaste mutuo. Pero cuando la política abandona el diálogo, el costo social suele ser mucho más alto.

La política cuestiona al demagogo. La política exige coherencia. La política desarma la lógica de que “el fin justifica los medios” cuando descubre que Rodrigo Paz ganó con un discurso de izquierda y, apenas llegó al poder, contrató como asesor personal a una figura identificada con la extrema derecha como Fernando Cerimedo.

La política pasa por la vida del poder mientras el gobernante hace otros planes con sectores distintos a los que le dieron legitimidad electoral.

Andrés Gómez Vela es periodista y abogado

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