Los documentos revelan que la empresa estatal informó al Ministerio de Hidrocarburos que un importante volumen de gasolina Base C necesitaba un tratamiento especial antes de ser comercializado. La historia comienza mucho antes de que los motores empezaran a fallar.
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Andrés Gómez Vela
Cuando el motor comenzó a fallar, miles de conductores pensaron que se trataba de una simple avería. Cambiaron filtros, limpiaron inyectores, reemplazaron bombas de combustible y gastaron miles de bolivianos sin imaginar que el problema podía haber comenzado mucho antes de que cargaran gasolina en un surtidor.
Los documentos oficiales permiten reconstruir esa historia.
He aquí el primer dato sorprendente: El Estado sabía que existía un volumen de gasolina que necesitaba ser tratado antes de venderse.
No fue una denuncia posterior, tampoco un informe elaborado después del escándalo. Fue la propia empresa Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) la que informó oficialmente al Ministerio de Hidrocarburos que existía gasolina Base C almacenada en tanques precintados de La Paz y Santa Cruz que requería un tratamiento técnico antes de ser comercializada.
La urgencia era evitar el desabastecimiento
Los informes muestran que el país atravesaba una situación delicada. YPFB advertía que una parte importante de la gasolina disponible permanecía inmovilizada porque los tanques estaban precintados.
Si ese combustible no ingresaba rápidamente al sistema de distribución, existía el riesgo de desabastecimiento en los mercados del occidente y del oriente del país.
La empresa describe una cadena logística con inventarios ajustados y sostiene que mantener inmovilizado ese volumen podía afectar el abastecimiento de estaciones de servicio y, con ello, el transporte, la industria y la ciudadanía.
Era una decisión difícil. Por un lado, el país necesitaba combustible. Por otro, ese combustible requería un tratamiento antes de salir al mercado.
¿Qué problema tenía esa gasolina?
Según el informe técnico enviado por YPFB al Ministerio, la gasolina Base C había permanecido almacenada durante un tiempo prolongado en condiciones que favorecieron procesos naturales de oxidación y la formación de sedimentos. Esa situación podía afectar su estabilidad y algunos parámetros de calidad, por lo que la empresa propuso incorporar aditivos específicos para recuperar sus condiciones antes de comercializarla.
La comparación puede entenderse con un ejemplo cotidiano. Es como una pintura que permanece demasiado tiempo guardada. Antes de utilizarla no basta con abrir la lata: hay que mezclarla y acondicionarla para que recupere sus propiedades. YPFB sostuvo que algo similar debía hacerse con esa gasolina.
La historia apenas comienza
Hasta aquí, los documentos muestran algo concreto. YPFB detectó el problema, explicó por qué ocurrió y propuso una solución técnica. Lo que todavía no responden estos primeros documentos es quién convirtió esa propuesta en una decisión oficial del Estado.
Ahí aparece el siguiente capítulo de esta historia.
Mañana: el documento que escribió YPFB y terminó firmando el ministro
Los expedientes revelan que YPFB no solo presentó los informes técnicos y legales. También elaboró el proyecto de resolución ministerial que luego fue firmado por el entonces ministro de Hidrocarburos, Mauricio Medinacelli.
¿Quién redactó realmente la norma que hoy está en el centro de la investigación?
Continuará…

