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Huelga de hambre para derrotar al prorroguismo ¿Sí o no? 

La coyuntura presente nos obliga a recurrir a la memoria colectiva e individual como guía de una acción informada en procura de recuperar la democracia. Pero no es un recurso exento de riesgos, como el de extraviarse identificando los problemas y luego sacando las conclusiones equivocadas aun con las mejores intenciones. 
La huelga de hambre que actualmente realizan algunos luchadores sociales y ciudadanos comprometidos con la democracia desde hace más de 2 semanas en algunas capitales, me hizo recuerdo de otra huelga en que también yo llegué a ayunar durante 18 días; fue en la conocida huelga de hambre iniciada por mujeres mineras a fines de 1977. Aún muy joven, mi motivación para participar en la extrema medida era una mezcla de incipiente conciencia política sobre el carácter oprobioso del régimen dictatorial de entonces y de indignación personal ante una mezquina amnistía (dictada por Banzer en vísperas de Navidad) que seguía restringiendo las libertades políticas y los derechos civiles de muchos compatriotas, entre ellos algún amigo/a personal. Aunque el azar también tuvo que ver (como reemplazar a otro amigo en las reuniones de la APDHB), lo cierto es que teníamos la suficiente predisposición y compromiso con los valores democráticos que se defendían en ese momento histórico como para no dudar en plegarnos a la medida de apoyo a las mujeres mineras en el momento oportuno… (que como se sabe era muy inoportuno, entre navidad y año nuevo, etc.) 
De cualquier modo, los primeros días el panorama era tan incierto como el que experimentan actualmente los huelguistas de los piquetes que aún se mantienen a la espera de un pronunciamiento más contundente de los actores políticos en pro de una movilización general que de curso al creciente descontento e indignación ciudadana. En nuestro caso, los alimentos a los que renunciamos cotidianamente fueron reemplazados por las noticias sobre nuevos piquetes que se empezaron a instalar desde los primeros días de enero y culminaron con el respaldo de más de mil huelguistas de hambre incluso en el exterior (México, Alemania, etc.). En un tiempo en que los medios de comunicación eran más bien singulares y modestos (por supuesto sin internet ni redes virtuales), nuestra principal dieta cotidiana era sintonizar la radio Cruz del Sur para escuchar el programa Facetas que era de los pocos informativos que transmitían una cobertura integral de la huelga de hambre. Haciendo una analogía con la actualidad, Facetas para nosotros era algo parecido al Cabildeo nuestro de cada día, los programas de Amalia Pando que dan cobertura a las acciones en defensa de la democracia. Pero imagino que la diferencia es que, en las casi 3 semanas que ya dura el presente ayuno voluntario, los huelguistas no han tenido la dosis de buenas noticias sobre apoyos no sólo morales que nosotros captábamos por la radio cada día hasta el 17 de enero en que finalmente se logró el acuerdo con el régimen que permitió levantar nuestra huelga. 
Lo que interesa recordar aquí es que, aunque los más jóvenes no discutíamos mayormente sobre los alcances de la medida, el eventual triunfo de la huelga sí permitió que las elecciones ya anunciadas para mediados de 1978 estuvieran abiertas a la participación de actores políticos y sociales que de otro modo no hubieran podido volver al país o salir de la clandestinidad. Cuando hoy escucho los argumentos de los huelguistas respecto a que no podemos ir a las elecciones en las actuales condiciones de fraude anunciado, se me viene a la mente por un lado precisamente el escandaloso fraude electoral de Pereda, y por el otro el hecho de que nuestra huelga permitió la apertura democrática y posibilitó un mínimo de condiciones para unas elecciones libres y abiertas a todos. ¿Qué hubiera pasado si la medida asumida en ese momento de gran incertidumbre no hubiera logrado la adhesión de miles y el apoyo del pueblo hasta terminar acorralando a la dictadura que tuvo que ceder a la principal demanda de los huelguistas de una amnistía general e irrestricta? 
Sin pretender aquí una historia contrafactual, la comparación nos sirve para verificar que el cambio de régimen en la época actual generalmente gira en torno a lo electoral. Así fue entre 1978-80 con elecciones cada año después de una década de dictaduras; lo mismo ocurrió en 1985 cuando Hernán Siles Suazo decidió acortar su mandato convocando a elecciones adelantadas que permitieran traspasar el poder a otras opciones electorales con un programa de gobierno con chances de parar la inflación y resolver la crisis económica; y por último en 2005 cuando la “presidencia sitiada” de Carlos Mesa no tuvo otra opción que renunciar y permitir la convocatoria a nuevas elecciones que terminó ganando Evo Morales. En la coyuntural actual, no podemos perder de vista que el triunfo del NO en el referendo del 21F sigue siendo, desde el punto de vista político, un hito clave para las posibilidades de recambio del poder a través de las elecciones generales este año. Gracias a ese hito, es posible pensar que se puede derrotar al prorroguismo incluso en las actuales condiciones de fraude anunciado para las próximas elecciones, las que se han vuelto cruciales para que la población opte por rendirse ante la dictadura o decida recuperar la democracia eligiendo otra alternativa política. 
Por supuesto que nada está escrito en las estrellas y todo puede ocurrir dentro de lo posible. Pero lo que no es probable actualmente es una reedición de lo ocurrido en octubre de 2003, cuando el cambio de régimen tuvo su epicentro no en unas elecciones ordinarias sino en una sublevación social de características descomunales que terminó derrumbando el antiguo régimen de partidos. Como es conocido, el actual candidato opositor con mayores posibilidades de enfrentar electoralmente hoy al oficialismo estuvo colocado entonces en el lugar y momento críticos para evitar que dicha eclosión social derive en el caos y la violencia descontrolada. Al apartarse del gobierno aún sin renunciar, en repudio al asesinato indiscriminado en las calles por la represión de los militares, Mesa generó las condiciones democráticas de preservación del orden constitucional que le permitieron conformar un gobierno transitorio, hasta el momento en que la sociedad boliviana prefirió elegir una alternativa de poder por fuera del sistema de partidos tradicionales. Otra cosa es que esa opción haya probado ser un mayúsculo fraude histórico. 
Pero es ilusorio esperar de Mesa que, después de haber reflexionado largamente sobre su papel en esta otra coyuntura histórica y anunciar su candidatura para las elecciones en octubre, se vuelva ahora un luchador social que esté obligado a comprometerse con las decisiones de aquellas plataformas ciudadanas que han priorizado la huelga de hambre y el paro general indefinido como los únicos medios eficaces para derrotar a la dictadura y recuperar la democracia. En cambio, hay que urgirle más bien dar los pasos estratégicos necesarios para que su candidatura se convierta en una verdadera alternativa de poder. 
*El autor escribió la presente nota por un imperativo de honestidad intelectual; al margen de sus propias conclusiones, se solidariza con la lucha de los ayunadores voluntarios en defensa de la democracia y urge a todos los interpelados, sea del gobierno o la oposición, acudir al llamado de los huelguistas y atender sus demandas.

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