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Las alas del cóndor
Opinión

Las alas del cóndor 

Por: Adalid Contreras Baspineiro

Es cierto lo que don David Choquehuanca afirmó en su discurso de posesión como vicepresidente del Estado Plurinacional de Bolivia, que para poder volar el cóndor necesita que su ala izquierda y su ala derecha estén en perfecto equilibrio. Con el mismo sentido, afirmamos que para vivir en convivencia, las sociedades necesitan comunicarse con espacios para informarse y espacios para expresarse. La comunicación, como el cóndor, necesita que estas dos alas estén en equilibrio para construir sentidos de sociedad, de cultura, de política y de espiritualidad dignificadoras de la vida.

No es el dominio de una fuerza sobre las otras la que construye la democracia, así como no es la imposición de una voz única la que armoniza la polifonía de las sociedades diversas. Las distintas fuerzas y las dos alas se necesitan y se fortalecen mutuamente, entrecruzándose en un punto de encuentro (taypi), que es el campo del diálogo construyendo sentidos desde la diferencia, y poniendo las propuestas en común sin negar ni asimilar al otro, sino practicando alteridades, debatiendo, concertando, con ajayo pluralista.

Este equilibrio no es sencillo, porque no es un problema de declaraciones, sino de hechos reivindicativos, de signos de transformación, que en política suponen batallas por el poder y la hegemonía, y en comunicación batallas simbólicas por la (re)conquista de la palabra. En nuestras sociedades, tal como están diseñadas ahora, hace falta la inclusión de los elementos que componen el ala de la vida con equidad y con justicia. Sin esta ala, seguirá predominando el desequilibrio provocado por políticas que priorizan el capital sobre la vida; de acciones que justifican la depredación de la naturaleza negando la preservación de la biodiversidad; de prácticas patriarcales que frenan la equidad; de racismos discriminadores; o de formas de comunicación que banalizan la vida naturalizando las diferencias excluyentes.

Se necesitan señales que muestren que las dos alas se están batiendo juntas, surcando los aires ahora, en el corto plazo, con alternativas a la crisis multidimensional, al mismo tiempo que con estas medidas se acumulan las energías para direccionar el vuelo hacia la sociedad puesta en el horizonte. No hay otra manera de remontar la recesión y la regresión histórica.

Urge contar con políticas para la reactivación, o mejor dicho reconstrucción de la economía, con opción irrenunciable por los más vulnerables en camino a la transformación de la matriz productiva, abiertos al mundo. Se necesitan medidas de activación compartida de las empresas estatales, de la empresa privada grande y pequeña, así como de la economía comunitaria, fortaleciendo la descentralización y autonomías regionales con un pacto fiscal en serio. Los poderes nacional, regional y local, tienen que gestionarse con parámetros de transparencia pública.

Precisamos propuestas de unidad nacional, sin colores políticos, para afrontar con responsabilidad individual y colectiva el rebrote de la pandemia. La contención de Covid-19 es un emprendimiento de corresponsabilidades. Es imprescindible derogar el decreto que pretende el uso de paquetes transgénicos en la producción alimentaria. Los dos tercios en la Asamblea Legislativa enriquecen la democracia. El combate sin cuartel a la violencia contra la mujer y los niños es tarea de todxs. La reforma de la justicia y la independencia de poderes le dan consistencia al vuelo en equilibrio. La sanción ejemplificadora de la corrupción es señal de dignificación integral. La educación de calidad con una oferta multimodal, presencial, semipresencial, a distancia y virtual, es un compromiso con el futuro.

En el campo de la comunicación, es el tiempo para la definición y vigencia de una política nacional de comunicación ordenadora de estrategias y planes que apuntalen la democratización de la palabra. No más acciones sueltas dejadas al azar de las coyunturas y la pretendida magia de los spots, cuñas, hashtags, vallas, artes de prensa e imágenes egocéntricas acompañadas de mensajes redentores. Se tiene que superar el estereotipo de Estados en estado de publicidad proselitista permanente. El difusionismo que escribe y difunde la palabra única desde un emisor hacia receptores pasivos, es una concepción largamente superada por la comunicación horizontal y participativa.

Estamos viviendo los tiempos del diálogo, de los rompimientos de los silencios, de la irrupción de la palabra de los pueblos postergados, del diseño de sociedades con los aportes ciudadanos. Estos son tiempos de la participación ciudadana en el control de las políticas públicas con acceso a la información. Son tiempos de expresión de la palabra y del debate ciudadano encaminando los vuelos hacia democracias participativas. Son tiempos en los que la concepción de la ciudadanía como masa, audiencia o cliente, ha sido comunicacionalmente superada por el reconocimiento de sujetos sociohistóricos, de ciudadanos y ciudadanas, de seres latientes como dice Sandra Massoni, de seres sentipensantes como decimos nosotros, reconociendo la vitalidad de corazonarse y de concienciarse críticamente.

Sin estos elementos del ala que tiene que ser constituida, el cóndor no sólo que no podrá surcar los aires, sino que ni siquiera podrá levantar vuelo y se resignará a caminar dando vueltas sobre su mismo eje, ansiando volar en libertad renovadora, dignificadora. Las alas izquierda y derecha tienen que estar en equilibrio, y las alas de la información y de la expresión ciudadana tienen que alzar su vuelo dialogal en pos de la convivencia comunitaria. El desafío está planteado.

Adalid Contreras es Sociólogo y comunicólogo boliviano, experto en estrategias de comunicación

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