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Lo grave no es el título del Vice, sino todo lo demás 

Paola Cortés
Hace poco el sociólogo español Emmanuel Rodríguez L. ha publicado una columna sobre el escándalo del máster de la Presidenta de la Comuna Madrileña Cristina Cifuentes, y pensé que había que decir algo sobre lo que rodea al caso del grado de Licenciado del Vicepresidente Álvaro García Linera.
En estos días se ha removido el caso de la “no licenciatura” del Vice a raíz de la respuesta enviada por la Universidad Mexicana UNAM donde certifica que Don Álvaro cursó sólo 20 materias y aprobó 16. Desde que se destapó el asunto, el protagonista ha dado al menos ocho versiones diferentes sobre su paso por la UNAM. Cualquier juez diría que miente. Quizás, y en su defensa, se podría argumentar que el motivo de su reiterada incoherencia es una frágil memoria, su intenso trabajo político e incluso cierto bloqueo mental ocasionado por algún horrible trauma en la Universidad, juzgue usted.
Álvaro García Linera dice ser honesto, que no le gusta mentir; para qué mentir, no hay que mentir, ama llula, repitió decenas de veces con cierta potestad en apariciones públicas durante casi 12 años de gobierno. Pero el caso de su “no título” parece dejarle en entredicho nuevamente. Veamos, el Vicepresidente dice ser honesto pero firmó su cédula de identidad como licenciado en matemáticas cuando no pasó de segundo año de Universidad. El Vicepresidente afirma que no le gusta mentir pero ha dicho en un evento de la Alcaldía paceña que se convirtió en licenciado en matemáticas y que es profesional en matemáticas. Entonces, la falsedad no sólo es una posibilidad, no cabe duda razonable, sino que es un hecho absolutamente probado.
Sin embargo el inexistente título de licenciatura en matemáticas del Vice es lo de menos. Lo grave es todo lo que acarrea esa mentira, lo que representa esa farsa y el hecho de que las bolivianas y bolivianos tengamos como Vicepresidente a una persona altamente propensa a faltar a la verdad.
“Una clase política corrupta es solo el espejo político de una sociedad corrupta». Es una cita sin autor, una cita de evidente moralismo, pero que debe ser tomada en cuenta y reflexionada profundamente. Un argumento del partido político del Vice respecto a su embustero proceder es “el título no importa”, estoy absolutamente de acuerdo. Grandes intelectuales como Marcelo Quiroga Santa Cruz no tenían título universitario. La enorme diferencia entre García Linera y Quiroga Santa Cruz, es que éste último jamás mintió sobre su grado de instrucción, nunca inventó una estrategia envolvente para zafarse de una mentirilla sobre ser licenciado, ni ordenó a sus subalternos que coloquen un título de posgrado en la página web oficial de la Vicepresidencia sin siquiera haber terminado el pregrado.
Y si el título, o el no título no importa ¿qué es lo realmente grave? En torno al caso de García Linera giran otras sombras. La corrupción no es el resultado de la excepción del poderoso, que se sitúa por encima de la ley, sino del abuso de poder consustancial al poder. El político que miente pero se refugia en la soberbia por el temor a ser puesto en evidencia, el jerarca que es incapaz de asumir su realidad personal pero juega con vileza el juego político para crear una coraza. El poderoso que se alimenta de la impunidad diaria de su falsedad y manipula constantemente a sus votantes para no perder la poca credibilidad que le queda. Pero dice ser honesto y asegura que no miente.
Se trata de libertinaje político, del gobierno del cinismo y de la frivolidad en complicidad con los medios de comunicación. Es el bajísimo nivel de debate al que nos ha lleva la falta de integridad de los políticos codiciosos, es la dolorosa apatía por el bienestar común. Por eso, lo grave no es título ficticio del Vice, sino que sea parte de esta gran impostura generalizada.

*Paola Cortés es abogada.

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