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Docentes universitarios

Las universidades públicas debieran ser centros de investigación, innovación tecnológica y producción de conocimientos para insertar al país en la economía del conocimiento. Pero en su mayoría (hay excepciones) son claustros de producción ideológica y reproducción de políticas de vida de docentes (también hay excepciones) traducidas en pegas vitalicias sin ningún mérito más que su título. En los últimos años, mejoró la fachada de las casas de estudio, pero ¿cuánto habrá mejorado la calidad de los docentes? Ensayemos una tipología.
Sermoneador.- No comparte conocimientos, menos innova, repite el contenido de algunas viejas fotocopias de sus viejos tiempos de estudiante, no terminó de leer un solo libro ni lo ha visto críticamente y menos ha escrito un folleto, pero se pasa el 80% del tiempo en el aula sermoneando a los estudiantes para que hagan lo que él o ella no hizo ni hace.
Apocalíptico.- Es como el cura Gatica, predica y predica, pero no practica. Generaliza y asegura que todos los estudiantes son cada vez peor. Se echa en cama después de haber logrado una miserable fama en base a concesiones morales antes que méritos profesionales. Es la antítesis del dios Midas, todo (empresas, instituciones) lo que toca, declina. La flojera es su regla, se ausenta al cosmos y es reemplazado por unas fotocopias o libros. Su “sabiduría” dice que no hay solución, cuando el remedio está claro: que se vaya de la “U”.
Ideologizador.- Cree que su misión es formar “revolucionarios”, quiere que los estudiantes piensen como él o ella, repite ideas desde el lado lógico del cerebro, cuando el mundo globalizado y de internet pide auxilio al lado artístico y creativo. Confunde la “U” con un monasterio de adoctrinamiento, habla en nombre de la libertad, pero no respeta la libertad de pensamiento de los alumnos, quienes son hijos de este tiempo y no del siglo pasado “cuando todo era mejor” (¿escuchó alguna vez esta frase?).
Titulocrático.- Le gusta que le llamen por todas las letras de su título: doctor, magíster, licenciado. Su nombre de pila no significa nada sin su cartón “que tanto le ha costado” (económicamente) para que ahora gobiernen “indígenas sin ningún título universitario” (¿los reconoce?). Tienen una colección de títulos, casi ninguna innovación y mira con desprecio a sus alumnos.
Innovador.- Genera nuevos conocimientos con los estudiantes, a quienes escucha y desafía a la competencia. Forma líderes (que prontito gobernarán la sociedad desde diferentes instancias), transformadores, creadores del futuro capaces de insertar al país en la sociedad del conocimiento. Quiere alumnos libres, sin complejos y comparte sus conocimientos desde su práctica profesional y la investigación.
Camarillero.- Su único mérito es ser parte de una “logia”. Partidario del favor con favor se paga. Nunca midió sus conocimientos en el mercado, no salió de la “U”, pero habla del mundo como si lo conociera.
Aprovechador.- No asiste a clases, falta cuando quiere y cobra. Obliga a sus estudiantes a comprar sus “libritos” para que mejoren sus notas y cree que la “U” está a su servicio.
El siglo XXI requiere de una “U” creadora e investigadora. Para ello debe sacudirse de docentes mediocres como los perros de las pulgas. Y los nuevos deben ser preseleccionados tomando muy en cuenta su producción intelectual en su interacción con la sociedad y evaluados cada cinco años, no por el cogobierno docente –estudiantil, sino por un tribunal de docentes de las mejores universidades de otros países. A los gallos se los conoce en cancha y a los docentes, en el ejercicio de su profesión. ¿Y la autonomía? Ella no se opone, quien se opone es aquel que va a clases como el señor a misa, sin crear nada nuevo.

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