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Los terratenientes como Branko Marinkovic y «Los Monasterios» triunfaron políticamente con el No, pero perdieron legalmente sus tierras con el triunfo de la opción, 5.000 hectáreas. Fin del latifundio.

Los masistas ganaron legalmente con el Sí, pero perdieron políticamente con el No. Fin de la soberbia azul.

Los terratenientes pueden buscar un pacto con el gobierno en todo lo que quieran respecto a la nueva la Constitución, menos en el tema tierras porque ocho de cada 10 bolivianos les dijimos que no pueden tener más de 5.000 hectáreas. Más contundentes no podíamos ser.

El triunfo del No en Pando significa una derrota catastrófica del MAS, es un memorándum de suspensión para el ministro de la Presidencia, Juan Ramón Quintana, y un gran respaldo moral para el ex prefecto Leopoldo Fernández, detenido en la cárcel de San Pedro y acusado de genocidio.

Los terratenientes no pueden negociar las 5.000 hectáreas, por tanto están condenados a perder la fuente de su poder: la tierra, sin ella, bajarán al nivel de todos nosotros, los mortales.

El triunfo del No en cuatro departamentos demuestra que los masistas no tienen capacidad para rebasar los andes y bajar a los llanos y al sur y enamorar a los electores bolivianos de esas regiones.

El alto porcentaje del No demuestra que los pocos soldados del MAS perdieron el debate de la nueva constitución frente a los adalides del No, quienes se reforzaron muy bien con dragoneantes indígenas.

El voto por el No descubre que sólo unos cuantos del MAS conocían el nuevo texto constitucional, porque sólo esos cuántos la defendían; ¿dónde estaba la mayoría masista de la Asamblea Constituyente?

El triunfo del Sí dio nacimiento a las autonomías, pero sin terratenientes ni grupos privilegiados, y marca el fin de las organizaciones cívicas porque nuestros representantes departamentales y locales serán nominados por voto popular y ya no por voto calificado.

El triunfo del Sí le da el poder legal a la nueva fuerza hegemónica para controlar diferentes espacios del Estado, desde el Poder Judicial hasta la Corte Electoral, y recorta más las ambiciones personales y grupales de los actores de la oposición.

El triunfo del No en determinadas zonas de las ciudades refleja las maltrechas relaciones sentimentales entre clase media y el masismo, que marginó a muchos clasemedieros de cargos burocráticos y del lucrativo negocio de las consultorías.

El triunfo del Sí señala la “derrota” de Dios por culpa de aquellos autonombrados delegados del Todopoderoso, quienes hicieron misas de campaña por el No.

El No demostró que Dios está del lado de los indígenas, pobres y excluidos, y que Dios no puede ser derrotado porque sino no sería Dios, menos mal que es Dios.

El triunfo del sí sepulta definitivamente el discurso de los 500 años de exclusión, ahora los indígenas ya participaron en la redacción de la Constitución y sólo les queda hacerla cumplir sin alejarse de la democracia.

El triunfo del sí señala el nacimiento de una nueva república, unida, y sin el argumento de las dos “Bolivias”. Ya no existe más la Bolivia de los blancos, de los indios, de los mestizos, de los kjaras, de los tjaras porque los excluidos de siempre ya protagonizan la historia del país y no pueden quejarse más; desde ayer hay una sola Bolivia, aquella por la que hicimos un pacto entre el No y el sí para refundarla consensuando las leyes de aplicación de la nueva Constitución.

No nos vengan a decir que estamos divididos porque nuestro voto por el NO no significa un Sí a los privilegios de la casta que agoniza, es un NO a los masistas que creían que ya vivían en el Olimpo.

No nos vengan a decir que estamos divididos porque cuatro departamentos dijeron No y cuatro Sí, dijimos Sí porque creemos que es conveniente que haya una nueva Constitución y dijimos No porque creemos que no podemos depositar el poder absoluto en un solo grupo.

No vengan a decirnos que no se aplicará la Constitución en el departamento donde ganó el No, bajo esa lógica se aplicará en la provincia donde ganó el Sí, pero no en el cantón donde ganó el No, y sí en el barrio donde ganó el Sí, a este paso no entrará a mi casa, donde ganó el No; y de este modo, el próximo presidente será gobernante sólo de aquellos lugares donde triunfó.

No hagan el ridículo de decir que la Constitución será desacatada en los lugares donde ganó el No y luego exigir que el Presidente gobierne para “todos los bolivianos”, sean más consecuentes, pues, si no han votado por él deberían utilizar la misma lógica y dejar que gobierno sólo para los que lo apoyaron: los pobres e indígenas.

Estamos cautivos en poder del MAS por culpa de la oposición, que no presenta opciones y está lleno de políticos con pasado banzerista, mirista, gonista, ucesista, apátrida, fascista y plutócrata.
El Sí marca la refundación de Bolivia, el fin del estado centralista y las nuevas energías que vienen desde el Oriente.

El No revela la viva presencia del mestizaje político, social, racial, cultural, ignorada por el masismo aferrado al discurso de los 500 años.

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