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Belleza y poder

Se suele decir que belleza y saber son como el agua y el aceite, no se unen, nunca o casi nunca son parte de un mismo cuerpo. Lo propio sucede con poder y saber; en contadas excepciones pertenecen a una misma persona, como a Alejandro El Magno (aunque para algunos historiadores no pasó de ser un borracho y aventurero) o Alfonso El Sabio (emperador romano).
La historia enseña que belleza y saber son los elementos imprescindibles para abrir mundo, para triunfar. Una mujer bella tiene el 90 por ciento del camino del éxito recorrido; una mujer que acumula el saber como una virtud, también. Si una mujer reúne belleza y saber llega a tocar el cielo con las manos.
La belleza es el resultado de las formas de un cuerpo, que según la concepción occidental se traduce en un color de piel, ojos, nariz, boca, pómulos armoniosamente dispuestos en un rostro con determinadas características e imprescindiblemente complementados con curvas cinceladas en las caderas, glúteos, nalgas, piernas y senos turgentes. Nada sobra, nada falta, todo está en su lugar como debe estar. Por eso, durante siglos, las indias y las negras eran feas o siguen siendo feas porque no encuadran en los cánones establecidos.
El saber es producto de la inteligencia comprendida como la capacidad para resolver problemas, crear y recrear conocimientos y acumular sabiduría. La industria del saber es la mayor fuente de riqueza de los pueblos; por ello el mundo está en manos de los creadores de la lógica, las matemáticas, la informática, la ingeniería, en definitiva, la ciencia. Ellos gobiernan el mundo y no los políticos como pretenden creer los propios políticos.
La concepción de la belleza fue parte de un discurso fascista durante mucho tiempo, prueba de esta aseveración es que nos presentaron a un Cristo de tez blanca, ojos azules, cabellos color oro, cuando en realidad era un morisco de piel oscura, cabello hirsuto, algo encrespado y ojos negros. Fue tal la colonización, que gran parte de los bolivianos y las bolivianas de hoy todavía se jactan de tener un hijo “blancón”, alto, o tener una hija de ojos claros y piel clara; los otros y las otras de piel oscura no están en el mercado apologético. “Yo soy morenito, pero mi mujer es blancona y mis hijos, también”, todavía se suele escuchar a los colonizados, quienes apenas tienen la oportunidad se van del barrio de origen a una zona residencial.
El machismo cavernario cree que una mujer hermosa no puede ser inteligente porque para triunfar en la vida no necesita de esta última virtud, le basta y sobra sus redondeces y voluptuosidades. Piensa que sus atributos físicos han atrofiado su inteligencia, es casi una boba, por tanto no puede dejar “el mercado de los culos” y saltar a la política y menos ser candidata. Falacia vergonzosa para descalificar a Jessica Jordan, la candidata del MAS a gobernadora en el Beni.
Veamos el sentido inverso, o mejor dicho: la otra realidad. Si saber y poder no se juntan, ¿cuántos genios, inteligentes o al menos con un coeficiente normal gobernaron o gobiernan el país? Una gran mayoría de gobernantes hombres, machos, además de feos (sigo con la concepción occidental) rayaban y rayan en la estulticia, pero han expuesto osadía y atrevimiento, suficientes para tomar el poder. Sin osadía jamás hubieran sido presidentes George Bush, Idi Amín Dada, Mariano Melgarejo o Hugo Banzer (le invito a revisar la lista de gobernantes y políticos sólo del país y vea cuántos sabios va a encontrar).
Si poder y saber se hubieran juntado con frecuencia, Sócrates, Aristóteles, Platón, Rousseau, Mill, Locke, Einstein, Gabriel García Márquez, José Sarámago, hubieran conducido el destino de sus países. Pero, la historia demuestra que poder y saber no siempre se encuentran en un político macho, entonces ¿con qué moral descalifican a una persona que, según su intuición, no reúne belleza y saber? ¿Alguna vez dictarán una disposición para medir el coeficiente intelectual de los candidatos o mínimamente para aplicarles un test de inteligencia? Mientras no hagan eso, mejor que busquen otros argumentos más sabios y demuestren que son la excepción de la historia.
Jessica es Jessica y punto; me quedo por ahora con su osadía, el tiempo y la historia pondrán a prueba su inteligencia y su compromiso con la justicia.

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